Aprender inglés aumenta la materia gris
Aprender un idioma nuevo moldea el cerebro de los adultos. El bibliotecario (Arcimboldo)
Neurociencia

Aprender inglés aumenta la materia gris

Por primera vez se constata el efecto de aprender un segundo idioma en el cerebro de los adultos

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El cerebro de los adultos que se inician en una nueva lengua aumenta su grosor en determinadas regiones de la corteza relacionadas con el procesamiento acústico, comprensión y articulación de las palabras. También crece el hipocampo, implicado en la memoria y el aprendizaje. Además, el bilingüismo parece contribuir a aumentar la reserva cognitiva, que confiere cierta protección contra la enfermedad de Alzheimer. Y cuanto más se practique la segunda lengua más gana el cerebro en destreza y resistencia.

Nunca es tarde para aprender una lengua nueva y además es un buen ejercicio para el cerebro. De hecho, adquirir las destrezas necesarias para comunicarse en un segundo idioma, como el inglés, conlleva un aumento de la materia gris del hemisferio cerebral izquierdo, implicado en el procesamiento del lenguaje. En concreto aumenta el grosor de la corteza cerebral en el giro frontal inferior, una región importante para la articulación de las palabras y la comprensión de los vocablos en un idioma nuevo; en el giro frontal medio, implicado también en la articulación y la comprensión, así como en el giro temporal superior, que crece más cuanto mayor es el empeño que se pone en dominar la nueva lengua.

Así lo destaca una investigación publicada en la revista " Neuroimage", que verificó la forma en que cambiaba el cerebro de reclutas suecos que estudiaban de forma intensiva un nuevo idioma del que no tenían conocimientos previos. En diez meses, los futuros intérpretes debían hablarlo con fluidez, para lo que tenían que aprender entre 300 y 500 palabras a la semana, con un horario intensivo que les mantenía ocupados todo el día.

Los participantes, seis mujeres y ocho hombres, fueron sometidos a una resonancia magnética funcional antes de empezar el curso intensivo y otra a los tres meses para comprobar cómo había cambiado su cerebro. Además, les compararon con un grupo control, formado por estudiantes de Medicina y de Ciencias Cognitivas. Los escáneres mostraron que, a diferencia de lo que ocurría en el grupo control, el grosor de la corteza cerebral y el volumen del hipocampo de los futuros intérpretes iba aumentando en relación directa al esfuerzo que ponían en aprender la nueva lengua, mientras que el de los otros estudiantes universitarios, que también debían esforzarse por adquirir conocimientos de otro tipo, no mostraba modificaciones en esas áreas cerebrales.

Según los autores del trabajo, es la primera vez que se constatan los efectos de aprender una nueva lengua en el cerebro de adultos. También es la primera vez que se demuestra que el aprendizaje asociativo, como el realizado cuando se estudia un nuevo idioma, tiene una correlación directa con el tamaño del hipocampo derecho. Lo que pone de manifiesto la importancia de esta estructura cerebral para el aprendizaje de idiomas.

Según los investigadores, aprender una gran cantidad de palabras nuevas en poco tiempo, como hicieron los reclutas suecos, promueve el aumento de volumen en el hipocampo derecho. Es más, el esfuerzo se relaciona directamente con el incremento de volumen. Lo mismo ocurre con el grosor del giro frontal medio izquierdo, que es mayor cuanto mejor se domina el idioma. En definitiva, a diferencia de la creencia popular, el saber sí ocupa lugar.

Protección frente al alzhéimer

Los investigadores, pertenecientes a las universidades suecas de Lund y Ulmea, y a los Institutos Max Plank y Karolinska, señalan también que la plasticidad (crecimiento) observada en el hipocampo al ir dominando el nuevo idioma, podrían explicar por qué, como han señalado estudios anteriores, el bilingüismo confiere cierta protección frente a enfermedades neurodegenerativas como el alzhéimer.

Otros estudios, llevado a cabo en Canadá por el equipo de Ellen Bialystok, han mostrado que las personas bilingües afectadas por alzhéimer tardan más en mostrar los síntomas de la enfermedad. El bilingüismo parece contribuir al aumento de la reserva cognitiva, que a su vez, retrasa el inicio del alzhéimer. De ahí que las personas que dominan dos idiomas requieran la presencia de mayor proporción de neuropatología antes de que la enfermedad se manifieste. La reserva cognitiva se refiere a la capacidad cognitiva e intelectual que una persona ha logrado acumular en su vida mediante sus conocimientos culturales, estudios académicos, participación en actividades intelectuales y de esparcimiento. Y a nivel microscópico se traduce en un mayor número de conexiones entre las neuronas, o sinapsis.

Ventajas de hablar dos idiomas

Pero hay más ventajas en aprender al menos otra lengua que se muestran a lo largo de toda la vida. Y están relacionadas con el control de la atención, potenciada cuando se emplea más de un idioma, a la hora de descartar información irrelevante. También las funciones ejecutivas (planificación y toma de decisiones) parecen mejorar con la adquisición de una segunda lengua. La interacción de un mejor control tanto de la atención como ejecutivo supone una ventaja a la hora de desarrollar otras habilidades cognitivas durante toda la vida, como explica Bialystok: "Pusimos voluntarios a conducir en un simulador mientras por unos auriculares les dábamos tareas extras para comprobar cómo afectaban esas distracciones a su forma de conducir. Todos lo hicieron peor, pero en los bilingües su desempeño bajó menos porque podían concentrarse en conducir mientras recibían otras órdenes".

Al parecer, estas ventajas adquiridas con la segunda lengua no dependen tanto de la edad a la que se aprenda, sino de la asiduidad con la que se utilice. El beneficio estaría, según los expertos, en cambiar de idioma con frecuencia para hacer a nuestro cerebro más ágil y eficaz.