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Crítica de «Quién te cantará»: Imagen rota en espejo nuevo

Aroma trufado de carga almodovariana, con la tensión entre un pasado perturbador y el estilo frío y estético de un director que conduce el misterio por pasillos siempre imprevistos

Najwa Nimri en «Quién te cantará»
Najwa Nimri en «Quién te cantará»
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A pesar de la elegancia, finura y serenidad de su puesta en escena, nada hay tan alejado de lo «zen» como el cine de Carlos Vermut: ¡Cuánta intranquilidad produce este cineasta! En «Magical Girl» cruzaba tres hilos argumentales y eléctricos entre chisporroteos, y en «Quién te cantará» pone a sudar la historia de una cantante sin voz, sin memoria, ante la imagen falsa de un espejo.

Vermut trenza la relación de una estrella del pop que ha renunciado a su ego con la de una admiradora e imitadora, es decir otra mujer sin voz propia, que tiene el encargo de hacerle recordar su estilo, sus canciones, y lo hace mediante la mecánica del melodrama y con una duplicidad evidente en la puesta en escena.

El misterio de Lila Cassen (Najwa Nimri) se empieza a resolver en el espejo de Violeta (Eva Llorach), mujer de karaoke y madre de una especie de «niña de exorcista» (Natalia de Molina), y el relato entre ellas contiene un fuerte olor a pasado traumático y la carga explosiva de un presente tormentoso, todo ello con un aroma trufado de carga almodovariana, con la tensión entre un pasado perturbador y el estilo frío y estético de un director que conduce el misterio por pasillos siempre imprevistos: los planos, las escenas, la historia provocan la sensación íntima de estar como bajo vigilancia, y crean incomodidad con esa fusión de lo hierático y lo cordial en esos dos personajes en busca de una copia original.

La profundidad del melodrama se acentúa con el aporreo para entrar en él de otros dos personajes: la persona de confianza de la ex diva (Carme Elías), que se mueve entre las costuras de la trama, y con la relación oscura y perversa entre madre e hija. Las cuatro actrices son otras tantas películas, y la humedad de las canciones buscan lo sublime entre lo ridículo. Lo original se hace visible entre la copia.