El Papa Francisco, en Rumanía - AFP

El Papa beatifica en Rumanía a siete obispos mártires de la dictadura comunista

Francisco alerta frente a las «nuevas ideologías» que «siembran miedo y división»

Enviado especial a Blaj, RumaníaActualizado:

En el inmenso «Campo de la Libertad» donde los patriotas rumanos celebraron su Gran Asamblea Nacional en 1848, el Papa Francisco ha elevado este domingo a los altares a siete obispos mártires de la dictadura comunista entre 1950 y 1970. Fueron arrestados en 1948 y torturados en diversas cárceles. Cuatro de ellos murieron en prisión y tres fueron puestos en libertad para que muriesen fuera.

Perdida entre las colinas verdes de Transilvania, la minúscula ciudad de Blaj, con solo veinte mil habitantes, es la capital espiritual de la Iglesia Grecocatólica de Rumania, y la sede de su arzobispo mayor, actualmente el anciano cardenal Lucian Muresan, de 88 años. El presidente de la República, la primera ministra y varios miembros del gobierno acudieron desde Bucarest para la ceremonia.

A diferencia de la Iglesia Ortodoxa de Rumanía, que se adaptó a las ordenes del sistema comunista impuesto por la ocupación soviética, la Iglesia católica de rito oriental se negó en redondo a convertirse en cómplice político y a separarse de Roma. Como represalia, el gobierno la disolvió en 1948, encarceló a todos los obispos, arrestó a muchos sacerdotes, y confiscó todas las propiedades: iglesias, seminarios, escuelas, etc.

Dirigiéndose a unos ochenta mil fieles, el Papa ha destacado que «ante la feroz opresión del régimen, los obispos mártires manifestaron una fe y un amor ejemplar hacia su pueblo. Con gran valentía y fortaleza interior, aceptaron ser sometidos a un encarcelamiento severo y a todo tipo de ultrajes, con tal de no negar su pertenencia a su amada Iglesia».

A diferencia del clero acomodaticio, «los nuevos beatos sufrieron y dieron su vida, oponiéndose a un sistema ideológico que rechazaba la libertad y coartaba los derechos fundamentales de la persona humana».

Perseguidos y torturados

La persecución comunista alcanzó también a los católicos de rito latino, que eran una minoría respecto a los de rito oriental. Según Francisco, «en aquel periodo triste, la vida de la comunidad católica fue sometida a una dura prueba por un régimen dictatorial y ateo. Todos los obispos y muchos fieles de la Iglesia grecocatólica y de la Iglesia católica de rito latino fueron perseguidos y encarcelados».

Los siete obispos mártires fueron torturados en varias ocasiones, y a los que enfermaban gravemente se les ofrecía ayuda médica solo si se pasaban a la Iglesia Ortodoxa, manipulada por el régimen comunista. Todos se negaron, a costa de terminar perdiendo la vida.

Pero el Papa ha preferido subrayar uno de los signos específicos de los mártires: perdonar a quienes les hacen el mal e incluso a sus inminentes asesinos.

Según el Papa, «esta actitud de misericordia hacia los torturadores es un mensaje profético, porque se presenta hoy como una invitación a todos para superar el rencor con la caridad y el perdón».

En esa línea ha considerado «elocuente lo que el Obispo Iuliu Hossu declaró durante la prisión: ‘Dios nos ha enviado a estas tinieblas del sufrimiento para perdonar y rezar por la conversión de todos’. Estas palabras son el símbolo y la síntesis de la actitud de estos beatos».

Pasando a los problemas del presente, el Papa ha advertido que «también hoy reaparecen nuevas ideologías que, de forma sutil, buscan imponerse y desarraigar nuestros pueblos de sus más ricas tradiciones culturales y religiosas»

«Colonizaciones ideológicas»

La agresión actual no proviene del comunismo sino, según Francisco, de «colonizaciones ideológicas que desprestigian el valor de la persona, de la vida, del matrimonio y la familia, y dañan con propuestas alienantes, tan ateas como en el pasado, especialmente a nuestros jóvenes y niños».

Bajo el impacto de esas ideologías «todo se vuelve irrelevante si no sirve a los propios intereses inmediatos, empujando a las personas a aprovecharse de otras y a tratarlas como meros objetos».

La presión de esas ideologías amarga la vida familiar y social, pues «son voces que, sembrando miedo y división, buscan cancelar y sepultar el más rico de los legados», la libertad de vivir serenamente la propia religión.

La ceremonia de beatificación, realizada en el marco de una divina liturgia de rito oriental, ponía broche de oro a las tres jornadas de la visita del Papa a Rumanía.

El programa del Santo Padre incluye, a primera hora de la tarde, un encuentro con la comunidad gitana de Blaj -en representación de la de todo el país- antes de emprender el viaje de regreso a Roma.