La canciller alemana, Angela Merkel, en el foro de la revista femenina Brigitte
La canciller alemana, Angela Merkel, en el foro de la revista femenina Brigitte

Merkel abre la puerta al matrimonio homosexual

La canciller alemana asegura que no es un asunto «que se deba tomar a la ligera» y que lo abordará con su partido

Corresponsal en BerlínActualizado:

Los socialdemócratas alemanes creían haber encontrado un gancho con el que hacerse con el voto homosexual, anunciando que se negarán a formar coalición de gobierno alguna que no aceptase la legislación del matrimonio entre personas del mismo sexo. Pero Merkel no ha tardado ni 24 horas en desactivar esa jugada electoral, abriendo la puerta a esa reforma sin por ello desdecirse en su postura contraria.

La canciller alemana eligió para soltar esa bomba un foro informal, el coloquio que organizaba anoche en Berlín la revista femenina Brigitte, en el que se hablaba sin grandes pretensiones tanto de asuntos de salud y belleza como de políticas de mujer y familia. Cuando entró en la conversación la inclusión del polémico punto en el programa electoral del Partido Socialdemócrata (SPD), Merkel insinuó que le parecía «un poco raro» que saquen ahora ese tema, «después de no haberlo mencionado durante los cuatro años que hemos estado gobernando juntos». Tras esa apreciación y sin grandes dramatismos, la canciller alemana reiteró la que ha sido su posición de rechazo al respecto hasta ahora, pero admitió que «toma nota» de que todos los partidos menos el suyo están a favor de legislar el matrimonio homosexual y reconoció que considera que es un asunto «de conciencia». Esta última frase, si finalmente se permitiese a los diputados cristianodemócratas votar en conciencia en el Bundestag, dejaría la puerta abierta a la reforma legal.

En todo caso, Merkel admitió que no es un asunto «que se deba tomar a la ligera» y aseguró que abordará en profundidad el tema con su partido, la Unión Cristianodemócrata (CDU). Dejó muy claro que su intención es actuar «de otro modo», muy diferente a como ha planteado el asunto el SPD, pero no especificó cómo e insistió en que el debate se celebre con «respeto».

En una conversación humana y distendida, Merkel justificó con experiencias personales lo que puede terminar siendo un cambio de postura en toda regla. Relató que en su distrito electoral ha tenido la oportunidad de conocer a una mujer lesbiana que tenía con su pareja ocho niños en acogida, lo que le causó admiración y le sirvió para darse cuenta de que si los servicios sociales habían decidido que ése era el mejor lugar para los menores, no puede rechazarse tajantemente la adopción con el argumento del bienestar del menor. Subrayó además que las parejas homosexuales y las heterosexuales son igual de valiosas y admitió que hay elementos de juicio que le han hecho reflexionar sobre su rechazo a la adopción por parte de parejas del mismo sexo basado en el bienestar del niño.

En Alemania, desde 2001 están permitidas las uniones civiles de personas del mismo sexo pero los homosexuales casados no gozan de plena igualdad jurídica y se les niegan determinados derechos, por ejemplo, en áreas como la adopción. Una encuesta publicada en el pasado mes de enero por la Oficina Federal Antidiscriminación reveló que un 82,6% de los alemanes está a favor de permitir el matrimonio entre personas del mismo sexo, aunque otras encuestas cifran algo más bajo, en alrededor del 66%, el porcentaje de alemanes a favor de la reforma.

Las píldoras que fue dejando caer la canciller alemana en el foro femenino permiten deducir que se trataba de una respuesta, punto por punto, a la presentación del programa político presentado por el SPD el fin de semana en Dortmund. Los socialdemócratas tienen realmente poco margen de maniobra electoral contra Merkel debido a que han gobernado los últimos cuatro años con ella y firmando sus mismas políticas. Aparte de este asunto del matrimonio homosexual, el líder del SPD, Martin Shulz, ha pretendido distanciarse de Merkel acusándola de una «postura poco clara» respecto a Donald Trump, y también respondió a esto la canciller, confesando que en su último encuentro con el presidente estadounidense le plantó cara en varias ocasiones. No se refirió a cuestiones de política internacional, sino más bien de protocolo. Contó, por ejemplo, que le reprochó a Trump el hecho de que no le hubiese dado la mano ante los periodistas en el Despacho Oval de la Casa Blanca y que él le respondió que ya se la había estrechado dos veces antes. Merkel insistió en destacar que habla «claro» y no se calla con Trump, describiendo ese último encuentro como «intenso, aunque también con controversias».

Mostró gran dominio de las relaciones con diversos líderes internacionales, aunque señaló que «no se trata de un club de amigos, sino de defender los intereses de Alemania y nuestros valores». Y justificó que sigue informaciones a través de la red social Twitter, pero que ella misma prefiere no tener una cuenta. Sigue escribiendo mensajes de texto tradicionales, en lugar de las populares aplicaciones de mensajería instantánea.

Con estas anécdotas, Merkel hizo las delicias del público y mostró su lado más humano, hablando de detalles domésticos, de cocina, y de manías personales, como que, cuando llega a un hotel de cualquier país del mundo, incluido su preferido en Bruselas, «Amigo», lo primero que comprueba es si las ventanas pueden abrirse, si consigue conectar el aire acondicionado y cómo funcionan los interruptores. Y fijó la frontera de las confidencias en la puerta de su propia casa. Lo primero que hace al llegar allí… «eso es quizá demasiado privado».