Imagen de archivo de Manuel García Viejo atendiendo a un paciente en Sierra Leona - efe

El religioso español con ébola murió sin dolor

García Viejo había empeorado el miércoles. Este jueves solo pudo articular algunas palabras. Para aliviarle el sufrimiento se le dieron analgésicos

josefina g. stegmann
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El religioso español infectado con ébola y repatriado desde Sierra Leona, Manuel García Viejo falleció este jueves en el hospital La Paz-Carlos III tras luchar diez días contra la infección. En sus últimos momentos, García Viejo «estaba inconsciente por lo que no ha sufrido», según ha podido saber ABC.

El miércoles el misionero empezó a sufrir un empeoramiento generalizado, con graves daños en el hígado y los riñones, órganos vitales, tal y como publicó este periódico. Ayer aún pudo articular algunas palabras pero se mostraba confuso. «Manifestaba algo de dolor pero no tuvo un sufrimiento importante», indicaron las mismas fuentes.

Su tensión arterial empezó a bajar el miércoles por la noche y comenzó a empeorar dentro de la gravedad en la que ya se encontraba. Finalmente, el religioso «evolucionó hacia la hipotermia y su corazón se paró» ayer. Eran las 18 horas. Dos horas y 40 minutos después, se trasladó el cuerpo rumbo a Villalba para su incineración. No se esperó 24 horas, como en los procedimientos habituales, puesto que se trata de un cadáver infeccioso. La enfermedad es más agresiva.

García Viejo tenía 69 años y llevaba 30 en África, de los que 12 los había pasado en Sierra Leona. Allí era el director médico del Hospital San Juan de Dios en la localidad de Lunsar. El pasado sábado la Orden de San Juan de Dios informaba en un comunicado que el hermano había dado positivo al virus del ébola y que había pedido ser repatriado. El desarrollo de los acontecimientos fue mucho más rápido y menos caótico que cuando se produjo la repatriación del también religioso Miguel Pajares que llegó a nuestro país el pasado 7 de agosto y también fue trasladado al Carlos III aunque en esa ocasión el recinto se desalojó, lo que no fue considerado necesario en esta ocasión.

Pajares murió el 12 de agosto, cinco días después de ser ingresado. García Viejo resistió un día menos y estaba en peor condición clínica, no solo que Pajares sino que todos los pacientes europeos y de Estados Unidos que fueron repatriados.

Sin tratamiento experimental

El religioso no pudo recibir el tratamiento experimental ZMapp con el que se trató a otros enfermos por falta de existencias. Se plantearon otras alternativas como la transfusión de sangre de una persona que hubiera superado el virus. En teoría, los anticuerpos que el donante logró desarrollar contra el ébola deberían funcionar en el paciente infectado. Pero para ello, son necesarios algunos requisitos: el mismo grupo sanguíneo, haber superado la enfermedad hace poco tiempo (un mes) y no padecer otras patologías. Por este último motivo, se descartó el suero de un paciente alemán que padecía hepatitis B. «En cualquier caso, su estado de salud era tan malo que ningún tratamiento experimental hubiera podido salvarle», aseguraron fuentes a ABC.

García Viejo llegó a España a las 03.15 del lunes en un avión Hércules del Ala 31 de las Fuerzas Aéres del Ejército del Aire que aterrizó en la base aérea de Torrejón de Ardoz. El avión, adaptado a la misión de transporte sanitario, constaba de una cámara de aislamiento y un sistema de soporte vital para la monitorización permanente del paciente. A García Viejo lo acompañaban dos tripulaciones de vuelo más dos equipos médicos de la de la Unidad Médica de Aeroevacuación (UMAER), integrados por tres sanitarios cada uno.

«Bajo mínimos»

El religioso había pedido ser repatriado ante la gravedad de su estado. Había empezado a presentar síntomas el lunes de la semana pasada. García Viejo sabía bien qué era el ébola y no precisamente por padecerla. Había entregado su vida a África, y hacía apenas un mes había advertido en conversación telefónica con ABC que los hospitales estaban «trabajando prácticamente a mínimos». En aquellas fechas, el misionero aseguraba que, en Lunsar, «aún no habían constatado un caso confirmado de ébola, aunque había que estar vigilantes». Él había advertido de la situación, como también lo hizo Miguel Pajares en su momento. Los hospitales donde ambos trabajaban, el de San Juan de Dios en Lunsar (Sierra Leona) y el de San José en Monrovia (Liberia) tuvieron que cerrar a causa de los contagios.

La Orden aseguró que se trata de una medida «preventiva y temporal». Ambos estaban entregados a ayudar a los demás y precisamente el intento por vivir y sobre todo ayudar de primera mano, los condujo a morir por haberlo dejado todo.

La familia, destrozada

García Viejo era de Folgoso de la Ribera, un municipio leonés de algo más de 500 habitantes situado a 90 kilómetros de la capital, muy cerca de Ponferrada. Sus antiguos vecinos se fueron enterando poco a poco del desenlace. Alterados en su rutina habitual por periodistas, cámaras y fotógrafos, los habitantes de este municipio berciano repetían ayer lo que llevan diciendo desde el pasado sábado, cuando se supo que Manuel iba a ser repatriado: «Una gran persona», «imposible encontrara alguien así», «con gente como él no habría guerras»...Dolor y emoción ante la muerte del «vecino más querido», que ha llevado al Ayuntamiento a decretar dos días de luto oficial, a la espera de poder concretar con la familia un funeral en el que todos puedan darle su adiós, informa Montserrat Serrador.

El alcalde del municipio, José Antonio García, mostró a ABC el «profundo dolor y tristeza de todo el pueblo por el fallecimiento de nuestro convecino, una gran persona, cercano y amable, que dio su vida al servicio de los demás».

El primer edil habló con uno de los sobrinos del misionero, quien le trasladó que la familia se encuentra «destrozada». En la memoria de Folgoso quedará el recuerdo de un vecino ejemplar, médico y misionero capaz de dar su propia sangre para poder hacer una operación en medio de la miseria de África.