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Federico Marín BellónFederico Marín Bellón

Crítica de Vivir dos veces: Comedia triste

«Lo mejor de la propuesta es que en la furgoneta caben públicos muy diversos, aunque disfrutarán más y entenderán mejor quienes hayan vivido un poco»

Óscar Martínez e Inma Cuesta en «Vivir dos veces»
Óscar Martínez e Inma Cuesta en «Vivir dos veces»
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A un profesor de matemáticas jubilado se le empiezan a borrar las tablas de multiplicar, por no hablar de los logaritmos de la vida cotidiana. Antes de que el fundido a negro de la memoria sea definitivo, el protagonista -da gusto el sosiego con que actúa y habla Óscar Martínez- siente el impulso de volver a ver a su primer amor. Lo acompañan en el improvisado viaje su hija y su nieta, excelentes también Inma Cuesta y Mafalda Carbonell, y aunque no faltan aventuras por el camino, los vericuetos del alma no siempre son fáciles de recorrer para una cámara.

María Ripoll es una directora de gusto exquisito, por lo general infravalorada, capaz de tocar géneros muy distintos y de contar historias casi siempre originales, ¡incluso en inglés! En «Vivir dos veces», la historia tira algo más de catálogos y guías de carretera. Combina unos cuantos, pero no deja demasiado espacio para la sorpresa. Es también una película cuya línea editorial sufre pequeñas contradicciones. Puede que por pudor, encomiable, el drama no hurga entre los lacrimales. No maltrata al espectador ni lo deja hecho un cromo. En su faceta cómica, quién sabe si por mantener el tono, al guión de María Mínguez le falta desmelenarse un poco, buscar alguna vez algo más que la sonrisa cómplice.

El espectador acompaña a los personajes, los quiere y se implica en sus anhelos, pero quizá resulten demasiado familiares. Es solo una suposición. El resultado es que no repara en ellos lo suficiente. Nos pasa a diario, lo que ya es imperdonable, pero al cine le exigimos más que a la vida porque nos lo hacen otros.

La aventura termina con un cierre adecuado después de un viaje tierno y pedagógico. Lo mejor de la propuesta es que en la furgoneta caben públicos muy diversos, aunque disfrutarán más y entenderán mejor quienes hayan vivido un poco.