Fin de ETAUna decisión tomada entre rejas

La banda afirma ahora que su disolución, así como la entrega de armas y el reconocimiento del daño causado, «es la secuencia lógica tras la decisión adoptada en 2011 de abandonar definitivamente la lucha armada»

MadridActualizado:

Euskadi ta Askatasuna firma el finiquito de 60 años de actividad criminal forzada por su derrota, sin posibilidad de reclamar nada a cambio porque no hay nada que agradecerle. ETA, tras una larga agonía, ha muerto y ahora comienzan los trámites para repartir la herencia, aunque todo lo que ha legado son deudas que muchos habrán de pagar. Los herederos de la banda van a intentar ahora lo que no lograron con la fuerza del terror: atraer al PNV a un frente independentista. ¿Para qué más de medio siglo de terror?

Al recurrir a su único cabecilla en libertad, José Antonio Urrutikoetxea, «Josu Ternera», para leer el acta de defunción, la banda terrorista ha querido revestir como una iniciativa voluntaria lo que en realidad es una medida tomada desde la cárcel. Porque los dirigentes que han adoptado esta decisión miran su negro futuro a través de las rejas de Alcalá Meco, Zuera, Puerto I, Albolote, La Santé, Mont-de-Marsan, Marseille Les Beaumettes…

Con la presencia del inductor de las matanzas de Hipercor y de la casa cuartel de Zaragoza, se ha pretendido, además, reivindicar la trayectoria de Euskadi ta Askatasuna. Eso sí, previo lavado de imagen, proclamando a las nuevas generaciones que en el País Vasco y Navarra hubo una confrontación con el Estado y que en ambas partes se cometieron errores. No en vano, «Ternera» ha sido durante cuarenta años máximo dirigente de la banda. Él es la historia viva de Euskadi ta Askatasuna.

Pero nada oculta la derrota de ETA. Ni siquiera el hecho de que el anuncio de su disolución haya tenido como escenario el pomposo palacete que acoge la Fundación Henri Dunant, de Ginebra. Una provocación para las víctimas del terrorismo. Otra más.

Tras su penúltimo debate interno, hace aproximadamente una década, ETA aseguraba que, en caso de «resolución del conflicto», «no desaparecería», sino que «continuaría como organización política dentro de la izquierda abertzale». Entre aquel compromiso de 2008 y el anuncio de ayer, cuando señala que a partir de ahora «no será más un agente que manifieste posiciones políticas, promueva iniciativas o interpele a otros actores», no ha mediado negociación alguna con el Gobierno. Entre aquel debate de 2008 y la decisión anunciada ayer de desmantelar «totalmente el conjunto de sus estructuras» y dar «por concluida toda su actividad política», solo ha habido una sucesión de detenciones –«Thierry», «Txeroki», Aitzol Iriondo, «Ata», David Pla, Iratxe Sorzábal- y el desmantelamiento de varios depósito de armas. Y, además, ETA desaparece sin que, en contra de lo que contemplaba su hoja de ruta, haya habido «resolución del conflicto». Antes al contrario, en el comunicado leído por «Josu Ternera» se reconoce que la confrontación sigue ahí. ¿Cabe prueba más concluyente de que ETA ha sido derrotada?

La banda afirma ahora que su disolución, así como la entrega de armas y el reconocimiento del daño causado, «es la secuencia lógica tras la decisión adoptada en 2011 de abandonar definitivamente la lucha armada». Pero resulta que tres años antes de aquel anuncio, en 2009, ETA dejaba muy claro que « no dará nunca las armas al enemigo, ni las romperá, las guardará». Nueva prueba de su derrota.

La trayectoria de ETA es una larga historia de muerte y destrucción. Pero también una sucesión de derrota tras derrota. En sus inicios decía que la independencia y la amnistía no se negocia. Se impone por la fuerza de las armas y mediante una sublevación popular». Sesenta años después cierra, sin lograr «la resolución del conflicto».

Acumulación de fuerzas

Pero ¡ojo! Ahora la banda va a intentar conseguir sin la «lucha armada» lo que no logró con seis décadas de intensa actividad terrorista. Y el mensaje no va dirigido al Gobierno de la Nación, sino al de Ajuria Enea. Ya lo dice «Josu Ternera» en la carta leída ayer: el objetivo ahora es la «acumulación de fuerzas». Habría que añadir «soberanistas». Y a partir de ahora, los dirigentes de la «izquierda abertzale» le van a recordar al PNV que durante años ha venido diciendo que el obstáculo para un frente independentista era la violencia de ETA. Desaparecida ésta, ya no hay excusas.

Pero la pretensión de Sortu, que no tardará en cambiar de nombre, no es aliarse con el partido de Iñigo Urkullu, sino liderar ese frente, como ERC en Cataluña. Incluso absorber al PNV. Quieren aplicar el principio de la unilateralidad que, al fin y al cabo, fueron los hombres de Otegi quienes lo importaron del modelo Kosovo.

Los «facultativos» que le han venido asistiendo en su larga agonía, entiéndase mediadores internacionales, dirigentes de Sortu…, acaban de extender el certificado de defunción de Euskadi ta Askatasuna, aunque no estaría de más que los forenses, Policía, Guardia Civil y CNI, acrediten su muerte definitiva y se proceda a darle sepultura. Nada de capillas ardientes en su homenaje. Pero queda un grupo disidente, en estos momentos sin capacidad operativa, que se ha apropiado de una veintena de pistolas y material explosivo. Habrá que vigilarlos, porque podrían aprovechar esa alusión en la carta a que «ETA surgió de este pueblo y ahora se disuelve en él», para reflotar la banda y sus siniestras siglas.

Que no esperen contraprestaciones por dejar de matar, cuando han asesinado a 857 personas, se transmite desde el Gobierno; que no esperen premio por disolver unas estructuras que ya estaban prácticamente desmanteladas. Tuvieron alguna oportunidad en las conversaciones de Argel con el Ejecutivo de Felipe González, en 1989; en el diálogo con el Gobierno de Aznar, en 1988. Pudieron obtener algún tipo de generosidad durante el llamado «proceso de paz» con Rodríguez Zapatero. Pero ETA aprovechó aquellas treguas trampa para reorganizarse y en cuanto se sentía con capacidad operativa, reanudaba la actividad terrorista.

Como mucho, el Gobierno podría proceder al acercamiento de los presos de ETA a cárceles del País Vasco y Navarra. A mediados de los años ochenta, el Ejecutivo de Felipe González aplicó la dispersión porque detrás de los reclusos había una organización potente que mantenía férrea la disciplina y abortaba cualquier intento de deserción. Si ya no se da esa circunstancia, podría modificarse ese aspecto de la política penitenciaria. Tan legal la dispersión como el agrupamiento. Lo que ocurre es que ya se ha hecho tarde. A ETA se le ha hecho tarde para todo, porque ha dejado pasar demasiadas oportunidades, y todo parece indicar que ahora el Gobierno le exige, además, de la disolución, que pida perdón a las víctimas y que colabore con la justicia. Se lo exige para un gradual acercamiento. De atajos para recuperar la libertad de manera prematura, nada de nada.

Muchas deudas heredadas

En fin. Extendido el parte de defunción de ETA, comienza las gestiones para repartir la herencia. Pero todo lo que deja son deudas: asesinatos si esclarecer; presos en las cárceles; prófugos deambulando de un país a otro; un foco violento, de momento sin capacidad de renacer de las propias cenizas. Los responsables tendrán que hacer frente a estas facturas elevadas, bajo la premisa de impunidad, cero.

Quedan, de momento, 358 asesinatos sin resolver, a los que habría que sumar otros muchos atentados con heridos o cuantiosos daños materiales. Unos y otros crímenes exigen poner nombre a sus autores. Sobre todo, para hacer justicia, pero también, porque esclarecerlos contribuirá al relato fiel de lo que aconteció durante los años de terror. Pero ningún etarra quiere saldar la deuda por estos crímenes sin resolver. Antes al contrario, han destruido las armas y cuantas pruebas podrían implicarles.

ETA tiene algo más de 300 presos. De ellos, 245 están recluidos en cárceles de España. Alrededor de medio centenar de estos internos tardarán muchos años en recuperar la libertad por sus muchos crímenes y después de que se les aplicara el nuevo Código penal. Algún abogado les ha dicho, durante el último debate, que una vez disuelta ETA, se acelerará su excarcelación, aunque no de forma inminente. Nada menos cierto. El resto permanece en Francia, algunos de los cuales cumpliendo cadena perpetua.

Los expertos antiterroristas cifran en media docena los «liberados» en activo que han permanecido estos últimos años en ETA en labores de mantenimiento, preparando la liquidación por cierre de negocio. Existe contra ellos orden de busca y captura, que se aplicará en cuanto sean localizados. Salvo uno o dos, el resto se ha replegado a terceros países de Europa y no se descarta que acaben en Iberoamérica.

Hay registrados un centenar de etarras, con diverso grado de responsabilidad en la actividad terrorista, que permanecer huidos por Francia, otros países de Europa y América. A algunos les ha prescrito ya el delito aunque no desean volver porque tienen ya la vida resuelta.

Queda un grupúsculo ATA, que acoge a etarras críticos con la decisión de disolverse y entregar las armas. Parece, hoy por hoy, imposible de que organicen una banda terrorista. Algunos, que no saben hacer otra cosa, podrían tomar el camino de la delincuencia común. Ya ocurrió con algunos miembros de los Comandos Autónomos Anticapitalistas e incluso antiguos polimilis, que se apropiaron de algunas de las armas y las utilizaron para atracar entidades bancarias. Pura y desesperada supervivencia.