El papa Francisco habla durante un encuentro con obispos centroamericanos
El papa Francisco habla durante un encuentro con obispos centroamericanos - EFE

El Papa a un cuarto de millón de jóvenes en Panamá: «Hoy podemos "estar de rumba"»

Optimismo desbordante en la Jornada Mundial de la Juventud

Enviado especial a PanamáActualizado:

En una megafiesta desbordante de alegría a orillas del Océano Pacífico, el Papa Francisco ha dicho el jueves a un cuarto de millón de jóvenes venidos de todo el mundo que «ustedes no tuvieron miedo de arriesgar y caminar. Hoy podemos ‘estar de rumba’, porque esta rumba comenzó hace ya mucho tiempo en cada comunidad».

La fiesta de acogida se celebraba simultáneamente en la gran explanada de la Cinta Costera y en siete plazas de la Ciudad de Panamá, enlazadas mediante pantallas de televisión, donde se reunían las chicas y chicos venidos de 156 países. Era, naturalmente, una celebración multilingüe, multirracial y multiétnica, emblema de un mundo en que cada joven tiene su nacionalidad pero se siente miembro de la familia humana.

Desde lo alto de un gigantesco estrado de cuatro niveles y citando palabras de su predecesor, el Papa argentino ha recordado que «el amor verdadero no anula las legítimas diferencias, sino que las armoniza en una unidad superior». Al terminar la cita, les ha explicado que «esto lo ha dicho Benedicto XVI, que nos está mirando: ¡enviémosle un saludo!».

Con sus propias palabras, Francisco ha comentado a los jóvenes que «la cultura del encuentro», visible hoy en Panamá, no significa uniformidad sino apertura a los demás, siguiendo «un sueño llamado Jesús, sembrado por el Padre con la confianza de que crecerá y vivirá en cada corazón».

Les ha prevenido contra los sembradores de «la cultura de la división» y les ha invitado a ser «constructores de puentes y no de muros», desatando un aplauso atronador.

Según el Papa, el amor de Cristo es «un amor que no ‘patotea’ ni aplasta, un amor que no humilla ni avasalla». En un discurso cargado de optimismo, Francisco les ha explicado que “el amor del Señor sabe más de levantadas que de caídas, de reconciliación que de prohibición, de dar una nueva oportunidad que de condenar, de futuro que de pasado. Es el amor silencioso, de la mano tendida en el servicio”.

El mayor encuentro juvenil del mundo desbordaba un entusiasmo compartido entre los participantes y un Papa que parecía haberse olvidado de tener ochenta y dos años y haber realizado el día anterior un vuelo trasatlántico de trece horas.

Francisco se emocionaba sobre todo al comentar la vocación de María de Nazaret, invitando a los jóvenes a escuchar la misma llamada y dar toda la vida al servicio de los demás.

En una curiosa sintonía, los chicos y chicas aplaudieron las referencias de Francisco a los jóvenes indígenas que participan en el encuentro y a los jóvenes descendientes de afroamericanos.

En palabras de san Oscar Romero, el arzobispo salvadoreño mártir, Francisco dijo a la multitud de jóvenes que «el cristianismo no es un conjunto de leyes, es una Persona. ¡El cristianismo es Cristo!». Y desató el delirio invitando a todos a repetir a todo pulmón: «Señor, enséñanos a amar como tú nos has amado». El encuentro era una fiesta pero, al mismo tiempo, una oración.