El primer ministro italiano, Giuseppe Conte
El primer ministro italiano, Giuseppe Conte - EFE

Italia rescata a la Banca Carige y podría nacionalizarla

El gobierno actuó con urgencia para tranquilizar a los mercados y al Banco Central Europeo (BCE). Hasta hace pocos días, el gobierno Conte decía que «ni siquiera se pondría un euro público para la banca»

Corresponsal en RomaActualizado:

El gobierno italiano decidió anoche por sorpresa el rescate público de la Banca Carige, con sede en Génova, y podría nacionalizarlo. El Consejo de ministros se reunió de forma extraordinaria y aprobó un decreto ley para recapitalizar el banco, dando la posibilidad de acceder al apoyo de «liquidez pública», mediante un fondo especial que había creado el gobierno anterior Paolo Gentiloni. Ha llamado poderosamente la atención la rapidez con que ha actuado el gobierno para tranquilizar a los mercados y al Banco Central Europeo (BCE), teniendo en cuenta que el Movimiento 5 Estrellas (M5E) se había pronunciado por no gastar ni un solo euro público en el rescate del banco. Más posibilista había sido la Liga Norte. En cualquier caso, ambos partidos, hoy formando gobierno en coalición, se habían mostrado muy críticos con el rescate que había hecho el gobierno Gentiloni del banco Monte Paschi di Siena, con una aportación de 8.800 millones de euros, hace año y medio, para salvar al banco de la quiebra. Igualmente, el M5E había hecho una firme y agresiva oposición al rescate de dos bancos vénetos.

Teniendo en cuenta la rapidez con que ha actuado el gobierno, los expertos se han visto sorprendidos y consideran una de dos: O la situación es más grave de lo que hasta ahora se ha contado o el gobierno teme un efecto cadena de forma incontrolado si no se rescataba el banco con urgencia.

Contradicción de los populistas

El primer ministro Giuseppe Conte ha manifestado que se ha intervenido para salvar el dinero de los cuentacorrentistas. En realidad esa misma consideración es la que habían hecho los gobiernos de Matteo Renzi y su sucesor, Paolo Gentiloni, para ayudar a bancos en dificultad, en contra de la agresiva campaña del M5E que exigía no poner ni un solo euro público en el salvamento de la banca. Y hasta hace pocos días, el gobierno Conte aseguraba que «ni siquiera habría un euro para la banca». Por eso hoy el exprimer ministro, Matteo Renzi, responde en Twitter con ira a la decisión del gobierno Conte: «Han sido suficientes diez minutos de una reunión nocturna del Consejo de ministros para desmentir cinco años de insultos y mentiras contra nosotros. Matteo Salvini y Luigi Di Maio deben solamente avergonzarse», afirma Renzi, quien añade: “Han aprobado un decreto para salvar la banca de Génova. Justo, sirve para los cuentacorrentistas. Pero así certifican haber mentido cuando nos atacaban sobre los bancos vénetos, Etruria, Ferrara…”.

El BCE apaga un posible incendio

El pasado día 2 de enero, por primera vez en Italia el Banco Central Europeo (BCE) tuvo que intervenir la entidad bancaria de Génova, apagando así un posible incendio: La Banca Carige (fundada en 1483 con el nombre de Caja de Ahorro de Génova) es el décimo banco italiano por activos, con 500 sucursales, 4.300 trabajadores, más de un millón de clientes y 16.300 millones de euros en depósitos. El BCE nombró tres administradores temporales y un comité de vigilancia para hacerse cargo de la banca, después de que hubiera dimitido la mayor parte del consejo de administración.

La intervención de la Banca Carige, cuya crisis dura ya ocho años, reflejó que hay cierta debilidad y bastante intranquilidad en el sector. Uno detrás de otro cayeron en el pasado reciente varios bancos: Monte dei Paschi di Siena, dos vénetos (Popolare di Vicenza y Veneto Banca), anteriormente otros cuatro bancos (excajas de ahorro) y ahora Carige, con sede en Génova. Su delicada situación, al borde del precipicio, ha servido para recordar que hay cosas que están mal en algunos bancos europeos, en particular en Italia, lo que es motivo de preocupación en las instituciones europeas. Sus préstamos de muy difícil cobro constituyen su primera inquietud. Carige tenía en el último trimestre exposiciones brutas de deudas prácticamente incobrables del 27,5% del total de sus préstamos. Un dato demasiado alto si se compara con el promedio de los 10 principales bancos italianos, que es del 13%, un porcentaje ya considerable.

Gestión ruinosa

La familia Malacalza, principal accionista, cuenta con el 27,55% del capital, cuyo valor hoy es de unos 20 millones de euros, después de haber invertido 423 millones de euros durante cuatro años. Ante la dramática situación del banco, el BCE le impuso la urgencia de una ampliación de capital, que fracasó estrepitosamente. La familia Malacalza no quiso ver más diluido su capital y, en la asamblea del 22 de diciembre, rechazó participar en la ampliación, lo que supuso en la práctica desaprobar la iniciativa, abriendo paso a la intervención del BCE nombrando a tres comisarios para que realizaran de forma urgente una ampliación de capital de 400 millones de euros. El caso de la Banca Carige es emblemático porque encierra muchas de las enfermedades y carencias del sistema bancario italiano.

Año nuevo, problemas viejos

Algunos bancos italianos necesitan más capital. Por ejemplo, en el mercado se difunden análisis que indican que Unicredit , aunque ha superado los test de estrés del BCE, tendría necesidad de aumentar capital, después de haber recogido 13.000 millones de euros en el 2017, que no habrían sido suficientes para compensar su problema de préstamos de difícil cobro y el lastre de los títulos de Estado. A finales de noviembre, Unicredit emitió un bono de 3.000 millones de dólares, que solo encontró un comprador, la sociedad americana de servicios financieros Pimco, controlada por Allianz que cuenta con casi el 2% de Unicredit, es decir, se trató de la ayuda de un «pariente». Hoy los observadores y el mercado tienen los ojos puestos en Unicredit, porque se ve posible que haya una fusión con Carige.

El caso de Banca Carige ha puesto de relieve que el modelo bancario italiano es débil porque está basado en bancos que no son de gran tamaño, a menudo bancos regionales o locales, que son pequeños pero que siempre han sido vistos como muy importantes porque sobre ellos se montó un edificio de relaciones y clientelismo electoral. Con razón, el diario Financial Times, al referirse a los problema de la banca italiana, ha escrito: «Año nuevo, problemas viejos».