El párroco, Andréy Kórdochkin - g. llona

La Iglesia Ortodoxa Rusa abre las puertas de su nuevo templo en Madrid

El párroco Andréy Kórdochkin habla para ABC.es sobre lo que une y diferencia a ortodoxos y católicos, los retos que afrontan sus feligreses y las manifestaciones blasfemas de las Pussy Riot

Actualizado:

Más de dos horas de pie en un espacio grande, pero en el que no cabía un alfiler. ABC.es asistió el pasado domingo a la Santa Misa que se celebró en el nuevo templo que la Iglesia Ortodoxa Rusa ha levantado en la madrileña Gran Vía de Hortaleza. El párroco de esta comunidad cristiana, Andréy Kórdochkin, abrió las puertas de la nueva «basílica» y habló para la web sobre lo que une y diferencia a ortodoxos y católicos, los retos que afrontan sus feligreses y las manifestaciones blasfemas de las feministas radicales Pussy Riot. [Galería de imágenes: Misa en el nuevo templo ortodoxo ruso en Madrid]

«Dábamos catequesis a los niños en la cocina y el salón de mi casa»

Las cinco cúpulas doradas con forma de cebolla de la iglesia de Santa María Magdalena se ven desde lejos. La central representa a Jesucristo, y las otras cuatro que la rodean a los evangelistas. «El templo tiene que ser una imagen del Cielo en la Tierra, no puede ser una caja de hormigón. Y además, debe ser un mensaje para los que están fuera, porque detrás de la arquitectura siempre hay palabras», explica Kórdochkin. El nuevo edifico ha despertado la curiosidad de los vecinos del barrio. «Antes de la colocación de las cúpulas hubo muy poco interés, pero dentro de poco tendremos que avisar a la DGT para que ponga aquí una señal de tramo de concentración de accidentes, porque cuando pasan muchos conductores se ponen a mirar absortos nuestra iglesia», afirma el barbudo párroco natural de San Petersburgo.

La comunidad ortodoxa rusa está repartida en España en 11 parroquias. Salvo la madrileña, ninguna tiene templo propio, por lo que alquilan locales o se reúnen en lugares cedidos por la Iglesia Católica. En Altea, Alicante, un empresario ruso construyó otra iglesia, aunque no es propiedad del Patriarcado de Moscú, sino del promotor. «De manera que este es el segundo templo ortodoxo ruso en España y en toda la Península Ibérica», explica Kórdochkin. Aunque lo parezca por sus dimensiones y belleza, el nuevo edificio no es una catedral, porque su obispo, Néstor de Korsun, no está en Madrid, sino en París.

La comunidad madrileña, que se formó hace 12 años, comenzó reuniéndose en la casa del sacerdote que precedió a Kórdochkin. Después en una capilla católica de la Ciudad Universitaria, y más adelante en un local que había sido frutería y locutorio. Este tenía una superficie de unos 40 metros cuadrados, por lo que muchos feligreses tenían que seguir las celebraciones desde la calle. Cuando llegó el padre Andréy, hace nueve años, la parroquia pasó a ocupar una carpintería. «¡Como la de San José!», añade. Fue entonces cuando se puso en marcha el plan para construir un templo. La compañía estatal Ferrocarriles Rusos financió gran parte del proyecto, para el que la española Talgo también hizo una donación importante. «Aunque se cree que los rusos son muy poderosos, e incluso mafiosos, esta parroquia es muy humilde. Los hombres trabajan, o trabajaban, en la construcción, y las mujeres en el servicio de limpieza o cuidando ancianos», asegura el sacerdote.

El nombre del templo también tiene su historia. «Desde 1761 hubo una capilla en la embajada rusa en Madrid que estaba dedicada a Santa María Magdalena. Cuando cerró sus puertas a finales del siglo XIX se mandaron sus iconos, entre ellos una imagen de la santa, a Argentina. Allí, en una parroquia ortodoxa de Rosario, localizamos la imagen y conseguimos traerla a la nueva iglesia», cuenta Kórdochkin.

Las puertas del espíritu

El edificio anexo a la iglesia alberga dos aulas donde dan catecismo los dos sacerdotes de la comunidad, el párroco y Andréy Borisiuk, ucraniano nieto de un «niño de la guerra» español exiliado en la URSS. «Antes, cuando estábamos en la carpintería, dábamos catequesis a los niños en mi casa, un grupo en la cocina y otro en el salón», recuerda Kórdochkin. Ahora, están intentando organizar clases de ruso, sobre todo para los más pequeños de la comunidad. Al párroco le preocupa mucho que puedan perder su lengua materna. «A veces, hay más interés en preservar el idioma de los niños en las familias de padres adoptivos que en las de padres rusos», lamenta.

«La cruz que está sobre el retablo y en la entrada del templo es la asturiana»

«Muchos, después de estar en España unos años comienzan a hablar una mezcla de español y de ruso que es una broma de español y de ruso. Es una cuestión de prioridades. Como por saber ruso no vas a pagar la hipoteca, la factura de la luz o la leche en el supermercado... Pero a los niños que pierden el vínculo con su lengua materna se les cierran las puertas de su cultura religiosa», denuncia apesadumbrado Kórdochkin. En cualquier caso, el del idioma no es un asunto baladí en esta parroquia, dado que entre sus dos centenares de feligreses, además de rusos y ucranianos, georgianos, armenios, moldavos, españoles, un estadounidense y una colombiana.

De hecho, el idioma en el que se canta la Misa en la iglesia de Santa María Magdalena no es ruso. Tampoco ucraniano ni ningún otro que hable comunidad humana alguna. «Es eslavo eclesiástico, una lengua creada para facilitar la traslación de los oficios en griego a los pueblos eslavos. No es como el latín para un español, porque un rusohablante va a entender bastante de lo que se dice en la ceremonia», cuenta el párroco.

Unidos durante el primer milenio

En el nuevo templo no hay confesionarios, porque los dos Andréy confiesan en pie. Tampoco hay bancos, porque la Santa Misa -de unas dos horas de duración- es también de pie. Además, durante la mayor parte de la celebración, el sacerdote da la espalda a los fieles, tal y como se hacia antiguamente en la Iglesia Católica. La liturgia ortodoxa -que es la de San Juan Crisóstomo, muy parecida a la hispano mozárabe- es una oración o cántico continuado. «No es una unión de fragmentos. En el rito católico es fácil saber cuándo empieza y cuando termina una celebración, en el ortodoxo no», explica Kórdochkin.

En la iglesia de Santa María Magdalena no sólo se emplea la cruz rusa de ocho puntas. «La que está sobre el retablo y en la entrada del templo es la asturiana», afirma el párroco. Los ortodoxos utilizan entre otros este viejo signo cristiano porque sienten como propios los símbolos y santuarios españoles del primer milenio, esto es, del tiempo anterior a la separación de Roma. «Por eso organizamos peregrinaciones a lugares como la catedral de Santiago de Compostela, templos prerrománicos o las iglesias mozárabes del siglo VII en Castilla y León», cuenta el sacerdote.

También veneran a los santos hispanos de entonces, como Santa Orosia, la patrona de origen eslavo de Jaca (Huesca). «De hecho, uno de los mejores viajes que hicimos fue a esta ciudad del Pirineo aragonés, donde visitamos la catedral, y a Yebra de Basa. Cerca de este pueblo hicimos una ruta entre montañas que va hasta el lugar donde los musulmanes mutilaron y decapitaron a la santa por no querer renunciar a Cristo, y nos pilló una tormenta tan fuerte que nos tuvo que rescatar la Guardia Civil», recuerda riendo Kórdochkin.

Hermano católico

Al católico desinformado le chocará que el párroco de Santa María Magdalena esté casado y tenga una hija. «San Pablo decía que un obispo tenía que estar casado. Ahora, en la Iglesia Ortodoxa Rusa los obispos son monjes, y la mayor parte del clero parroquial está casado, pero sólo puedes casarse antes de ser ordenado sacerdote, no después», explica Kórdochkin. De todos modos, aunque existan algunas diferencias formales entre Roma y los patriarcados, ambas partes están de acuerdo en lo fundamental. «Reconocemos los sacramentos de la Iglesia Católica y ella reconoce los nuestros [por ejemplo, si alguien cambia de iglesia no es bautizado de nuevo], pero no practicamos concelebraciones ni la intercomunión», afirma. Los sacerdotes católicos tienen permitido dar la comunión a los fieles ortodoxos, «pero nosotros no damos sacramentos a quienes no son ortodoxos, somos muy duros con esto», reconoce.

«No damos sacramentos a quienes no son ortodoxos, somos muy duros en esto»

Kórdochkin asegura que su comunidad no quiere hacer proselitismo entre los fieles a Roma, entre otras razones porque mantener buenas relaciones con la Iglesia Católica es para los ortodoxos rusos una prioridad. «Antes de que tuviésemos templo, pudimos hacer celebraciones en capillas e iglesias católicas. Y después, el secretario general de la Conferencia Episcopal Española, Juan Antonio Martínez Camino, estuvo con nosotros cuando se puso la primera piedra de esta iglesia y cuando se inauguró», recuerda el sacerdote. Con todo, el padre Andréy cree que Roma y los patriarcados nunca se unirán. «Es difícil... Si tú preguntas ahora a un griego quiénes son los católicos, te dirá que los que fueron a Constantinopla en la Cuarta Cruzada y la saquearon», afirma.

Aún existe mucho resquemor, y desconocimiento, que es el origen del miedo. «Cuando oigo en Rusia a alguien hablar mal de los católicos siempre le pregunto, ¿a cuántos católicos, sacerdotes o monjes conoces tú en persona y no a través de los libros o de internet? Pero a nosotros aquí también nos pasó una vez algo parecido. En la catedral de Jaca preguntamos a un sacerdote si podíamos hacer una oración de cinco minutos, nos dijo que no, que la misa iba a comenzar en 15 minutos y que podíamos sentarnos y rezar en silencio. Lo hicimos, volvió y nos dijo que o nos quedábamos a oír misa o nos teníamos que marchar. Nos levantamos y cuando nos íbamos el cura le dijo a otro "son ortodoxos, hacen lo que quieren"», cuenta con pena Kórdochkin. «Era un señor muy mayor, y sólo nos ha pasado algo así en una ocasión», explica.

Aborto, matrinomio gay... y las Pussy Riot

En las cuestiones éticas importantes, el acuerdo entre católicos y ortodoxos es total. «En una sociedad libre todas las personas tienen derecho a vivir su vida según su fe, y todos los niños a vivir y a tener un padre y una madre», afirma Kórdochkin. «El laicismo quiere una sociedad tolerante con todo menos con la confesión de la fe. Corremos el peligro de que suceda ahora en Europa lo que ocurrió en la URSS, cuya constitución declaraba el derecho de todos los ciudadanos a practicar su religión o a no practicar ninguna, pero de hecho se persiguió cruelmente a los creyentes», denuncia el párroco.

«Para nosotros confesar la fe no es solamente cantar el credo, es también vivir según nuestra fe. Así, si un doctor rechaza practicar un aborto también está confesando su fe. Desde el Imperio Romano, pasando por la Unión Soviética, los cristianos han estado siempre en peligro cuando el Estado se ha declarado autoridad suprema», sostiene Kórdochkin. Con todo, la persecución no viene sólo en forma de ley. Las manifestaciones blasfemas de las feministas radicales Pussy Riot también han atentado contra las creencias religiosas de muchos rusos y cristianos en general.

En opinión del párroco, quienes acusan a los ortodoxos de estar detrás del encarcelamiento de las jóvenes rockeras se equivocan. «Es injusto, es más probable que encuentre una pintada de "Free Pussy Riot" en nuestra iglesia que en ningún otro lugar, cuando quien las ha metido en prisión ha sido el Estado», protesta. Kórdochkin cree que estas chicas han sido manipuladas y teledirigidas por fuerzas políticas que no quieren dar la cara. «Muchas personas creyeron que las últimas elecciones al Parlamento ruso no fueron justas, y se quiso redirigir todo el descontento contra la Iglesia Ortodoxa Rusa», cree el párroco. Pero si fue eso lo que ocurrió, ¿a quién le interesaba convertir a la Iglesia en chivo expiatorio? «¡Piénsalo en casa!», concluye Kórdochkin.