Alimentación

Freixenet, el gigante del cava en un trance decisivo

La caída del beneficio lleva a una de las familias propietarias a promover la venta de esta gran empresa familiar

ÁLEX GUBERN
BARCELONAActualizado:

Freixenet, uno de los nombres más emblemáticos de la fecunda lista de la empresa familiar española, se encuentra en un trance decisivo ante la posibilidad de que el grupo alemán Henkell se haga con el control del grupo.

El estancamiento de las ventas, la caída del beneficio y las discrepancias entre las tres ramas familiares que ostentan la propiedad pueden llevar a la conocida bodega a perder su apellido español para sumarse al conglomerado de marcas del gigante alemán de las bebidas.

Las próximas semanas serán decisivas, y aunque la oferta de Henkell, perteneciente a Dr. Oetker, todavía no ha sido presentada de manera formal y vinculante, según precisaron a este diario fuentes conocedoras de las negociaciones, el consejo de administración —formado por los doce primos de los que integran la tercera generación— ya ha sido informado de la prentensión de la parte compradora.

Ciertamente, no ha sido un arranque de año fácil para Freixenet. A principios de 2016 fallecía Pilar Ferrer Sala, y a los dos meses lo hacía su hermana Carmen, de modo que José Ferrer, presidente de honor a sus 90 años, ha quedado como el último representante de la segunda generación de la bodega catalana. También, de alguna forma, José Ferrer queda como el último representante de una manera de hacer y gestionar la empresa que, ahora, con la tercera generación en el puente de mando, puede saltar por los aires como un tapón de cava.

Equilibrio roto

El consenso familiar, que hasta ahora había funcionado mientras la cuenta de resultados y la empresa crecían con vigor, ya no es tal. Freixenet, a diferencia de otros grandes de la empresa familiar española, no se ha dotado de un estatuto o protocolo familiar que regule su funcionamiento y que separe lo que es la propiedad de la gestión —dejando por ejemplo la dirección de la firma a un profesional externo—, una carencia que según fuentes empresariales explicaría las dificultades por las que pasa el grupo y que ahora puede llevar a la compañía a quedar en manos alemanas.

En el último ejercicio, las ventas han caído un 5,5%, hasta los 503 millones, y el beneficio se ha reducido hasta los 2,2 millones (71% menos), a años luz de los números de la época anterior a la crisis, lo que ha provocado malestar en el seno del consejo de administración.

De algún modo, en el funeral de Carmen Ferrer Sala, hace quince días en Santander, se despedía también una manera de gestionar. De hecho, el consejo de administración en el que debía ponerse sobre la mesa la oferta de Henkell, que valora la marca en unos 500 millones, fue aplazado por el fallecimiento de Carmen Ferrer, matriarca de los Hevia, rama crítica con la forma en que las otras dos familias han conducido Freixenet en los últimos años y que abogan por un cambio radical: o un giro drástico en la manera de gestionar, o venta a Henkell, grupo que en España ya posee Cavas Hill pero que busca aumentar su presencia en nuestro país.

Al frente de esta estrategia está Enrique Hevia, vicepresidente y director financiero, quien junto a sus tres hermanas posee el 29% del capital. Con el mismo porcentaje accionarial están los Bonet Ferrer (entre ellos José Luis Bonet, presidente), mientras que los Ferrer Noguer (entre estos Pedro Ferrer, consejero delegado) tienen el 42%.

En buena forma, el futuro de Freixenet pasa por la decisión que adopten los hermanos Bonet Ferrer, que estarían divididos con respecto a la oferta alemana fomentada por los Hevia, y, sobre todo, por la capacidad de reacción que tengan los Ferrer Noguer. Según ha trascendido, estos estarían negociando un crédito superior a los 100 millones para poder ejercer el derecho de tanteo y hacerse así con el control de Freixenet por encima de las otras dos ramas familiares. Según fuentes conocedoras, hasta mayo no se despejará el futuro de Freixenet, puede que en breve, de propiedad alemana.