Nadia Calviño, ministra de Economía y Empresa - JAIME GARCÍA / Vídeo: Calviño: «Nuestro sistema prevé la prórroga presupuestaria y se pueden hacer los ajustes necesarios»
Entrevista

«No es bueno mezclar el Presupuesto con cosas que no tienen nada que ver», dice Calviño

La ministra de Economía declara a ABC que «privar a las comunidades autónomas del impuesto sobre las hipotecas pone en peligro su capacidad para atender las necesidades de los ciudadanos»

Corresponsal en BruselasActualizado:

Después de una carrera meteórica en la Comisión Europea, Nadia Calviño (La Coruña, 1968) aceptó el puesto de ministra de Economía en un Gobierno inesperado, en el que le ha tocado ejercer el papel de defensora de la ortodoxia del Pacto de Estabilidad, como contrapeso canónico a las exigencias populistas de los socios de Pedro Sánchez. Y en esta labor, muchos siguen tratando de adivinar dónde se situaría políticamente esta brillante gestora de lo público, hija de uno de los más polémicos directores de Televisión Española de la época de Felipe González. Antes de tener que lidiar con el campo de minas político en el que se ha metido Pedro Sánchez, ella tenía en la cabeza todo el presupuesto de la UE y las espinosas cuentas del Brexit, así que no es de extrañar que hable con cierta tranquilidad del rompecabezas político en el que ahora trabaja.

¿Cuándo piensa el Gobierno presentar los Presupuestos? ¿Aún cree que será posible después de las declaraciones hostiles de los líderes independentistas catalanes?

–Nuestro objetivo es presentarlo a principios de diciembre y, por supuesto, ese es el plan principal en el que trabaja el Gobierno porque creemos que son los Presupuestos que España necesita. Es difícil entender que haya grupos políticos que se manifiesten no dispuestos ni siquiera a empezar a discutir sobre la base de esos Presupuestos.

¿A qué grupos políticos se refiere?

–Me refiero a distintos grupos políticos que por razones relacionadas o no con aspectos presupuestarios se manifiestan contrarios a ni siquiera tratar de encontrar ese consenso. Mire, hay grupos que en principio deberían estar dispuestos a discutir estos Presupuestos porque protegen la disciplina fiscal, porque suponen una reducción del déficit, porque hay un ajuste estructural, porque permiten reducir la deuda. Es decir, que aquellos que defienden la ortodoxia presupuestaria deberían tener puntos en común. Y al mismo tiempo son unos Presupuestos que permiten llevar a cabo una política social y mejorar la justicia de la parte de los ingresos y eso debería también permitir la discusión con otro lado del espectro político.

Entiendo que se refiere al PP y a Ciudadanos y no a los independentistas catalanes.

–Hay algunos partidos que no están dispuestos por razones que teóricamente están relacionadas con los mismos Presupuestos, y hay otros que parecen querer vincular el tema presupuestario con otras cuestiones con las que no se debe ligar, sobre todo cuando se trata de asuntos en los que el Gobierno no tiene competencia para actuar, como son las cuestiones judiciales.

Algo sí que ha dicho el Gobierno, y no solo lo ha dicho, sino que lo ha hecho con el gesto de la Abogacía del Estado. Eso se ha interpretado como una maniobra extra presupuestaria para intentar ganar ciertos apoyos para los Presupuestos.

–Yo no veo una relación directa entre las dos cosas. Estamos en un momento procesal en el que la Abogacía del Estado, por primera vez, tenía que calificar desde el punto de vista jurídico determinados actos y ha expresado una calificación sobre la base de criterios jurídicos. No creo que eso tenga nada que ver con el Presupuesto.

Los independentistas habían pedido un gesto y eso ha sido un gesto, me parece.

–Yo creo que es una calificación sobre la base de la evaluación jurídica de los hechos que ha hecho la Abogacía del Estado en el momento procesal oportuno.

Es decir, que el Gobierno debería hacer aún otro tipo de gestos. ¿Tiene que hacer otra cosa más?

–Sobre esto he venido diciendo de forma clara y coherente que no me parece bien mezclar cuestiones presupuestarias con otras que no tienen nada que ver.

Pero es evidente que están mezcladas si el Gobierno quiere depender de esos escaños. Y ha sido el propio Ejecutivo el que ha entrado en ese debate.

–Yo no lo veo así. El Gobierno ha sido muy claro a la hora de marcar la separación de ambas cuestiones y de respetar la independencia judicial.

¿Qué plazos tenemos entonces para los Presupuestos? ¿El Gobierno se ha puesto un límite?

–Trabajamos con el proyecto de que se presenten los Presupuestos a primeros de diciembre y será entonces cuando se verá qué opciones hay o qué decisiones hay que tomar.

¿Sería muy complicado llevar a cabo los objetivos del Gobierno con unos Presupuestos prorrogados?

–Como he señalado, esa es una opción prevista en nuestro ordenamiento jurídico y no sería la primera vez que se utiliza con los ajustes necesarios en el sistema. De momento, ya hay algunas cuestiones en marcha, como la creación de las nuevas figuras tributarias, el impuesto a las transacciones financieras y el impuesto digital sobre las grandes plataformas, que nos parecen elementos importantes para alinear el sistema fiscal con el siglo XXI y eliminar la distorsión que supone que haya diferencias entre las empresas que trabajan en la economía física y las que están en el mundo digital. Esos impuestos ya se están tramitando y en las próximas semanas serán enviados al Parlamento.

¿Y el aumento de cotizaciones en la zona alta del IRPF?

–Aquellas modificaciones que se tuvieran que hacer en la ley de Presupuestos se harían mediante el cauce normativo oportuno.

Hay cosas en estos Presupuestos que llaman la atención, como el del salario mínimo, que parece una cosa buena, pero también hay expertos, incluso el gobernador del Banco de España, que advierten de que no se conocen los efectos que puede tener sobre el empleo una subida tan importante. ¿No le da miedo que esto tenga efectos inesperados?

–Pues precisamente vengo de un debate en uno de los foros más importantes de Europa, Bruegel, donde el director ha dicho, y no he sido yo quien se lo ha pedido, que es necesario revisar los modelos y la literatura económica sobre el salario mínimo, porque muchas de las previsiones teóricas no se han reflejado en la realidad. La evidencia que existe es mixta, unos modelos concluyen que puede haber un impacto negativo y otros no. Lo que sí es cierto es que en España hay un salario mínimo por debajo de los de nuestro entorno, que ha habido una caída de los salarios en los últimos años, que casi el 70% de las personas que perciben el salario mínimo son mujeres y que se trata de una medida importante dentro de una política de recuperación de derechos y mejora de las condiciones laborales de las personas, que además no debe ser vista aisladamente porque viene acompañada de una serie de planes y de actuaciones que también servirán para maximizar su impacto positivo.

Lo decía por algunas cosas que han llamado mucho la atención, como la repercusión para los autónomos.

–Independientemente del ritmo, la subida del salario mínimo era un acuerdo al que habían llegado los agentes sociales. Es una reclamación y un tema importante en términos de cerrar brechas y de reducir la desigualdad en nuestro país. Respecto a los autónomos, el Gobierno ha puesto en marcha una serie de mesas de negociación con todas las organizaciones representativas, con las que hay vías de diálogo para ver cuáles son las mejores formas de alinear las contribuciones del colectivo con sus ingresos reales y garantizar que el régimen especial de autónomos es también sostenible a largo plazo.

Pero da la impresión de que se trataba de una medida que no había sido bien planificada.

–Como le digo, la subida del salario mínimo interprofesional se lleva discutiendo desde hace tiempo. No creo que pueda sorprender.

No la subida en si, sino la dimensión es lo que parece sorprendente. Algo así como lo que ha pasado con el diésel, que de repente se está demonizando y nadie parece haber previsto las consecuencias de mover este asunto.

–La fiscalidad medioambiental no es algo que esté planteándose solo en nuestro país. En todas partes se reflexiona sobre cómo crear los incentivos adecuados para favorecer el tránsito hacia una economía sostenible desde el punto de vista medioambiental. En estos momentos, lo que resulta cuestionable, a la luz de la evidencia de que el diésel es tan perjudicial como la gasolina, es si sigue teniendo sentido mantener los incentivos fiscales a este combustible. En algunos países se están planteando medidas drásticas, como prohibir determinado tipo de vehículos en algunas ciudades. Creo que la aproximación del Gobierno es prudente.

¿Va a devolver anticipadamente al MEDE (Mecanismo Europeo de Estabilidad)?

–Este año hemos podido devolver 3.000 millones más de forma anticipada. Esto, junto con otras medidas de gestión eficiente de tesorería, se orienta a este objetivo prioritario que es reducir la deuda. Todo cuenta. Cada año gastamos unos 30.000 millones de euros en pagar los intereses de la deuda y esos recursos se retraen de políticas sociales, de la educación, etc...

¿La privatización de Bankia ayudará para alcanzar ese objetivo?

–Tenemos un calendario que prevé la privatización a finales del año próximo. Tenemos tiempo para tomar una decisión sobre un banco que tiene un funcionamiento correcto, unos buenos gestores y un valor superior al que tienen en este momento las acciones en el mercado. No es el momento para vender.

La respuesta del Gobierno a la decisión del Supremo sobre el impuesto sobre Actos Jurídicos Documentados puede acabar dejando las cosas como antes si los bancos suben el precio de las hipotecas. ¿No habría sido mejor eliminar este impuesto para evitar la conflictividad?

–Se trata de un impuesto transferido a las comunidades autónomas, forma parte de su sistema de financiación. Y son las comunidades autónomas las que proveen a los ciudadanos servicios esenciales como la educación, la sanidad, las políticas sociales, etc... Privarlas de recursos pone en peligro su capacidad para atender las necesidades y los derechos de los ciudadanos.