Ángel, en las imágenes difundidas por «El Programa de Ana Rosa», el día antes de asistir al suicidio de María José, que en la grabación da su consentimiento - TELECINCO | Vídeo: Carcedo lamenta la situación del detenido por la muerte de su mujer en fase terminal (ATLAS)

«Quiero notar la ausencia de tu sufrimiento»: Ángel suministró pentobarbital sódico a su mujer enferma

María José Carrasco, de 61 años, padecía esclerosis múltiple desde 1989. Ambos eran socios de Derecho a Morir Dignamente, que los asesoró para tomar la medicación letal y poner fin a su vida

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«Quiero notar la ausencia definitiva de tu sufrimiento». Cuando Ángel Hernández Pardo, de 69 años y antiguo técnico de comunicaciones audiovisuales en el Parlamento madrileño, pronuncia esas palabras está cogiendo de la mano a su mujer, María José Carrasco, de 62 años y exsecretaria judicial, cuya muerte ha asistido. Las imágenes se han difundido en «El Programa de Ana Rosa». Quizás por su deformación profesional, Hernández quería testigos. Invitó ayer miérocles 3 de abril a un reportero de «Cuatro al Día», Agustín Pérez, al que había conocido cinco meses atrás cuando grababan los últimos compases de vida de su mujer, enferma desde hacía tres décadas de esclerosis múltiple, para filmar el que será el último vídeo de su esposa: el de su adiós definitivo. La decisión final pendía de la voluntad de ella, era el único límite.

En la grabación, se puede ver cómo Ángel trata de descargarse con una prueba filmada de presunta responsabilidad penal al preguntar a su mujer si quiere morir, y si quiere que él le dé su última ayuda. «¿Sigues con la idea de suicidarte? ¿Quieres que se lleve a cabo yo? Sabes que tengo que ayudarte yo...». Ella, en fase terminal de la enfermedad, afirma. «Es 2 de abril de 2019 y mañana lo prepararé todo», se escucha a este hombre, desesperado porque la enfermedad longeva de su mujer ha arrasado con parte de su visión, con su movilidad y casi por completo con su capacidad de habla.

Al día siguiente y frente a las cámaras, Ángel da a probar un poco de agua a María José, porque «se atragantaba, ya no traga bien». Al comprobar que todo va según un plan trazado y asesorado por Derecho a Morir Dignamente, según confirman a ABC desde esta asociación, Ángel acerca un vaso con una pajita de plástico para que María José sorba un poco de «producto fiable» para morir, según se recoge en la guía que la asociación ha propiciado a los que «desde hace muchísimos años» son sus dos socios. El producto, afirman, es pentobarbital sódico, y lo comparan con el que Marilyn Monroe tomó para poner fin a su vida. «Es un producto muy usado en España para el sacrificio de mascotas por ejemplo», comentan fuentes de la asociación, de tal manera que se consigue también de forma asequible y sencilla, sin grandes trabas.

El caso en España, recuerdan también desde DMD, es el mismo que el de Ramón Sampedro, asistido por un ser querido (en su caso, su amiga Ramona Maneiro, que fue absuelta por prescripción del delito cuando se tuvo constancia del delito de cooperación necesaria al suicidio asistido) a través del suministro de una medicación letal.

Además de Ángel, que fue detenido pocas horas después de que el SUMMA acudiese al piso conyugal adaptado a las necesidades derivadas de la dolencia degenerativa de María José y ubicado en el distrito de Moncloa Aravaca, al reportero Agustín Pérez la brigada de homicidios también le interrogó por su presencia en el momento del suicidio. El Código Penal de 1995 reformó el articulado sobre el delito de suicidio asistido y consideró, en su artículo 143.4, que la cooperacion para morir a una persona que tiene padecimientos insoportables debe de ser un atenuante. «Está pensado para que un esposo como Ángel sea penado con 1-2 años de cárcel y no vaya a prisión», dicen desde DMD.

Ángel evitó hace 23 años que ella misma acabara con su vida, según informó a la agencia Europa Press el vicepresidente de la asociación DMD, Fernando Marín. En declaraciones a Efe, por su parte, el presidente de DMD, Javier Velasco, ha rechazado la imputación penal a un hombre que actuó movido «por un acto de amor».

Ángel envió una misiva el pasado 10 de marzo para explicar por qué tomaron la decisión de poner fin a la vida de su mujer y la incapacidad de ella para ejecutar el suicidio (que ya había intentado veinte años atrás). Confiaban en la ley de la eutanasia desarrollada por PSOE y que en el Congreso de los Diputados encontró el respaldo de Podemos, pero finalmente varada por las enmiendas presentadas por el resto de partidos y que por trámites parlamentarios y el adelanto electoral no se ha traducido en una legislación. «Visto lo visto -dice Ángel en el vídeo... hemos decidido dar el paso a cara descubierta». María José reclamaba que la dejasen morir cuanto antes. Por eso, hace unos meses que, en plena tramitación de la ley, había solicitado a varios periodistas (de «El País» y el propio informador de Cuatro) que indujesen al debate con su casa. Les invitó a su domicilio donde comprobaron que se movía con ayuda de una grúa, y que no podía casi ni respirar. Solo musitaba con mucha dificultad tras haber sufrido varios brotes. Precisaba para vestirse, asearse y comer a su marido o a una tercera persona.

Con una discapacidad del 82%, padecía esclerosis múltiple desde el año 1989. «Esta historia quedará concluida cuando María José en su derecho a poner fin a su malvivir y en uso de su libertad decida seguir adelante con su suicidio. Es evidente que el deseo de María José a fin de que se cumpla necesita que se la ayude, por su incapacidad a realizarlo ella misma, y como es una constante en ella demandar ese auxilio no habrá más remedio que proporcionarle esa ayuda para que su deseo se cumpla», afirmó el marido en su carta. También evidencia que su mujer recibía cuidados paliativos y una asistencia de muy buena calidad, pero el matrimonio insiste en que tiene que darse a la persona la oportunidad de elegir. «Los cuidados paliativos no son una alternativa a la eutanasia, los dos deben coexistir, y por libre elección decidir por uno de ellos», escribe Ángel.

«La asociación siempre ha pensado que es una anomalía entre lo que opina la gente y la realidad de las leyes, porque más del 80% de los españoles han manifestado que están a favor de la eutanasia», dicen a este diario desde Derecho a Morir Dignamente, por lo que los diputados deberían urgir su despenalización.