El pastelero Jack Phillips, en imágenes de la «Alliance Defending Freedom»
El pastelero Jack Phillips, en imágenes de la «Alliance Defending Freedom»

Matrimonio gayEl Supremo de EE.UU. juzgará el derecho de un pastelero a no preparar una tarta para una boda gay

El máximo tribunal estadounidense acepta tratar un caso que enfrenta la normativa sobre no discriminación por orientación sexual con la libertad religiosa que defiende la Constitución

Nueva YorkActualizado:

Jack Phillips, un pastelero de Lakewood (Colorado), lo tenía muy claro en 2012, cuando una pareja gay entró en su establecimiento para pedir una tarta para su matrimonio. Phillips confeccionaría un pastel de cumpleaños o de cualquier otra celebración para un homosexual, pero no para un matrimonio que, desde su posición religiosa, «está mal» y es un «pecado» según la Biblia. La pareja, dos hombres que entonces se iban a casar en Massachussetts, donde entonces estaba permitido el matrimonio gay, tenía previsto celebrar el enlace en casa. Denunciaron al pastelero y tanto la Comisión de Derechos Civiles de Colorado como distintos niveles judiciales les dieron la razón: Phillips no podía discriminarles por su orientación sexual.

El pastelero, sin embargo, considera que la Primera Enmienda de la Constitución de EE.UU., que consagra la libertad de religión y de expresión, le ampara y ha conseguido llevar su lucha hasta el Tribunal Supremo. Ayer, el máximo órgano judicial de EE.UU., anunció que tratará el caso, lo que ya es en sí un éxito para el pastelero y para muchos otros dueños de negocios que habían tratado de discriminar a homosexuales. Desde floristas hasta negocios de invitaciones de boda se había opuesto a dar servicio a parejas gay, pero siempre se han encontrado con la oposición de la justicia a esa discriminación.

Con la decisión del Supremo, esta será una gran batalla entre las normas que prohíben a los negocios discriminar a clientes por su orientación sexual y los límites de la libertad religiosa. El Supremo ha negado en muchas ocasiones tratar casos similares, respaldando la decisión de tribunales inferiores que consideran que esas normas antidiscriminatorias no vulneran la libertad religiosa.

En su escrito al alto tribunal, al que tuvo acceso «The New York Times», los abogados de Phillips defienden que la fe del pastelero le requiere que use sus habilidades artísticas -él se considera un artista pastelero- «para promocionar solo los mensajes de acuerdo con sus creencias», que también se niega a hacer tartas de Halloween o que promocionan el racismo o el ateísmo y que además la pareja podría haber encontrado otra tarta sin ningún problema en otra pastelería. La respuesta de los abogados de la pareja fue que esa posibilidad sería como decir que en los años de la segregación racial «los clientes afroamericanos podía comer en otro restaurante».