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Movistar+ «Nasdrovia», una comedia con acento ruso que susurra al público

Leonor Watling y Hugo Silva protagonizan la nueva serie de Movistar+, que experimenta con monólogos a cámara

Hugo Silva y Leonor Watling
Hugo Silva y Leonor Watling - Inés Molinero/Movsitar+
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En la madrileña calle de Atocha, al lado de la Parroquia de Santa Cruz, donde decenas de fieles hacen cola cada miércoles para pedir lo imposible a San Judas, dos abogados reconvertidos en hosteleros, un excéntrico cocinero y unos cuantos mafiosos rusos han ocupado durante tres semanas un edificio aparentemente abandonado, que hace décadas fue una de las muchas fábricas de telas del barrio. Ahora, es el ficticio restaurante ruso Nasdrovia, que da nombre a la nueva comedia de Movistar+ y Globomedia, protagonizada por Leonor Watling y Hugo Silva. Los actores, bajo las órdenes de Marc Vigil, dan vida a Edurne y Julián, dos exitosos letrados divorciados y algo esnob que, cansados de su vida anodina, deciden crear un local que acaba convirtiéndose en el favorito de la mafia del país de Putin.

«En el fondo, “Nasdrovia” habla de cualquier tipo de crisis de identidad. Yo tuve la de los 40 desde los 30, y ya estoy pensando en los problemas de próstata de los 80», bromea Sergio Sarria, autor de la novela «El hombre que odiaba a Paulo Coelho» en la que se basa la serie que ha creado junto a Luismi Pérez y Miguel Esteban. «Los protagonistas son este tipo de gente que tiene todo, se siente infeliz y cuando lo manda todo al garete se da cuenta de que lo que tenía estaba muy bien», añade el perfeccionista Vigil, que se ha afanado para encontrar el tono de esta comedia «sin chistes», generar empatía con el espectador y crear unos mafiosos «como en “Los Soprano”», con problemas e inquietudes, más o menos banales.

Aunque en el libro el protagonista es Julián, decidieron que en «Nasdrovia» la historia se contase bajo el punto de vista de Edurne. «En la mafia hay mucha testosterona, y nos apetecía que el contrapeso fuera un personaje femenino potente, con carácter y sentido del humor», reconocen los guionistas. Ella, además, busca la complicidad del espectador con parlamentos a cámara. «Cuando lo leí pensé en Kevin Spacey, pero también en Woody Allen, en Groucho Marx… Mis monólogos tienen más que ver con estos dos últimos, son como un guiño cómplice. Al principio fue complicado, porque estamos entrenados para hacer que la cámara no existe», admite Watling sentada en una de las imponentes mesas rusas del local, que tiene tanto mobiliario importado como piezas diseñadas específicamente para la ficción.

Un Madrid real

«En nuestro Nasdrovia, las paredes están desconchadas, pero tienen un aire moderno, como si su dueño se hubiera quedado sin dinero a medio construir. El siglo XX ruso tuvo una época aristocrática, otra revolucionaria y una más moderna, y hemos acoplado esos tres estilos al restaurante. Nos ha tocado rediseñar las etiquetas de todas las botellas, porque en esta serie se bebe mucho, se fuma, se mata gente...», relata entre risas Jorge Fernández de Soto, director de arte. Entre los parroquianos del Nasdrovia está el capo jefe, a quien da vida Anton Yakovlev. «Me he tenido que aprender unos textos enormes en castellano, pero estoy encantado, hasta me lavo los dientes en español. Tenemos un profesor que me ayuda con el idioma y a los españoles con el ruso», cuenta Yakovlev. Luis Bermejo, que interpreta al cocinero Franky, es el damnificado (o afortunado, según se mire) al que le ha tocado actuar en la lengua de la antigua URSS.

Los seis episodios de la ficción, que concluyó su rodaje el viernes, se han grabado en escenarios naturales de Madrid y alrededores, incluyendo ostentosas propiedades de rusos «con mucho dinero» y lugares populares como el Mercado de la Cebada, la plaza de Santa Bárbara, la calles Reina y Valverde y la plaza de los Mostenses, entre otros. «Aparecen incluso sitios decadentes a los que todos los madrileños vamos. Madrid se ve y se respira y eso mola mucho, porque no salimos a tomar copas en los bares tipo que se recrean en un plató», reivindica Silva.