El expresidente del Gobierno Mariano Rajoy; la presidenta del Congreso, Ana Pastor; el presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijóo, ayer en Pontevedra
El expresidente del Gobierno Mariano Rajoy; la presidenta del Congreso, Ana Pastor; el presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijóo, ayer en Pontevedra - EFE
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Pasaba por allí

Mariano Superstar

Rajoy reaparece en Pontevedra en un mitin de alto voltaje emocional. Una patria chica que ha proporcionado al expresidente afectos y disgustos por igual y que ayer trató de desagraviarlo

PontevedraActualizado:

Como en un «reunion day» de una banda legendaria ya retirada, con el cartel de «no hay billetes» colgado en la puerta del recinto (hubo gente que se quedó fuera) porque puede ser la última ocasión, o la penúltima, para que los fans disfruten de sus grandes éxitos en vivo, Mariano Rajoy reapareció en Pontevedra, la ciudad que lo vio crecer, patria chica de afectos y agravios, en un mitin de apoyo a la candidata del PP por la provincia, su amiga del alma Ana Pastor. En realidad, esa era la excusa, y las andanadas políticas el envoltorio, porque el fin era homenajear a Rajoy en un evento que fuera mucho más que baño y masaje: una reparación en toda regla del honor del presidente herido.

Pontevedra, un milagro para los caminantes, bullía ayer tarde-noche de eventos de campaña, pero era el regreso de la «persona non grata» –la moción del PSdeG-PSOE y En Marea aprobada hace tres años gracias al apoyo del BNG sigue en pie, y el alcalde, Miguel Anxo Fernández Lores, no tiene intención de retirarla– lo que despertaba más expectación. En el programa, pesos pesados del PP, como Pastor y Alberto Núñez Feijóo, presidente de la Xunta de Galicia. Pero nadie tenía duda de quién era el cabeza de cartel y quiénes los teloneros. Aunque la banda sonora, al final, fuera «Viva la Vida» (Coldplay) y «Champagne Supernova» (Oasis).

Largas colas una hora y media antes del inicio. Vídeos para amenizar la espera con imágenes que giraban del blanco y negro al color, con la barba del protagonista encaneciendo progresivamente. El auditorio de la sede de Afundación se encuentra en el meollo del galleguismo del estuario del Lérez, enfrente del más que centenario Café Moderno, un lugar que invita a la tertulia con sus espejos, vetustos cuadros y esbeltas columnas, donde se reunían Castelao, Bóveda y Cabanillas, se conceden los premios Julio Camba y donde, en 1932, Federico García Lorca escribió en una de sus mesas de patas de metal y tablero de mármol un soneto dedicado, dicen, a la pintora María Blanchard («Yo sé que mi perfil será tranquilo en el norte de un cielo sin reflejo…»). «Cuando hay una obra de teatro o un concierto en el auditorio esto se anima. Hoy seguro que también. Pero en un día normal, los parroquianos son gente que trabaja en las oficinas de los alrededores», comenta María Jesús de la Fuente, que atiende la barra. «No estoy puesta en esto», contesta cuando se le pregunta sobre la malquerencia del Consistorio hacia Rajoy. «Pero bueno», añade tras meditar unos segundos, «non gratos hay muchos, ¿no? No entiendo por qué se lo endosan a este hombre».

El abrazo de la grada

Muy cerca queda también la conspicua iglesia de la Virgen Peregrina, en una zona donde se celebró ayer la primera procesión de Semana Santa y donde un chaval propinó a Rajoy un puñetazo en diciembre de 2015. No consta que el ya mítico Capi, un Jimmy Jump más agresivo que espontáneo, que hace unas semanas atacó a un dirigente local de Vox, estuviera ayer esperando una nueva oportunidad entre el millar de personas que llenaban el graderío, algunas sentadas en los escalones.

«Football without fans is nothing», reza una pancarta recurrente en The Kop, la empinada ladera de clase obrera del estadio del Liverpool, generadora de una mística que, sin duda, el expresidente conoce y admira por sus pasiones futboleras. Salvando las distancias, ese abrazo del The Kop pontevedrés, más pequeño, más patricio, reconcilió a Rajoy con la ciudad en su primera visita pública desde el fallecimiento de su padre el pasado otoño. Un abrazo para curarse de la bofetada (física y anímica) que le ha propinado Pontevedra, diez meses después de abandonar la Moncloa sin llevarse el colchón de la cama y casi en la clandestinidad, diez meses que han resultado un fatigoso tiempo político.

«Es un acto simbólico muy importante», señaló Alfonso Rueda, vicepresidente de la Xunta y amigo personal de Rajoy, antes de que la función comenzara. «Durante toda su vida se ha sentido un orgulloso pontevedrés, y aquella moción del Ayuntamiento le hizo realmente daño. Mucha gente, que no necesariamente vota al PP, quiere que este evento sirva de reparación». «En su época como presidente del Gobierno a Rajoy le echaban en cara que apenas pisara la ciudad», afirma Alejandro Espiño, responsable de pontevedraviva.com, web que cubre la actualidad de la provincia. «Antes sí venía todos los veranos a los toros, a la feria de la Peregrina. Ana Pastor tiene residencia aquí, acude todos los fines de semana, es muy afable, se para con todo el mundo… indudablemente tiene mejor prensa».

Gallego a su manera

La vida «civil», tranquila, como registrador de la propiedad (unas semanas en Santa Pola y después en Madrid) le ha sentado bien al expresidente: aspecto físico impecable, fino, casi para debutar a sus 64 años. Estos días en los que la lluvia ha dado una tregua por estos pagos tal vez tenga la oportunidad de repetir con sus fieles –Alfonso Rueda y José Benito Suárez, presidente de la Autoridad Portuaria de Marín y marido de Ana Pastor– la ruta da Pedra e da Auga, muy temprano, con una marcha difícil de seguir («a mí me lleva haciendo la goma», reconoció Suárez), quizás luciendo un polo blanco del Xacobeo con el parche de la mascota Pelegrín, y desayunar en el Monasterio Cisterciense de Armenteira). Sonriente, socarrón como en sus mejores tiempos, con su retranca y latiguillos característicos, Rajoy es un género en sí mismo («gallego a tu manera, como la canción de Sinatra», dijo Ana Pastor). No defraudó a sus seguidores. Su némesis Pedro Sánchez le ha dejado tantas pelotas botando durante estos meses que las ganas de rematar eran ya pura ansia, pero (¡sorpresa!) citó los pecados, no al pecador. Después de una introducción sentimental, dijo: «Vamos ya a lo nuestro», con recados a los «gurús y pitonisos de las encuestas» y a los «adanes» de la política. Ni una palabra sobre Sánchez, ni sobre Cataluña. Eso se lo dejó a Feijóo.

Puntual, perseguido en su entrada al recinto por un enjambre de fotógrafos, recibió de saque un mensaje explícito del candidato popular a la alcaldía, Rafael Domínguez: «Mariano, Pontevedra te quiere». «¡Presidente, presidente, presidente!», aulló el respetable. Ana Pastor dejó claro que el protagonista de la velada era Rajoy. Tras su alocución, un emotivo vídeo con imágenes que abundaban en su campechanía y anécdotas en boca de amigos, compañeros de viaje y simpatizantes. Y de ahí al final, todo fue una fiesta de desagravio, con palmas echando humo, con Feijóo cerrando por cuestión de horario de las televisiones, que querían pinchar la imagen durante la performance de Mariano superstar.