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El veterano del desembarco de Normandía que ayudó a Spielberg en «Salvar al soldado Ryan» (y cometió un error)

El capitán Dale Dye ha sido una figura destacada en Hollywood como asesor de las grandes películas bélicas

En el 75 aniversario del Día D recordamos Salvar al soldado Ryan, la película que mejor narró el Desembarco de Normandía
En el 75 aniversario del Día D recordamos Salvar al soldado Ryan, la película que mejor narró el Desembarco de Normandía
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El capitán Dale Dye es un habitual de las grandes películas bélicas de Hollywood. Sus consejos han inspirado y motivado alguna de las escenas más espectaculares de la historia del cine de guerra en las últimas décadas. Y como no podía ser de otra manera, entre todas esas escenas, la más icónica: el sangriento desembarco de Normandía que Steven Spielberg rodó en «Salvar al soldado Ryan».

Cuenta hoy «The Telegraph», en el 75 aniversario del Día D, que Spielberg llamó al veterano de guerra una mañana de 1996 para hablarle de un proyecto que tenía en mente y para pedirle su consejo. Dale Dye, sin más datos, respondió como lo había hecho toda la vida: «Sí, señor». Ahí comenzó una colaboración inmejorable para dotar de veracidad y realismo a una película tan compleja y con tanta acción como «Salvar al soldado Ryan».

«Si quieres hacer una película de guerra, tienes que contratar a Dale Dye», presume el veterano de guerra en The Telegraph. «Me he labrado una reputación a lo largo de los años como el tipo más inflexible», sentencia Dye, que a sus 74 años, y tras 22 como Marine de los Estados Unidos, vivió su salto a la industria de Hollywood a finales de la década de los noventa.

Ahora, 21 años después del estreno, y en medio de la conmemoración del desembarco, «Salvar al soldado Ryan» ha vuelto a proyectarse en los cines de medio mundo. Un filme que costó 70 millones de dólares y que reflejó como ninguno otro antes el olor de la pólvora y la sangre sobre las playas francesas. Precisamente ese era el objetivo de Dye, que se «alistó» y se empotró entre los actores-soldado para que entendieran cómo sufrieron los miles de aliados que se lanzaron a pecho descubierto sobre las balas nazis para liberar Europa.

Hay anécdotas jugosísimas. Como la que cuenta Dye en la que, en otoño de 1996, se llevó el elenco a Hatfield para seguir un estricto programa de entrenamiento militar que él mismo diseñó. Bajo una lluvia perpetua, los actores pasaron ocho días bajo un régimen militar en el que hacían marchas de varias horas con el equipo de un marine a la espalda, además de entrenar con armas, de desplegarse sobre el terreno y la más importante, probar tácticas de combate. Todo para que, cuando las cámaras empezaran a filmar, el equipo se moviera como lo hicieron los soldados aquel 6 de junio de 1944.

Un fallo blindado

Dale Dye estuvo en todos los detalles, verificó que todo lo que cuenta el filme protagonizado por Tom Hanks pudiera haber sucedido en la realidad... Pero se le olvidó un detalle que Manuel Pérez Villatoro desarrolló con pericia en este artículo de ABC. Se trata de un fallo sin importancia cinematográfica pero muy curioso a nivel militar.

El «Tiger I» germano era una mole de 57 toneladas que daba verdadero pavor a las tripulaciones de los carros de combate aliados. Sin embargo, este coloso nazi -definido por el veterano oficial Otto Carius como «el mejor carro de cuántos conocí en la guerra»-, apenas puede defenderse unos segundos en la película «Salvar al soldado Ryan» del infatigable capitán Miller interpretado por Tom Hanks. Un oficial que, durante la última media hora del largometraje, logra acercarse lo suficiente a uno de estos gigantes como para disparar su subfusil Thompson a través de la pequeña abertura que permitía al conductor orientarse desde el interior.

En la película el descalabro que perpetra el capitán es total en la tripulación del blindado. Llega hasta tal punto que, incluso, varios paracaidistas americanos de la 101ª División Aerotransportada abandonan sus defensas para acercarse hasta el «Tiger I» (ya totalmente quieto gracias al naso de Miller) y rematar a los carristas del blindado.

El capitán Miller dispara al interior del Tiger I
El capitán Miller dispara al interior del Tiger I

¿Era tan fácil acabar con un «Tiger I» para la infantería americana? La respuesta es clara: no. De hecho, si en aquel junio de 1944 (durante el apogeo de la «Operación Overlord») un norteamericano hubiese imitado al capitán Miller, habría puesto en serio peligro su vida. Y es que, el visor del conductor del también conocido como «Panzerkampfwagen VI Ausf E» contaba por entonces con un bloque de vidrio formado por varias láminas capaces de resistir sin problemas los potentes cartuchos del calibre 45 que disparaba la Thompson.

Vaya por delante que este fallo de documentación no ensombrece una película que, a pesar de contar con dos décadas a sus espaldas sigue definiendo a la perfección las penurias que tuvieron que soportar las unidades que desembarcaron en la playa de Omaha (el 2º de Rangers y las divisiones de infantería 1ª y 29ª). Barbaridades que el cineasta logró inmortalizar en base a los testimonios de los soldados que sobrevivieron aquella jornada. «Era terrible, gente muriéndose por todas partes. Los heridos incapaces de moverse, ahogándose al subir la marea, y los barcos ardiendo de mala manera», explicó en una misiva un soldado de la «Big Red One» (apodo que recibió la 1ª División).