El Papa Francisco, durante su reunión para felicitar la Navidad a la curia romana en la Sala Clementina del Vaticano
El Papa Francisco, durante su reunión para felicitar la Navidad a la curia romana en la Sala Clementina del Vaticano - Efe

El Papa denuncia las «resistencias malévolas» a la simplificación de la Curia Vaticana

Advierte de que «la Iglesia no debe temer las arrugas sino las manchas»

Corresponsal en El VaticanoActualizado:

En tono sereno pero con un lenguaje muy claro, el Papa Francisco ha denunciado el jueves ante los cardenales y altos responsables de la Curia vaticana las «resistencias malévolas» a una reforma que, además de simplificar el organigrama, desea sobre todo estimular el espíritu de servicio y humildad.

Por tercer año consecutivo, el Santo Padre ha aprovechado su discurso de felicitación de Navidad a la Curia para presentar un nuevo análisis en profundidad que sigue al de las «enfermedades de la Curia» —incluido el «Alzheimer espiritual»— en 2014 y al de las «virtudes necesarias» en 2015.

Francisco ha dicho que en todo proceso de reforma «resulta normal y saludable encontrar dificultades», pero ha hecho una distinción clara entre «resistencias abiertas, que nacen de la voluntad de diálogo sincero», «resistencias ocultas que se alimentan del ‘gattopardismo’ espiritual para que todo siga igual», y «resistencias malévolas, acusatorias, que se refugian en las tradiciones, las apariencias y las formalidades».

Para que no quedase ninguna duda, el Papa ha subrayado que «las resistencias buenas, e incluso las menos buenas, son necesarias y merecen ser escuchadas, acogidas y animadas a manifestarse porque son señal de un cuerpo vivo».

Francisco ha comentado brevemente los doce principios que guían la reforma de la Curia vaticana: conversión personal, conversión pastoral, misioneridad, racionalidad, funcionalidad, modernidad, sobriedad, subsidiaridad, sinodalidad, catolicidad, profesionalidad y gradualidad.

En el capítulo de sobriedad ha subrayado la necesidad de simplificar la Curia fusionando departamentos y suprimiendo organismos como academias, comisiones, etc. que han dejado de ser necesarias.

Esa reducción de departamentos facilitará la sinodalidad, con reuniones más frecuentes y más activas de un número menor de jefes de departamento. A su vez, dentro de cada departamento «se debe evitar la fragmentación que multiplique los sectores especializados que pueden tender a ser autorreferenciales».

Bajo la mirada atenta de los cardenales, Francisco ha explicado con buen humor que la reforma «no es un lifting o maquillaje para embellecer al anciano cuerpo curial. Y todavía menos una operación de cirugía estética para eliminar arrugas. Queridos hermanos, ¡la Iglesia no debe temer las arrugas sino las manchas!».

Reafirmando la ruptura con el « carrerismo», el Papa ha declarado «indispensable archivar definitivamente la costumbre de ‘ascender para remover’. ¡Esto es un cáncer!».

Al final de su discurso y antes de saludarles personalmente uno a uno, Francisco ha anunciado su regalo de Navidad: un libro del quinto general de la compañía de Jesús, Claudio Acquaviva, sobre el modo de curar las «enfermedades del alma».

Poco después, en un encuentro multitudinario con las empleadas y empleados del Vaticano para felicitarles la Navidad, Francisco ha añadido que el Evangelio debe orientar las prácticas laborales. Y eso requiere que todos los contratos sean correctos: «No puede haber empleos en negro. No hay excusas».