La Filosofía, del limbo a las aulas

Los expertos aseguran que esta disciplina estructura el pensamiento y fomenta la masa crítica

MadridActualizado:

«El que ha comenzado ya tiene la mitad hecha, atrévete a saber, empieza». Esta expresión de Horacio resume lo que a los políticos les ha costado años comprender. La Filosofía es la puerta a la construcción de un pensamiento crítico, a la reflexión, a la argumentación, a la apertura mental, en definitiva, a la libertad. Y por ello, no podía estar sepultada en las aulas.

El pasado miércoles se produjo un hecho poco frecuente en el Congreso. Todos los partidos se pusieron de acuerdo y aprobaron por unanimidad recuperar la asignatura de Filosofía en la ESO y Bachillerato. La propuesta surgió de una Proposición no de Ley de Podemos que salió adelante con los votos de PSOE, PP y Cs aunque con algunos cambios introducidos por los partidos que dieron lugar a un nuevo texto celebrado por todos. La Ley Orgánica para la Mejora Educativa (Lomce) solo obligaba a los alumnos de 1º de Bachillerato a cursar Filosofía. Es decir, un alumno de 16 años podía acabar la educación obligatoria sin «atreverse a saber», como defendió Horacio y más tarde, Kant.

El texto que emanó del Congreso propone «diseñar un currículum común estable y flexible en los contenidos» y que, Historia de la Filosofía en 2º de Bachillerato y Ética en 4º de la ESO vuelvan a ser obligatorias como antes de la Lomce. La propuesta fue aplaudida por el Gobierno, por lo menos en lo que respecta a Historia de la Filosofía, ya que fue algo más ambiguo en cuanto a la obligatoriedad de Ética.

Mejora el rendimiento

«La Unesco ha declarado la necesidad de la enseñanza de la Filosofía y hay muchos estudios que afirman que los alumnos que la estudian tienen mayor rendimiento en otras asignaturas como Lengua y Matemáticas, además, capacita a los jóvenes para razonar y argumentar, los forma como personas capaces de juzgar el bien o el mal, lo justo y lo injusto, y no hay otra materia que lo haga», explica Antonio Campillo, decano de la Facultad de Filosofía de la Universidad de Murcia. Campillo compareció en la Subcomisión para el ahora fallido Pacto Educativo (tras la retirada del PSOE). En su discurso defendió la necesidad de un «currículum básico para todo el sistema educativo no universitario, que sea al mismo tiempo estable y flexible en los contenidos», exactamente como recoge la PNL.

«Un estudiante tiene que abrir la mente y una de las mejores maneras de hacerlo es a través de la Filosofía porque les permite hacerse preguntas, discutir conceptos y ver más allá de los límites en que vivimos», defiende Carlos Blanco, químico y profesor de Filosofía en la Universidad Pontificia Comillas. Blanco sostiene que la Filosofía sirve para tres cuestiones fundamentales. «Ayuda a relacionar ideas y campos del conocimiento; permite ampliar los horizontes del pensamiento y contribuye a tolerar altos grados de abstracción dentro del mundo actual en el que vivimos saturados de inmediatez y en el que hay que distanciarse».

«Eliminar la Filosofía —añade— es dar la espalda a la construcción de la autonomía e independencia de juicio de los individuos, no solo hablamos de la formación integral de los alumnos sino de su educación como ciudadanos», alerta María José Guerra, actual presidenta de la Red Española de Filosofía y catedrática de Filosofía Moral de la Universidad de La Laguna. Guerra es contundente. «Está en peligro la democracia si no tenemos ciudadanos capaces de plantear objeciones y preguntas a lo que reciben de los medios en la era de la “postverdad” y las “fake news”», advierte.

Mapas mentales

Aparte de la urgencia de contar con alumnos «pensadores» en la escuela, Campillo recuerda la necesidad de conocer, a través de ella, nuestra propia tradición cultural. «Los estudiantes —recuerda— deben conocer los grandes sistemas de pensamiento, las grandes obras que les van a ayudar a realizar mapas mentales para comprender el mundo de hoy». La Filosofía, contrariamente a lo que puede pensarse, es más necesaria que nunca. «Ha irrumpido en los debates sobre bioética, redes sociales, migración, ecología, feminismo», señala Campillo. Y es que su aportación va más allá de las aulas. «Da herramientas que nos permiten a todos, alumnos o no, ser más libres», apunta Blanco.

Michael J. Sandel también defendió esta disciplina el pasado viernes al recoger el Premio Princesa de Asturias de Ciencias Sociales. «Lo que me atrajo de la Filosofía fue la luz que arroja sobre nuestra vida cotidiana. La Filosofía pertenece no solo al aula, sino a la plaza pública, donde los ciudadanos deliberan sobre el bien común», dijo.

Detrás de estas reflexiones también hay muchos jóvenes que estudian esta disciplina por vocación y no porque les obligaran en el colegio. Es el caso de Cristina Zumaquero. Esta joven de 24 años que está en el último curso de la carrera la eligió porque siempre le ha gustado hacerse preguntas y porque su profesor de instituto la inspiró. «La explicaba muy bien y transmitía su pasión por la materia». Para Zumaquero la Filosofía es una terapia. «A través de Nietzsche y Foucault aprendí la importancia de conocernos a nosotros mismos, de hacer el bien a quienes nos rodean».

Fascinación por la Filosofía es lo que sintió Myriam Hernández que, tras acabar la carrera, decidió hacer un máster en Investigación en Filosofía. «Me cautivó la idea de conocer el pensamiento de mujeres y hombres que han reflexionado sobre temas que nos preocupan, me enamoré de la oportunidad de dedicar cuatros años de mi vida solo a pensar». Myriam tuvo menos en cuenta la salida laboral. «Me dedicaré a cualquier otra cosa, si ese es el precio a pagar, me da igual».