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Lutero: La Reforma Las mentiras históricas sobre Lutero, el fraile que desafió a la Iglesia católica

COSMO estrena a las 16.00 horas este domingo, 9 de septiembre, los dos capítulos de la miniserie «Lutero. La Reforma»

Fragmento de la serie «Lutero. La Reforma», que COSMO estrena el 9 de septiembre a las 16.00 h.
Fragmento de la serie «Lutero. La Reforma», que COSMO estrena el 9 de septiembre a las 16.00 h.
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Europa y sus fantasmas. Mientras el Vaticano homenajea con una estatua en su quinto centenario al hombre que a punto estuvo de desmoronar su estructura, Alemania reivindica sin complejos la figura de Martín Lutero como el héroe nacional que, según la leyenda nunca demostrada, clavó sus 95 tesis en la puerta de la iglesia de Wittenberg en 1517. El hombre que inició un cisma que cambió Europa para siempre, sí, y también el clérigo al servicio del poder feudal que prendió las brutales guerras de religión que asolaron el continente durante varios siglos. La gloria y la perdición de Alemania...

La miniserie «Lutero. La Reforma», que COSMO estrena este domingo a partir de las 16.00 (también en en Movistar+), blanquea en esta misma línea la imagen de un sacerdote que ha pasado a la posteridad como símbolo de la modernidad, cuando sus medidas, como el gran valedor de las oligarquías señoriales que fue, en realidad sacrificaron el progreso en la Alemania del siglo XVI, impidiendo su unificación y condenando al país a un sistema feudal ya abolido en el resto de Europa.

Con la voz en off del teólogo como hilo narrativo, a través de sus dos capítulos, «Lutero. La Reforma» (producida por la cadena pública alemana ZDF en coproducción con UFA) repasa la relación del fraile agustino y Thomas Müntzer, el Robin Hood de los protestantes, que fue ejecutado tras incitar una rebelión campesina, en 1524, que costó la vida a miles de personas que creyeron que la Reforma iba a traer una sociedad más justa. Bastaría para conocer quién fue realmente Lutero observar la comparación entre el monje que murió fiel a sus ideas contra la concentración de riquezas y el que lo hizo rodeado de lujos pagados por los príncipes alemanes. El tono hagiográfico de esta ficción evita apreciar las siete (o más) diferencias entre ambos líderes religiosos.

No se olvida tampoco la serie de COSMO, cuidando el apartado estético y la ambientación rica en detalles, de demonizar la imagen de la Iglesia católica para amparar al héroe «librepensador». Todo ello sapicado por ciertas reflexiones sobre su rol en la historia que dejan entrever que, al fin y al cabo, «tan solo éramos piezas en manos de los príncipes contra Roma». Así, incluye con frecuencia escenas en las que monjas de clausura exorcizan a jóvenes, crucifican a los pecadores –en la serie lo hacen con Müntzer– o estafan al pueblo con unas lucrativas indulgencias que permitían financiar la basílica de San Pedro, motivo que llevaría a Lutero a predicar sus reformas. Solo el tiempo demostró que la nueva religión y su clero no estaban por la labor de revertir los postulados más superticiosos y corruptos de la Iglesia católica.

Con un guión quizás demasiado tedioso, «Lutero. La Reforma» prefiere concentrar sus esfuerzos en idealizar al teólogo agustino, paladín de la modernidad, frente al catolicismo, al que representa como una estructura tradicional y oscura, incapaz de romper costumbres como impartir misas en latín y no en alemán y asumir los cambios del paso del tiempo. A ojos de la serie –y de Alemania–, la Reforma abrió Europa hacia la libertad religiosa, sin apreciar que, en verdad, Lutero nunca toleró que la gente quisiera ser católica, calvinista, judía o de otras religiones. Serían luteranos o no serían.

La miniserie, que volverá a emitirse el martes (completa a las 23.55 h.), miércoles y jueves (a las 15.20 h., primera y segunda parte respectivamente), recrea también un fragmento de la Dieta de Worms con Carlos V con un discurso prácticamente exacto al que Lutero defendió en 1521. Por el camino caricaturiza la imagen del Emperador del Sacro Imperio Germánico al mostrarlo, tras pedir el fraile agustino una pausa para pensar si se retractaba de sus tesis, como alguien desapegado de la eventualidad. Así, se banaliza al ficticio Carlos V, al que se escucha decir en la serie: «Sí, paremos, porque la cabeza me da vueltas». Como si aquella encrucijada que marcó el devenir de Europa solo fuera una molesta jaqueca para el Emperador Habsburgo.