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«Félix»

Leo Sbaraglia: «Ojalá hiciera por amor tantas cosas como “Félix”»

El argentino protagoniza la nueva serie de Movistar+, del cineasta Cesc Gay

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Si pudieran cruzarse «Con la muerte en los talones», «Fargo» y «Friends», quizá lo harían en Andorra, donde Cesc Gay sitúa «Félix». La última serie de Movistar+, que estrena a tacitas esta noche en #0 (23.05) y en su área de series de una tacada, es un thriller de intriga con un particular sentido del humor. El director de «En la ciudad» y «Truman» ha coescrito con Tomàs Aragay la historia, que competirá en la primera edición de CanneSeries. A lo largo de seis capítulos de 50 minutos, el Félix del título (Leonardo Sbaraglia) busca con valiente desesperación a una mujer china (Mi Hoa Lee da vida a Julia) que según todos los indicios le ha robado el corazón. Ginés García Millán, Pere Arquillué, Irene Montalá y Pedro Casablanc son otros de los actores principales del reparto.

«Es muy romántica», corrobora Sbaraglia. «Félix es una especie en extinción, un tipo que todavía cree en la humanidad y en su intuición, que lucha contra los molinos de viento». El argentino explica que tiene dos escuderos (o «laderos»), Arquillué y García Millán, cada uno en su estilo. Los tres son personas corrientes, casi felices, algo tan extraño en las tramas policiacas como en las de amor.

Apología de la normalidad

«Yo quería contar la historia de un tipo normal que se mete en un lío. Sentí que lo interesante era su mundo, que es de gente normal, como nosotros. Lo que no es normal es el personal que puebla las series de ficción, que todos son asesinos o policías nosecuántos... En ese caminar con la gente normal me he nutrido en mi obra, aunque luego aparece Casablanc, que hace un hijo de puta fantástico».

Leo Sbaraglia admite, sin embargo, que Félix es más radical o valeroso en su romanticismo que él mismo. «A ese extremo, desgraciadamente, yo no llego. Ojalá vaya para ese lado. Creo que vale la pena. He hecho cosas por amor, por supuesto, y he hecho locuras por amor, pero esa tenacidad que tiene Félix es admirable».

A cambio, su personaje también es más patoso que el actor, peor dotado para la comuicación, aunque igualmente seductor. «Para prepararlo hablamos mucho de Buster Keaton, con toda humildad, y de Chaplin. Después vi “Friends” mientras rodábamos. De Ross tomé esas cosas como que no puede acomodar su cuerpo en el espacio. Me gustaba mucho ese desafío, porque en general he tendido a trabajar de manera más realista. El humor, si bien me fascina, lo he explorado poco, mucho menos como actor». Llegar al punto de cocción perfecto no fue fácil: «Cesc me sacaba todo el tiempo de mi lugar. Era como si me estuviera resbalando siempre. Cada vez que me acomodaba en mi expresión, réplica a réplica, tenía que encontrar minuciosamente esa incomodidad, de qué manera caerme. Si yo encontraba la comodidad, automáticamente sabía que algo no andaba bien. Hay algunas tomas que son completamente slapstick», ese humor casi de cine mudo, muy físico y visual.

Llegar a Félix, en suma, fue «un viaje espiritual, un viaje zen al Himalaya». «Tuve que ir dentro de Félix, en ese templo en el cual no podía enfermar ni deprimirme. Tenía que convivir con eso todo el tiempo. Fueron doce horas de rodaje constante, siempre rodeado de personas que me estaban filmando. Estaba en todas las secuencias, de principio a fin».

Ganas de «suicidarse»

Su rutina diaria incluía la visión de alguna serie, aunque hasta en eso tuvo que evolucionar: «Llegaba a casa y por lo general pedía algo de comida del catering porque no tenía mucho tiempo y no podía ni salir. La calentaba, me ponía a estudiar y miraba algún capítulo de “Black Mirror”, por ejemplo. Vi tres o cuatro y me dieron ganas de suicidarme. Entonces dejé de ver. Dije. No, Andorra no es “Black Mirror” porque me tiro, me voy. Quizás es más “Friends”… ».

El final no fue tan feliz o no del todo. «Cuando terminé me deprimí, claro, porque me dije: y ahora quién soy yo después de Félix. Pero fue una experiencia maravillosa. Cesc Gay es el compañero de viaje ideal. No solo es un grandísimo director, sino un gran tipo».