«La cara se me desprendía y ella me decía: 'Ahora ya estás guapo para tus amigas'»

«Me da mucha vergüenza decir que soy un hombre maltratado», afirma un vecino de Archena (Murcia) a quien su mujer quemó supuestamente con un líquido corrosivo

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Asegura que Deijanira siempre fue una mujer celosa. Que en un principio ocultaba ese sentimiento tras un falso sentido del humor. «Te ha gustado esa chica, ¿no es verdad? Pues lleva cuidado con lo que te vaya a gustar y lo que no», explica a La Verdad que le advertía con una de esas medias sonrisas que casi siempre inquietan más que un gesto desabrido. «Hace dos años la situación se agravó. Curiosamente, desde que dejé el transporte internacional y pasaba más tiempo en casa. Y eso que solo salía un rato los domingos por la mañana a tomarme una cerveza y dar un paseo».

José Antonio entiende que fueron las dificultades económicas las que acabaron minando la relación. «Cuando hay problemas de perras, al final todo se complica». De manera que la confianza y la complicidad, si alguna vez existieron, se acabaron quedando por el camino. Él le planteó que quería separarse y sostiene que si no llegó a hacerlo fue porque las cuentas no salían. «No se podían mantener dos casas con mi sueldo. Luego ella empezó a trabajar en una cooperativa y empecé a pensar que un día cada uno podría hacer su vida, que podríamos separarnos de forma civilizada, razonable. Yo no quería problemas, porque ya la vida es demasiado complicada sin necesidad de complicársela a conciencia. Le dije que no se preocupara, que se quedaría con la casa y con todo lo que le correspondiera», recuerda.

Ahora, volviendo la vista atrás, José Antonio piensa que el temor a verse abandonada pudo convertir esos celos incipientes en una auténtica celotipia. En algo de apariencia patológica. «Me llamaba continuamente para ver dónde estaba. Y si íbamos al supermercado y yo le dirigía la palabra a una mujer, aunque fuera para decir que las lechugas estaban caras, o lo que fuera, me gritaba: «Ya te acostaste con ella, ¿verdad?»

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