Cementerio de Dresde
Cementerio de Dresde - ABC

Alemania acelera la búsqueda de los bebés robados en la RDA

Se calcula que hubo unas 75.000 adopciones de las que no quedó constancia

Corresponsal en BerlínActualizado:

Por fin fue concedido el permiso y, el pasado lunes, la familia procedió a la exumación de la tumba del bebé, en un cementerio de Dresde. Petra Wehnert contuvo la respiración hasta comprobar lo que durante tres décadas había sospechado. Su hijo nunca fue enterrado allí, a pesar de lo que consta en la documentación oficial. En lugar de los restos del supuesto cadáver, aparecía dentro del ataúd solamente un hatillo de ropa de talla adulta. Ni rastro de Frank, el hermoso bebé de seis meses con el que acudió en brazos a la clínica, aparentemente por catarro del lactante. «Una enfermera me informó que había muerto, me dijo que debía irme a casa… Yo quedé bloqueada. Era muy joven, me sentía impotente. Eran otros tiempos, en la RDA uno no podía protestar contra un hospital», lagrimea aferrada a la única foto de su hijo, que hoy tendrá 30 años. Era un secreto a voces que muchos niños sanos fueron robados a sus madres y entregados en adopción a prominentes familias ligadas al Partido Comunista, pero la ausencia de documentación hace a menudo imposibles las investigaciones.

A Katrin Huhnholz, hoy una vendedora de 53 años, le dijeron que su primera hija había muerto al nacer, en la Clínica Universitaria de Leipzig, en 1985. Años más tarde, ya caído el Muro de Berlín, una enfermera que no podía soportar el peso sobre su conciencia la buscó para confesar que la niña había sido vendida a cambio de divisas a una pareja que vivía en la Alemania occidental, todo ello supervisado por la Stasi, temible policía de la Alemania comunista, en la que la corrupción dio lugar a casos como este. Katrin atesora una carpeta con recortes de prensa, fotos de antiguos periódicos en los que aparecen niños que en ese momento podrían tener la edad de su hija. «Escriba por favor que, si alguien tiene alguna sospecha, me busque en Leipzig, todo el mundo me conoce aquí, que pregunten por la madre a la que le robaron su niña», suplica.

A pesar del nada desdeñable esfuerzo que la Alemania reunificada ha hecho con la gestión de los archivos de la Stasi y el intenso trabajo de memoria histórica sobre los años de la RDA, estas familias siguen ignoradas. Solo en 2015 se formó la asociación Comunidad de Intereses de los niños robados de la RDA, que reúne a unos 1.500 afectados y unos 160 casos perdidos. «Lo tenemos muy difícil», dice el fundador de la asociación Adreas Laake, «las actas de nacimiento no son uniformes, las corregían a su antojo… intentamos ponernos en contacto con comadronas y personal médico de esa época, pero a menudo, por miedo, prefieren no hablar, son callejones sin salida». Pero no pierde la esperanza porque ha vivido la experiencia de recuperar a un hijo y ha jurado dedicar el resto de su vida a ayudar a padres como él. En abril de 1984, Andreas y su esposa embarazada intentaron huir por mar, en una pequeña barca con la que esperaban llegar a las costas de Dinamarca. Sus opiniones críticas con el régimen comunista auguraban ya lo peor para la vida que esperaba a su hijo en camino y el embarazo precipitó la decisión. Pero fueron capturados en el intento. Andreas fue a prisión y a su mujer le quitaron el hijo apenas nació. El 6 de octubre de 2013, tras una entrevista en el canal de televisión Sat 1, sonó el teléfono en su casa de Leipzig. Era su hijo, Marco, de 29 años de edad y al que todavía no conocía. La entrevista había conmovido a un miembro de su familia adoptiva que conocía la verdadera historia del bebé y propició el encuentro.

Laake calcula que en la RDA hubo unas 75.000 adopciones de las que no quedó constancia documental y que al menos una de cada diez tuvo motivaciones políticas. «Y no pasa nada», se queja, «hay madres buscando a sus hijos, hay casos demostrados de robo de niños, hay tumbas abiertas vacías… ¡y no pasa nada!».