Zoo de Barcelona
Zoo de Barcelona - INÉS BAUCELLS

Barcelona solo quiere especies autóctonas en su zoo

El Ayuntamiento asumirá una iniciativa animalista para quitar los animales exóticos

BarcelonaActualizado:

Los parques zoológicos tal y como los conocimos, con enormes animales exóticos y espectáculos que dejaban a muchos boquiabiertos, están en peligro de extinción. La mayor concienciación medioambiental y las tesis animalistas los empujan a un nuevo rumbo, sin jaulas ni ejemplares desubicados fuera de su hábitat, como leones, jirafas o elefantes, y con predominio de autóctonos como inquilinos.

En Barcelona, el debate lleva años candente. Sus instalaciones en el corazón de la ciudad, justo al lado del Parlamento y con ya 127 años de historia, han quedado empequeñecidas. Con dificultades para crecer y ofrecer unos mejores hábitats a sus inquilinos, el cambio de chip de un espacio de exhibición a otro que prime la conservación, la investigación y la educación se ha acelerado. Todo, con una compleja negociación sobre la mesa sobre qué especies caben en este nuevo modelo. Se da por sentado que tienen que estar las que tengan garantizado su máximo bienestar y con ello quedan fuera las exóticas. Realizar la lista de admisión no es tarea fácil.

El trabajo, de años, para renovar la instalación ha llevado esta semana al gobierno de Ada Colau a pasos cruciales, no exentos de polémica: por un lado, se ha dado el visto bueno a un plan estratégico que va en esta línea y, por el otro, se ha aprobado una iniciativa ciudadana -arropada por más de 15.000 firmas bajo la plataforma de inspiración animalista Zoo XXI- que avanza en la misma dirección pero con un objetivo mucho más radical: indultar únicamente a once especies. La indecisión de Ada Colau, un clásico del mandato, hace que el Consistorio deje abiertas ambas propuestas.

«Los zoos de ahora tienen un sentido comercial y se genera estrés, sufrimiento y frustración a animales a los que obligamos a hacer una vida que no quieren», asegura a ABC Leonardo Anselmi, portavoz de la plataforma Zoo XXI. Entonces, ¿cierre? «Para nada», asegura el activista, que reconoce que en sus inicios el grupo sí quería echar el cerrojo a estas instalaciones pero que han visto que éste sería el peor destino para los animales y que «perderíamos la oportunidad de reconvertirlo en una institución de provecho».

Inquilinos felices

Con todo, su campaña quiere que estos centros solo cuenten con inquilinos que puedan ser plenamente felices allí. Es decir, ejemplares autóctonos, mediterráneos, que puedan vivir y reproducirse en el centro de Barcelona como si de su hábitat natural se tratara. En la práctica, esto suponen solo once especies frente las más de 300 actuales. Son seis tipos de pájaros, dos anfibios, dos reptiles y un mamífero. Cambio radical de zoo.

El hecho de que la iniciativa haya prosperado es visto como una amenaza directa por los empleados del centro, que temen por su trabajo. También como una irresponsabilidad por parte del comité que ha elaborado el plan estratégico. «Si se reducen las especies, los zoos dejarán de ser atractivos y pasarán a ser inviables», lamenta Àlex Aguilar, zoólogo de la Universitat de Barcelona y miembro del comité. Para él, el nuevo modelo tiene que priorizar, al mismo tiempo, la conservación y el espacio lúdico y recuerda que muchas especies en situación crítica han podido superar el peligro gracias a proyectos de reintroducción, sufragados a costa de entradas, como las gacelas dorcas.

«A veces no queda otro remedio que fomentar la conservación “ex situ” como única solución a la continuidad de la especie porque si no se pueden extinguir algunos animales», añade a ABC Jorge López, del servicio de Ecopatología de Fauna Salvaje de la Universitat Autònoma de Barcelona, recordando los también exitosos casos de recuperación del lince ibérico o el quebrantahuesos.