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Miel turca para el Oso de Berlín y un azucarillo para Polanski

E. RODRÍGUEZ MARCHANTE |
Actualizado
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Ni ha habido grandes descubrimientos en esta edición del Festival de Berlín, ni, tampoco, se ha roto ningún jarrón. El jurado prisidido por Werner Herzog e integrado, entre otros, por el productor español José María Morales y la actriz Renée Zellweger, compuso la música de un palmarés sensato, visto lo visto. La película turca “Miel”, la rumana “Si quiero silbar, silbo” y la rusa “Cómo terminé este verano” habrá que considerarlas como los descubrimientos del festival, con los galardones del Oso de Oro, el Especial del Jurado, el Alfred Bauer, Fotografía e Interpretación Masculina para los dos actores rusos, Grigory Dobrygin y Sergei Puskepalis. En cuanto, al jarrón que nadie ha roto ése sería el premio a la mejor Dirección para Roman Polanski, quien, aún castigado sin postre y en arresto domiciliario, no quiso arriesgarse a recogerlo personalmente por si le aguaba la fiesta el Garzón de guardia. Pero su memorable trabajo en “The ghost writer” le devuelve muy justamente al menos una guinda del postre.

Encanto natural

Desde que se vio la película turca, su delicado modo de presentar una historia envuelta en la mirada de su protagonista infantil, muy al modo de “El espíritu de la colmena”, daba la impresión de que el jurado no podría ni querría escaparse de su encanto natural. Su director,

Semih Kaplanoglou, ha sabido transmitir todo ese mundo lleno de miedo, fantasía, silencio y barullo que tienen los ojos fijos de la infancia, y el Oso de Oro no hace sino corresponderle como se merece.

La película rumana, dirigida con mucha voluntad de estilo (plano de colodrillo) por Florin Serban fue también la que más pálpito de victoria traía, y el Alfred Bauer, que premia la aportación al lenguaje cinematográfico, y el Especial del Jurado, fueron un gran botín. El conflicto del joven presidiario que pretende de un modo violento impedir que su madre repita con su hermano pequeño el daño que le hizo a él, tiene fuerza, tensión, sentimiento e interés, y uno de los pocos títulos que sobresalían del ras. También el ruso, “Cómo terminé este verano”, que contaba una ártica historia entre dos personajes abandonados a sus delirios conflictos. La japonesa Shinobou Terajima ganó el de mejor actriz por su desagradable y esforzado trabajo en “La oruga” junto a su marido sin piernas ni brazos y con una mala miel importante. Ni el Festival ha dado para más, ni la crónica final, tampoco.