El escritor Fernando Aramburu firma un ejemplar de «Patria» en la Feria del Libro
El escritor Fernando Aramburu firma un ejemplar de «Patria» en la Feria del Libro - EFE

El Retiro, entre los reyes del «betseller» y los famosos de plató

La Feria del Libro es algo así como los San Isidros de los más vendidos, una gran juerga en el santoral de la cultura de la ciudad

MADRIDActualizado:

La reina Doña Letiziase llevó un ramo de poemarios, pero no va a ser la poesía el género triunfal de esta Feria del Libro en curso, que es lo de siempre, pero de otra manera. Quiero decir que va en marcha «la Fiera del libro», según la acuñación irónica de algunos editores, y otras gentes del gremio, aludiendo a lo que de «show» más o menos bestial tiene el acontecimiento. A lo que de gran esfuerzo supone para sellos editoriales de poco talonario, que vienen siendo todos o casi todos, últimamente.

Ni con la publicidad de la Reina va a triunfar la lírica, pero se agradece el gesto de Doña Letizia hacia los violinistas del endecasílabo. El Parque del Retiro ya está en otro papel, el papel de librería descapotable. Hay que estar con la Feria del Libro. Hay que estar en la Feria del Libro. Hay que ir a la Feria del Libro. La cosa uno la ve como una gran fiesta de encuentros de amistad, mucho más allá de su mayor o menor carácter de cita intelectual. Bienvenida sea.

Quiero decir que los autores suelen acudir más a tomar unas cervezas que a firmar unos ejemplares, entre otras cosas porque los ejemplares suelen firmarlos los llamados «autores mediáticos», que no son precisamente autores de literatura sino quizá todo lo contrario. Le venden un «selfie» al peatonaje, a precio de libro urgente y volandero. La gente no va a comprar un ensayo último, sino a sobrar un poco, mientras el retrato de móvil, a alguna señora o señorita que sale en la tele.

A los puristas de la literatura la Feria del Libro les suele dar un poco o un mucho de alergia o asco, pero tampoco es eso, porque la industria necesita sus escaparates, y hay que celebrarlos. No diremos aquí que celebrar la Feria del Libro con mucha verbena es algo que nos da igual en la ciudad, pero sí que estas verbenas de calle primaveral no tienen demasiado que ver, en rigor, con la esencia de la cultura, en general, y aún menos con el alma pura de la lectura, en particular. Eso sí. Pero hay estar a gritos con la vida de los libros, aunque sea en fechas de algarabía, en calendario de multitud que va a que le regalen un abanico, y no a comprar una novela en condiciones.

Dicen que en esta edición no habrá sustos, y que saldrá como libro más vendido «Patria», de Fernando Aramburu, y luego las cosas de Luz Gabás, o Dolores Redondo, o Carlos Ruiz Zafón. La Feria del Libro es algo así como los San Isidros del «bestseller», una gran juerga en el santoral de la cultura de la ciudad. Al Retiro va a ir mucha peña a pasar el rato, como tantos autores, porque firmar, lo que se dice firmar, firman los de siempre, que son los famosos de plató, empezando o acabando por Arguiñano. No necesariamente cada transeúnte es un lector, pero alguno habrá. Algo es algo. Empieza la juerga. Entre el picnic y el tapeo. Salud y letras para todos.