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La reconquista española del mundo, a través de las series

Productores, creadores y directivos comparten con ABC las causas del boom de nuestra ficción

Pedro Alonso, durante la presentación de «La casa de papel» en Montecarlo
Pedro Alonso, durante la presentación de «La casa de papel» en Montecarlo - AFP
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Para la ficción española nunca se pone el sol. Lleva dos décadas de dominio sobre las series extranjeras en nuestro país, casi siempre con presupuestos más modestos. Más sorprendente aún resulta que esa pasión se haya expandido por medio mundo, con la ayuda inesperada de las plataformas, justo cuando «la ficción televisiva se ha convertido en el formato artístico más demandado del siglo XXI», como define Fernando López Puig, director de Cine y Ficción de RTVE. Mientras las cadenas generalistas siguen explotando el filón, Netflix tiene en marcha media docena de proyectos con denominación de origen española y Movistar+ dobla la apuesta, con una inversión anual de 70 millones, como acaba de anunciar en Cannes su director de Ficción Original, Domingo Corral.

El peso de la industria va más allá de unos números que por otro lado se sostienen solos. Emilio Gayo, presidente de Telefónica España, reconoció en el último Mipcom la crucial importancia de la televisión para la compañía, «un pilar fundamental en su oferta para más de 11 millones de usuarios diarios y un activo de fidelización clave».

«Fue providencial que las primeras series que produjimos en los 90 tuvieran un éxito absoluto en prime time», recuerda Daniel Écija, creador de la productora Good Mood y en su día cofundador de Globomedia. «Aquellas series marcaron el camino. El producto importado acaparaba las parrillas de la época. Fuimos pioneros en la producción propia, que empezó a ser competitiva. De repente, el comportamiento del ciudadano cambió». Empezó a ser más rentable producir ficción que comprarla, porque nuestras series doblaban la audiencia media de sus cadenas. Así nació una industria que veinte años después da muestras de madurez. «Se empezó a generar una plantilla de guionistas y productores ejecutivos. Fue una revolución hacia la modernidad, un gran salto de estructura con series de largo recorrido que requerían equipos», añade Écija.

Teresa Fernández Valdés, productora ejecutiva de Bambú, cuenta que fuera de España no se podían creer que las series americanas no gobernaran en nuestras parrillas, al contrario que el cine estadounidense, dueño de la cartelera. «Nuestro público buscaba referencias regionales, referentes de actores, un idioma que les aproximara a la realidad», explica.

«La principal razón de que España tenga una industria televisiva y no tanto cinematográfica fue que las ficciones americanas no funcionaron en el prime time español», corrobora Iván Escobar, creador de series como «El barco» y «Vis a vis». «Hemos sido un ecosistema extraño, donde surgieron Bambú, Globomedia, Zeppelin…». También fue fundamental, en opinión del guionista, «no intentar imitar las series americanas, sino desarrollar un ADN propio, que ha resultado ser muy exportable, porque al final las narrativas y los conflictos son universales».

Bendita globalización

«Esa apuesta por la ficción nacional fue determinante para que surgieran profesionales extraordinarios», añade Arantxa Écija, directora de Ficción de Mediaset. Fue la preparación necesaria para aprovechar la globalización posterior. «El público de fuera supo reconocer grandes historias, hechas con mucho mimo y talento, que se basan en tramas y personajes muy bien construidos y sin grandes presupuestos». Competir tantos años con las series americanas en horario estelar permitió «crear una industria que sabía y sabe batirse con los grandes productos».

Sonia Martínez, directora de Ficción de Atresmedia, señala la importancia del viaje que hicieron las series españolas de lo pequeño a lo universal, informa Lucía M. Cabanelas. «La ficción tenía que ver con mi familia, mi colegio, mi ayuntamiento, mi farmacia… era todo pequeñito. “Fariña” es grande porque cuenta cosas universales, independientemente de que esté ambientada en Galicia o donde sea. Antes éramos pequeños en ambición. Hemos trabajado una forma de construir personajes que nos ha hecho crecer emocionalmente. Creo que ahí damos el salto», opina la directiva.

En todo caso, «la ficción española siempre ha sido muy respetada y admirada en el exterior», insiste López Puig, quien también destaca la calidad conseguida «a un precio más que ajustado». Eso ha hecho que, desde fuera, siempre nos hayan visto «bastante mejor que nos vemos nosotros desde dentro». «La globalización del consumo nos ha puesto en un buen lugar en el mercado», resume.

Comparaciones con el cine

Fran Araújo, director editorial de las series de Movistar, cree que la llegada de las plataformas también fue «muy positiva por la propia tele en abierto, que actualizó ciertos elementos. Javier Méndez, director de Contenidos de Mediapro, añade otro factor a la ecuación del éxito: «Surgen productoras, como en nuestro grupo, que identificamos el papel de productores y el de los escritores y creadores». Nacen los llamados showrunners españoles, figura que «hasta hace poco no estaba suficientemente reivindicada».

En este camino, Movistar parece haber dado un paso más, al dar especial protagonismo a directores de cine, lo que ha acentuado el acabado cinematográfico de muchas series. «Cuando empezamos con el proyecto de nuestros “originales” buscábamos, en un país donde se hacen muy buenas series, darles personalidad y un elemento diferencial, que los valores de producción fuesen muy altos. Es verdad que hemos trabajado con directores de cine en “La peste” y “Gigantes”, aunque otros vienen de la televisión, y que también hay una intención real de puesta en escena muy potente. Pero pensamos que las barreras se han desdibujado y lo importante es contar historias y poner el talento a ese servicio, en un formato o en otro», explica Araújo.

Al directivo le resulta difíciles, por otro lado, comparar los costes en cine y televisión. «Al margen del dinero, intentamos rodar un porcentaje de páginas por minuto similares a lo que se hace en cine», admite. Méndez coincide en la importancia de los plazos y en que «la línea antes insalvable entre cine y televisión ya no existe», por un doble motivo, que ha «acercado ambos mundos». «En televisión se ha exigido más y en el cine se ha ido en sentido contrario, con estructuras de producción más ágiles».

Retos para el futuro

No quedan muchos territorios por conquistar, aunque López Puig apunta Asia como gran mercado todavía «sin destapar» del todo, porque «serán los grandes consumidores de ficción en el futuro». El responsable de Ficción de RTVE también cree que deben abordarse otros objetivos, como lograr ayudas similares a las del cine: «Sería estupendo que el Estado también dedicara fondos y ayudas al desarrollo o creara mecanismos que faciliten la financiación».

Daniel Écija insiste en no desaprovechar este momento único, «sin perder la referencia de que esto es una industria en la que debemos aportar prestigio, relevancia, marca y fidelizar al público». Otra asignatura pendiente, agrega, es «gastar en marketing», como siempre ha hecho el cine, necesidad también apuntada por Fernández Valdés, que añade como reto superar la barrera de los 500.000 euros por episodi y asentarse «en el millón de eurospor capítulo». Écija da asimismo la razón a López Puig: «Nuestros gobernantes deben ver que estamos ante una oportunidad, que nuestro país es un referente. Deberían generar estímulos similares a los que disfrutan otros sectores. Hay que dar viento de popa al sector para exportar nuestra cultura».