La jubilación... para quien la quiera

La empresa no puede obligar a sus empleados mayores de 65 a dejar su puesto de trabajo, por lo que muchos de ellos optan por mantener su empleo

MadridActualizado:

Un derecho, en ningún caso una obligación. Desde 2012, la jubilación es opcional. Ante la preocupante situación del sistema de pensiones, la Ley 3/2012, referente a medidas urgentes para la reforma del mercado laboral, dejó sin efecto las cláusulas de convenios colectivos que permiten la extinción de un contrato cuando el trabajador llega a la edad de jubilación. Es decir, si un empleado de más de 65 años quiere mantener su puesto de trabajo (y seguir cotizando) la empresa no tiene capacidad para forzar su baja.

La jubilación forzosa ha sido un elemento que durante años ha entrado y salido en las distintas normativas referentes a esta materia. El Estatuto de los Trabajadores incorporó en 1980 la posibilidad de pactar en un convenio colectivo la jubilación obligatoria cuando los empleados alcanzaran la edad. En 2001 se suprimió esta condición, mientras que otra ley de 2005 volvió a introducirla siempre y cuando fuera coherente con las estrategias de empleo de la compañía en cuestión. En 2011 se mantuvo la jubilación obligada y solo se modificó la anterior normativa para que este condicionante afectara a los empleados que tuvieran una tasa de reposición en sus pensiones de, al menos, el 80%. En 2012 llegó el cambio definitivo.

Esta situación no se limita a España, sino que también es extrapolable a Europa. La Comisión Europea, de hecho, condiciona el éxito de uno de los puntos de la Estrategia Europa 2020 a que se «permita que las personas mayores contribuyan plenamente tanto dentro como fuera del mercado laboral».

El debate está servido. José Manuel Martín socio director de Sagardoy Abogados, afirma que «normalmente son los mandos directivos los que prefieren seguir trabajando tras la edad de jubilación». Se trata de trabajadores que, al contar con determinadas prebendas en el trabajo optan por continuar en su puesto. «Es algo que perjudica a la empresa, ya que tiene un impedimento para rejuvenecer su plantilla», asegura Martín. Por contra, el principal beneficiado de esta medida es el Estado. «Quién no se jubila continúa cotizando y se mantiene como contribuyente activo», recuerda el socio director de Sagardoy.

Mientras, el mercado laboral se envejece. El último estudio de la Fundación de Estudios de Economía Aplicada (Fedea) a partir de los datos de la Encuesta de Población Activa (EPA) del tercer trimestre muestra que tan solo un 5% de los trabajadores activos tiene menos de 25 años, mientras que al principio de la crisis este porcentaje rondaba el 10%. En el otro extremo, el 41% de los trabajadores cuenta con más de 45 años.

Cambio social

Otros analistas señalan que esta situación hace referencia más a un cambio social que económico. Montserrat Rodríguez, directora del área de asesoramiento laboral de BDO, asegura que, independientemente del salario, muchos trabajadores con edades superiores a los 65 años «no quieren dejar de trabajar y prefieren mantenerse en su puesto». Aunque estos empleados cuenten con una pensión importante y «se arregle la parte económica» con la empresa, la abogada de BDO destaca que muchos escogen permanecer en su puesto.

Lo cierto es que más de un sexto de la población española tiene, al menos, sesenta y cinco años. A ello se suma que la esperanza de vida es cada vez más alta y muchos de estos trabajadores llegan en plenas facultades a esta edad. «Se sienten con fuerzas y prefieren estar activos», recuerda Rodríguez.

Con una población cada vez más envejecida, el Estado se debate entre el rejuvenecimiento del mercado laboral y la supervivencia del sistema de pensiones. Por el momento, los mayores van por delante.