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Álex Pina: «Zarandear al espectador es hacerle ver que está vivo»

El creador de «La casa de papel» habla de su afición por el riesgo, porque «hoy lo estándar no tiene valor»

Álex Pina
Álex Pina - Netflix
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Álex Pina (Pamplona, 1970) es un creador de series casi infalible, responsable de un porcentaje asombroso de los recuerdos del español medio. Ahora además los pinta con una paleta potente, por lo que son aún más difíciles de borrar. No puede ser casualidad que títulos como «Los Simpson», «Breaking bad» y «El cuento de la criada» compartan el recurso con «Vis a vis» y «La casa de papel». «La verdad es que siempre buscamos un diferencial y un ADN muy claro y cromáticamente también, con colores primarios», explica Pina. «Esto da una identidad visual muy poderosa. Hoy, con 500 series que se hacen solo en Estados Unidos, tienes que tener una imagen icónica para que con un fotograma uno sepa lo que ve».

Su viaje es peculiar, de lo generalista a las narrativas propias del pago. «Vis a vis» y «La casa de papel» saltaron de Antena 3 a Fox y Netflix, que ha fichado a Pina para seguir conquistando el mundo con sus historias. La erosión entre el público masivo se ha revertido por la complicidad fan de una audiencia global. «Así como antes parecía que se premiaba ser conservador, que los caminos fueran blancos, ahora estamos justo en el otro lado. La gente ha visto tanta ficción que premia lo diferente y el riesgo es una virtud. El otro día, en un festival en Francia el moderador nos decía que habíamos metido un flashback dentro de otro flashback dentro de otro flashback. Si el espectador lo entiende, da igual. Ahí está la clave. Eso te permite una libertad absoluta a la hora de contar».

¿De quién es el mérito de esta «educación»? «El espectador se educa solo. Sus horas le cuesta ante el televisor. Ha visto tanto que sabe cuándo le ofreces algo trillado. Hoy lo estándar no tiene valor. Se ha gastado. Cuando hacemos diálogos no podemos usar determinadas palabras, como amor o corazón, porque ya están atadas. Todo hay que hacerlo de manera diferente».

Netflix

¿Cómo nació «La casa de papel»? «Me apetecía llevar el género de atraco perfecto a la tele. Solo existía en el cine y era un reto muy grande convertir esos 90 minutos en más de mil. Tienes que dotar a los personajes de unas capas y unos volúmenes tremendos. Aparte, cambiamos el tono general masculino por uno femenino».

Próximos proyectos

¿Cómo será «Sky rojo», que prepara para Netlfix? «Será una evolución coherente. De “Vis a vis” pasamos a “La casa...” ahondando en la ambigüedad de los personajes, en el bien y el mal, pero estábamos cansados del drama brutal y sórdido y queríamos una serie hedonista y luminosa. Con la nueva serie recojo un testigo que está en “La casa de papel”, los hitos frenéticos y la compresión del tiempo. El punto de partida fue que en las pelis de acción lo mejor son siempre los terceros actos. Entonces, ¿por qué no hacer siempre un tercer acto? A partir de ahí buscamos la historia».

Pina, entretanto, también prepara para Movistar+ la serie «El embarcadero», producida por Vancouver Media (su productora desde que abandonó Globomedia») y Atresmedia Studio, con Irene Arcos, Álvaro Morte, Cecilia Roth, Roberto Enríquez, Marta Milans, Paco Manzanedo, Verónica Sánchez y Miquel Fernández en el reparto.

¿Hasta qué punto le sorprendió el éxito de una serie tan trabajada como «La casa de papel»? «El éxito en Netflix es muy sorprendente. Que alguien se tatúe tus personajes en los brazos o que en Arabia Saudí hagan banderas lo es, lo cual no quiere decir que las decisiones no estén tomadas después de meditarlas mucho, de las caretas de Dalí hasta la música, el color o el diseño de producción. Tuvimos que pensar mucho, lo cual no te garantiza nada».

Apenas tiene fracasos («Bienvenidos al Lolita»), pero ¿alguna vez echó las culpas al público? «He sabido reconocer perfectamente las razones de mis fracasos. Era muy consciente de que distaba mucho la idea que tenía en la cabeza del resultado final». ¿Hay que ofrecer al público lo que pide o se le pueden dar disgustos? «Jugamos mucho con el espectador y lo manipulamos. Zarandearlo es hacerle ver que está vivo. Es mucho más eficaz para su experiencia visual. Que odie a un personaje como Berlín, cruel y misóginmo, con tendencias narcisistas y psicópatas, y de pronto hacer que el espectador se enamore. Cuando cambias el foco moral es más divertido y la experiencia de ver una serie se hace más estimulante».

Con esta obsesión por lo nuevo, ¿siguen aportando ideas los clásicos? «Es verdad que hay comedias que ves ahora, como “Cheers”, y resultan ingenuas, pero siempre puedes aprender de clásicos como “Luz de luna”, que es gigante lo que ha aportado. Luego hay referentes del cine como “La fiera de mi niña” o “Friends”, que la ve ahora mi hija y mantiene el tipo con mucha dignidad. Cuando la calidad es descomunal puede durar mucho tiempo».

¿Es más duro empezar una nueva historia o inventar una continuación para «La casa de papel»? «Nos ha costado muchísimo más abrir la casa, por muchas razones. En su momento tenía un final cerrado. Ha supuesto pensar muchísimo para sortear los tremendos problemas que teníamos porque los personajes están en un lugar completamente diferente. Necesitábamos una idea descomunal. Y luego la presión es tremenda. La serie se ha mantenido durante seis semanas seguidas como la más maratoniana, solo por detrás de “Juego de tronos”, que estuvo once. Y abrir la casa con un público absolutamente entregado, de culto, supone luchar contra un efecto brutal en lo audiovisual, que es el de decepción».

Con el acuerdo con Netflix hablan de crear y desarrollar proyectos desde España para todo el mundo. ¿Se hace marca de un país creando series? «Evidentemente se hace marca España y lo ampliaría a marca latina. Nuestra importancia es gigantesca. Somos el tercer idioma más hablado del mundo y tenía sentido que nuestra pujanza aumentara varios puntos. No solo nosotros, desde Vancouver. Hay otra mucha gente, como Ramón Campos y Javier Olivares, que hacen series que triunfan en el resto del mundo».

¿Qué ha cambiado para que en muchos países hispanos acepten mejor nuestra forma de hablar? «Nos hemos dado cuenta de que cuando hay una historia buena uno se habitúa». ¿De verdad vamos a «revertir la predominancia de las grandes industrias anglosajonas de ficción»? ¿Se puede competir contra el imperio? «No es una cuestión de tener una guerra. Solo hay que revertir una diferencia abismal, porque antes al resto del mundo no solo llegaba lo bueno de norteamérica, que es loable, sino cosas de segunda y tercera división. En Europa se hacen cosas mucho mejores, suecas, inglesas, españolas, italianas... Ese es el objetivo y es evidente que se puede. Aportamos algo diferente para el resto del mundo, series más emocionales, con distintos planteamientos que la narrativa norteamericana.