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Imagen de archivo - José María Barroso

La crisis de los «sin techo» en EE.UU. alarma hasta a Trump

San Francisco es la zona cero de un problema que afecta a mucha grandes ciudades de EE.UU.

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La abogada canadiense Leilani Farha es la relatora especial de Naciones Unidas sobre derecho a la vivienda, con la tarea de investigar condiciones de vida deplorables y su impacto en derechos humanos. Su último proyecto es un informe sobre asentamientos informales, desde favelas a barrios de chabolas, que presentará el próximo septiembre en la Asamblea General de la ONU. Para ello, ha estudiado poblados en México, Manila o Jakarta. Este año, pasó por San Francisco, la principal ciudad del Norte de California. No era para asistir a una conferencia o participar en un congreso. La ciudad del Golden Gate era parte de su estudio, inundada desde hace años por miles de personas sin hogar. Cualquier visitante de la ciudad se sorprende de las aceras, solares o sombras de los puentes plagados de tiendas de campaña, toldos improvisados, casas de cartón, colchones decrépitos y pertenencias metidas en carritos de la compra. Otros duermen en coches o en caravanas destartaladas.

Una ciudad que vendió su alma

La ciudad del Golden Gatese ha convertido en los últimos años en un «cliché». En su día fue símbolo de la bohemia «beat», de la liberación gay, del verano eterno hippy y ahora es la máxima expresión del capitalismo tecnológico desatado y de las ruinas que quedan a su paso. Es ya un lugar común protestar por la desaparición de la ciudad que fue. Este año, el lamento más célebre fue una tribuna en The Washington Post que se hizo viral y describía esa transformación: del tejido urbano: restaurantes y tiendas de toda la vida sustituidos por negocios ‘hipster’, atascos de Uber, precios imposibles y purga de todo lo que hace atractivo a una ciudad.

Mayor desigualdad

«La situación es inaceptable a la luz de la riqueza del país», dijo Farha a The Guardian tras su visita. No solo ocurre en la primera potencia mundial, sino en la región donde se acumula más riqueza. El entorno de la bahía de San Francisco es el escenario principal del «boom» tecnológico, un hervidero de gigantes consagrados como Facebook, Google o Apple y de nuevas empresas que atraen dinero de todo el mundo. Hay más personas con un patrimonio de al menos mil millones de dólares que en ningún otro lugar del mundo.

Lo que ocurre en San Francisco no es diferente de lo que pasa en otras ciudades del país, como Nueva York o Washington. Pero lo cierto es que la tendencia es especialmente agresiva en California. En Los Ángeles, la mayor ciudad del estado, los «sin techo» ocupan barrios enteros de la ciudad, como Skid Row, o amplias franjas de la playa, como en Venice Beach. Su número ha crecido un 16% en el último año, para una población sin hogar de 36.300 personas para una ciudad de cuatro millones de habitantes, según los últimos datos, publicados a comienzos de junio. La concentración es todavía mayor y la tendencia más acuciada en San Francisco, donde su número ha creído un 17% en los últimos dos años, hasta los algo más de 8.000 para una ciudad de 880.000 habitantes, según los números provisionales publicados en mayo que deben confirmarse este mes.

La situación en California no atañe solo a San Francisco y Los Ángeles. En la mayoría de los condados pudientes del estado se ha disparado el número de «sin techo» con aumentos del 125% en el de Humboldt, del 42% en San José, del 64% en Kern o del 43% en Santa Clara.

Las razones para este aumento disparado son complejas, pero tienen que ver con una sociedad con amplia desigualdad y con una falta de redes de seguridad -sanidad pública, prestaciones sociales, tejido familiar- por la que muchas personas acaban en la calle. Un factor decisivo es la vivienda, convertida casi en un lujo en San Francisco. La inundación de sueldos estratosféricos y de dinero de inversores en el sector tecnológico ha disparado los precios inmobiliarios: el alquiler medio de un apartamento de una habitación en la ciudad ha llegado a los 3.700 dólares mensuales. Para la compra de una casa unifamiliar se requiere unos ingresos de al menos 320.000 dólares al año.

Pocos confían tanto en encontrar soluciones simples a problemas complejos como el presidente de EE.UU., Donald Trump. De manera sorprende, él también se ha metido en el debate de los «sin techo». Lo hizo en una entrevista con el periodista Tucker Carlson, de Fox News, el canal más amable con el presidente. «Lo estamos mirando con mucha seriedad. Es posible que intercedamos», dijo sobre una hipotética acción de la Casa Blanca ante un problema del que demostró no saber mucho -«es un fenómeno que empezó hace dos años», apuntó de forma errónea- y que le preocupa casi como una cuestión estética: se lamentó por los trabajadores que van a su oficina y tienen que presencia el escenario de los campamentos de «sin techo» y por los líderes internacional que visitan EE.UU. y «no deben ver eso».

Gran contradicción

Trump no escondió un interés político: quienes gobiernan las ciudades más afectadas -en realidad, casi todas las ciudades del país.- son demócratas y aprovechó para atacarles. Trump no desvía el tiro y desnuda una gran contradicción: la de un estado de fuerte implantación demócrata como California que, a la vez, es vanguardia del progresismo y mira para otro lado cuando hay que hacer esfuerzos para contener una crisis social como esta.

Con un parlamento dominado por demócratas, California ha rechazado este año una ley para cambiar el uso del suelo y permitir la construcción de más vivienda, abaratar los precios y mejorar el acceso. Es el mejor ejemplo del llamado «not in my backyard» («no en mi jardín»), la oposición vecinal a cualquier desarrollo que altere su comunidad. Es decir, que tenga el potencial de disminuir el precio de su casa.