El desafío del crucigrama desnudo
Un detalle de la página de Pasatiempos de ABC - abc

El desafío del crucigrama desnudo

Sesenta años después de que Ocón de Oro publicara el primer crucigrama blanco en España, este reto intelectual mantiene su espacio imperturbable en periódicos como ABC

madrid Actualizado:

Saber el nombre del yerno de Mahoma o del dios egipcio del sol no basta para enfrentarse al reto de una parrilla desprovista de cuadros negros, limpia por completo para espolear el ingenio. Quizá ésa sea la clave por la que 60 años después, el crucigrama blanco mantiene hoy un sitio imperturbable en las páginas de diarios como ABC.

Ideado por Margaret Petherbridge Farrar en Estados Unidos, al parecer fue Pedro Ocón de Oro quien lo importó a España en 1952 y ya entonces constituyó uno de los mayores éxitos de este maestro del arte de hacer pasatiempos, como sintetizó ABC tras su muerte en 1999. Cuatro años antes de publicar el primer crucigrama blanco se había presentado a un concurso en el diario «Madrid» en el que resultó ganador, emprendiendo así una carrera en el ingenio con la que encandilaría a varias generaciones. Recordado por sus célebres jeroglíficos, inventó algunos pasatiempos tan famosos como la Sopa de letras.

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El crucigrama blanco es una variedad sobre el original que ideó Arthur Wyne y cuyo primer ejemplar publicó el «New York World» en 1913. Añade la dificultad de suprimir los recuadros en negro. Solo en un paréntesis se informa al jugador de cuántos contiene el pasatiempo, dejando a éste sin la seguridad de cuántas letras forman cada definición. Para Màrius Serra, escritor, crucigramista de La Vanguardia y fundador de Verbalia, «añade dificultad sólo para quien lo resuelve» porque «la preparación es idéntica a la del convencional, solo que no se reproducen los cuadritos negros en la parrilla».

Chelo Ocón, una de las hijas de Ocón de Oro, sí suma un ingrediente más de complicación en la elaboración de los mismos. «El crucigrama blanco es muy difícil de elaborar porque no puede llevar muchos cuadros negros», explica. En un crucigrama de 9 x 9, por ejemplo, «lo ideal es que no haya más de diez cuadros negros, a lo sumo 12», señala esta periodista que desde la muerte de su padre se dedica en exclusiva a elaborar jeroglíficos y crucigramas, especialmente blancos. Esa dificultad, sostiene Ocón, es la causa de que no existan crucigramas blancos temáticos o de gran tamaño, como sí se encuentran crucigramas tradicionales, autodefinidos o sopas de letras.

Recuerda que el primero que elaboró le llevó más de una hora. El hábito ha logrado que hoy emplee una media hora en armar uno blanco. Ocón tiene sus trucos: «Siempre empiezo en la primera línea horizontal con una palabra de nueve letras, sin cuadros negros». Por eso entiende ahora a su padre, que acostumbraba a llevar siempre un pequeño cuaderno de notas para apuntar palabras o ideas para sus jeroglíficos. «Voy por la calle y voy contando las palabras, solo que yo las apunto en el móvil». Las nuevas tecnologías no han entrado, sin embargo, en la confección de sus crucigramas. Asegura que al elaborarlos de forma manual «se cometen menos errores».

Tres generaciones de crucigramistas

Su crucigrama favorito es precisamente el blanco de Óscar que se publica diariamente en ABC. Su autor, Óscar Herrero, es el tercero de una generación de crucigramistas vinculados a ABC al menos desde 1953, fecha del primer trabajo publicado con el nombre de Herrero con el que firmaba su abuelo. En 1983 el padre de Óscar, José Juan Herrero, decidió rebautizar los crucigramas con el nombre de su hijo, con el que se mantiene hoy. Óscar creció «rodeado de pasatiempos» y pronto comenzó a ayudar a su padre que, como él, los realizaba en su tiempo libre. «Hay un cierto toque romántico en los crucigramas», comenta. Hoy ambos forman un tándem.

Para este biólogo y profesor de la UNED «es un hobby que engancha». Consciente de que a su público no le gusta quedarse a medias con el pasatiempo ni que le lleve horas resolverlo, procura evitar palabras con consonantes seguidas, emplear un vocabulario variado sin echar mano de los vocablos más coloquiales y lograr que el resultado final tenga los menores cuadros negros posibles. «Bajar de ocho en un crucigrama como el nuestro de 10x10 es realmente difícil», señala.

Óscar no reelabora las definiciones. Su estilo radica precisamente en su fidelidad al diccionario. «Podemos acortar o modificar ligeramente las definiciones, pero son las de la RAE», asegura, aunque tiene debilidad por coleccionar diccionarios variados.

A sus 38 años, Herrero cuenta con «cientos, no sé si miles» crucigramas a sus espaldas, con la única equipación de una cuartilla, un diccionario y un lápiz, pero confiesa: «Habré resuelto diez en toda mi vida». A él le atrae su confección. De ahí que en 2007 se lanzara a abrir un blog sobre crucigramas, para poder ir volcando los que no publica en papel o los antiguos de su familia que va recopilando, no solo blancos.

El vecino Cova

La «pareja de hecho» de Óscar en la página de Pasatiempos de ABC es también un clásico del periódico, el crucigrama en forma de estrella de Cova, ahora Cova-2.

Precisamente el año en que España descubrió el crucigrama blanco publicó Gonzalo Fernández de Córdoba (Cova) su primer pasatiempos en el diario y durante 58 años no faltó a su cita en el periódico. «Para mí inventar crucigramas siempre ha sido el mejor pasatiempo», señalaba en una entrevista en 2002 en la que Cova se bautizaba a sí mismo como «un cazador de palabras de once letras» puesto que escoger la palabra más larga de su crucigrama era el punto de arranque para construir su edificio de ventanas blancas y negras.

Muchos de los lectores de ABC, para los que «el esforzarnos diariamente con el crucigrama es uno de los motivos de comprar el periódico», se sintieron huérfanos con su ausencia y así lo expresaron al periódico. «Sirva esta carta como humilde homenaje a uno de mis compañeros diarios, aunque nuestra única relación fue el desvelo con sus cruces de palabras» o «era un maestro de hacer disfrutar al lector con una mezcla perfecta de cultura y ocio. Gracias, Cova», fueron algunos de los mensajes que dejaron en su honor.

Su hermano Enrique Fernández de Córdoba, Cova-2, recogió el testigo de este maestro en el cruce de palabras. «Se lo vi hacer a mi hermano mayor desde que era un chaval», recuerda Cova-2, aunque la idea fue de su madre, «una mujer muy intelectual y de gran cultura» que llegó a elaborar los primeros crucigramas junto a Gonzalo. Contar con una cultura apreciable, un importante vocabulario y agilidad mental son requisitos imprescindibles en todo crucigramista, a juicio de este jubilado de 75 años que solo se apoya en el bastón de la RAE.

El formato tan particular del crucigrama de Cova, similar al primero que publicó Whyne en 1913, condiciona también su preparación. Fernández de Córdoba decide en primer lugar la palabra de 11 letras, que marca el resto de horizontales y verticales. «Me divierte poner definiciones humorísticas», comenta recordando algunas de las utilizadas en sus últimos crucigramas, como «famoso constructor naval de la Biblia» o «sujeto que paseaba en cueros y la lió comiéndose una manzana».

Fiel a su modelo de crucigrama -«forma parte para muchos lectores de ABC de la liturgia de cada mañana»- recuerda que su hermano «era más rápido» que él en su elaboración y hay quien le ha reprochado que los suyos son más fáciles. «Para mí eso es un piropo», asegura, puesto que intenta que el lector no se frustre de par de mañana. «Es muy fácil preparar un crucigrama difícil y que no haya cristiano que lo resuelva», añade este «fabricante de crucigramas», como se denomina a sí mismo. «No soy un teórico del crucigrama, ni tengo una vocación especial», admite Fernández de Córdoba y Calleja, que compagina estos trabajos con sus escritos e investigaciones sobre su antepasado Saturnino Calleja, el autor de los «cuentos» de Calleja. Aunque sí señala que le gustaría que alguno de sus ocho hijos «coja la antorcha» después.