Nueva tasa al alcohol, el tabaco y bebidas azucaradas

Cuando pagar impuestos es beneficioso para la salud

El Gobierno grava el tabaco, el alcohol y las bebidas azucaradas para recaudar, pero la medida fomenta mejores hábitos

MADRIDActualizado:

El tabaco y el alcohol, aún persistiendo un importante consumo, parecen ser reconocidos enemigos para la salud. No solo para los médicos, sino también para el conjunto de la sociedad. Pero el azúcar y su peligrosa asociación con la obesidad no parecen preocupar demasiado.

Ahora, el Gobierno ha decidido declararle la guerra a los tres. El ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro anunció a primeros de mes una subida de impuestos al tabaco, al alcohol y a las bebidas azucaradas. El real decreto ley que entró en vigor el pasado sábado 3 de diciembre recoge un aumento para los cigarrillos del 2,5% y de un 6,8% para la picadura de liar, mientras que el alcohol (que deja afuera al vino y a la cerveza) aumenta un 5%. No se sabe cuál será el porcentaje de aumento sobre las bebidas azucaradas porque el Gobieno quiere aprobar un proyecto de ley pactado con los grupos parlamentarios. Una referencia, es el 20% sugerido por la Organización Mundial de la Salud, aunque parece difícil que se concrete tal cifra dada su magnitud.

Es más que evidente que la medida tiene un afán recaudatorio. De hecho, se espera, junto con otras medidas, aumentar los ingresos públicos en 7.000 millones de euros. Y si bien Montoro especificó que en el caso del azúcar sí se hacía por cuestiones de salud, son los propios médicos los que aseguran que todo aumento de impuesto repercute positivamente en un menor consumo. «Me pareció una idea magnífica y que llevamos reclamando hace tiempo. Se hace para recaudar, pero está claro que es beneficiosa para la salud. Está demostrado que cualquier pequeño aumento del precio tiene repercusión positiva en la salud de la población», señala Felipe Casanueva, presidente de la Sociedad Española Para el Estudio de la Obesidad (SEEDO).

5% subirá la tasa al alcohol y 2,5 la del tabaco. No se sabe cuál será la de las bebidas azúcaradas

La medida ha agradado menos a la industria de las bebidas. «Es imprescindible mantener el “statu quo” de los impuestos que recaen sobre el consumo. Una nueva subida afecta al ciudadano y retrae el consumo», criticó la Federación Española de Industrias de Alimentación y Bebidas (FIAB).

Los médicos y nutricionistas, en cambio, no advierten de los peligros que puede sufrir la economía sino la población ante lo que consideran una «amenaza real»: la obesidad. «Hay estudios que demuestran que estas bebidas están asociadas a la obesidad infanto-juvenil», añade Casanueva, que reclama eliminar de los colegios las máquinas expendedoras con productos de bollería, que no están gravados pero son muy dañinos: «Tiene que haber más diálogo con la industria alimentaria». Casanueva explica que las bebidas azucaradas tienen dos problemas: «Al no dejar sensación de saciedad, no hay límite para tomarlas. Además, para los jóvenes es un elemento de socialización ahora que no fuman».

«El dinero es disuasorio»

Que hay más conciencia respecto al tabaco lo reconoce también el Comité Nacional para la Prevención del Tabaquismo (CNPT) que aún así aplaude la medida porque disuade. «El dinero es disuasorio. El aumento afecta a la gente joven haciendo que no se inicien, y a los que lo hacen, que dejen de fumar. Es bueno también que se apliquen subidas a las bebidas azucaradas. Por ejemplo, si se aumentaran los impuestos un 20 por ciento, como pide la OMS, el consumo bajaría un 20 también. Con el tabaco la relación precio/reducción de consumo es algo menor pero vale igualmente. El precio del tabaco y del alcohol es de los más bajos de Europa», señala Francisco Camarelles, vicepresidente del CNPT.

Si, como sostiene Casanueva, los jóvenes ya no fuman, lo preocupante es que a esas bebidas azucaradas que usan para socializar se les añada otro elemento para «sentirse parte del grupo»: el alcohol. Las alarmas saltaron en España cuando una niña de 12 años murió por un coma etílico después de haberse bebido una botella de ron, y que llevó a Sanidad a anunciar una Ley para la Prevención del Consumo de Alcohol.

«No tengo claro que subir los impuestos al alcohol sirva para disuadir. Con la Ley seca, por ejemplo, no se bebió menos, se bebió más y de menor calidad. Y en el caso de los menores, ¿qué renta tienen? Ninguna. Cuando un menor consume alcohol es porque un adulto se lo proporciona», asegura Bosco Torremocha García de la Rasilla, director ejecutivo de la Federación Española de Bebidas Espirituosas (FEBE). «El problema es que las bebidas espirituosas solo represen un 6 por ciento del total. De los cientos de litros de bebidas alcohólicas que se beben en España, ¿a ese 6 le suben el impuesto para recaudar más?», lamenta. El representante de Febe tampoco está de acuerdo con las comparaciones de España con otros países de Europa. Si los médicos consideran que somos de los más «permisivos», la industria cree que otros países estigmatizan el consumo. «No quiero para España el modelo nórdico, donde se hace un consumo de borrachera, en soledad. El español es mayormente social».

Mientras llegan los impuestos hay consenso en la necesidad de una mayor concienciación que evite el consumo abusivo, lleve a una dieta equilibrada y a una vida sana en general. «La prevención es importante, pero si lo haces hoy no verás los resultados hasta dentro de muchos años y los políticos piensan en el corto plazo», concluye Camarelles.