El cannabis medicinal espera un marco legal para echar raíces en España

Una empresa prevé comercializar la flor de la planta antes de fin de año y el producto industrial en 2020

BELÉN RODRIGO
MADRIDActualizado:

Cada vez son más las expectativas que surgen en España alrededor del negocio del cannabis medicinal aunque no hay una base objetiva que lo fundamente. Ni siquiera hay cifras de la actividad porque el mercado no está regulado y lo que se produce es para exportación. «El cannabis se encuentra en una burbuja que va a explotar pero hay compañías sobrevaloradas», alerta Bernardo Soriano, cofundador de S&F, el despacho de abogados especialista en el cannabis y su legalidad.

En nuestro país la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS) es la encargada de autorizar el cultivo de esta planta y a día de hoy son diez las empresas que tienen el permiso. «Hace tres años se dio la primera autorización a la empresa Alcaliber de Juan Abelló», indica el abogado. Pero más tarde vendería la farmacéutica especializada en el negocio del opio al fondo británico GHO y juntos crearon un nueva firma, Linneo Health, «la primera empresa con licencia para el cultivo, producción, fabricación, distribución, importación y exportación de cannabis sativa y sus productos», subraya Soriano. A día de hoy Cáñamo y Fibras Naturales (Cafina) cuenta con el mismo permiso, al igual que Cannabinoids Sapin, aunque ésta de forma temporal, y Oils4cure lo tiene para la solicitud de autorización de ensayo clínico. Además hay seis empresas con autorización para fines de investigación que son Bhalutek Sens, Cafina, Cija Preservation, Phytoplant Research, Ploidy and Genomics y Universidad Politécnica de Valencia.

El caso de Linneo Health es uno de los más prometedores. Participada en un 40% por Torreal (de Abelló) y en un 60% por GHO, hace unos días anunció que cuenta ya con el certificado Good Manufacturing Practices (GMP) para la producción y comercialización de la flor seca del cannabis para uso medicinal en España. De acuerdo con la empresa, a finales de este año comenzará la comercialización de la flor seca y a partir de 2020 se ofrecerá de forma industrial con una producción de más de cinco mil litros obtenidos del cannabis desde extractos hasta principios activos. Cuenta con 40.000 metros cuadrados para la producción de flores de cannabis y espera convertirse en su principal proveedor a nivel mundial, en lo que a fines medicinales se refiere.

«En España hay unos 200.000 usuarios de cannabis medicinal y alrededor de 4 millones para su uso recreativo. Unas 900.000 personas consumen diariamente esta sustancia», indica Bernardo Soriano. En nuestro país el acceso al cannabis está limitado a dos medicamentos, «el Sativex, que se puede conseguir en farmacias, recetado para pacientes con esclerosis múltiple, y el Epidiolex, orientado a temas de epilepsia, que se encuentra en hospitales, a punto de comercializarse». Pero son conocidos sus efectos para tratamientos de quimioterapia, «te ayuda a descansar, te abre el apetito, te quita los vómitos... no son aplicaciones que se receten en hospitales aunque en otros países sí», añade.

Los grandes fondos globales han visto las posibilidades de este negocio

De momento para la ONU el cannabis está en la lista de fiscalización de estupefacientes con escaso potencial terapéutico y alta peligrosidad al mismo nivel que la cocaína y la heroína. «Este año la OMS emitió un informe en sentido contrario pero al ser un órgano consultivo debe ser la comisión de estupefacientes de la ONU quien se pronuncie al respecto y puede proponer un cambio en la fiscalización del cannabis», aclara el abogado. Algo que se cree que podrá pasar a partir de marzo de 2020. De momento Uruguay y Canadá son los dos únicos países que han regulado el cannabis medicinal con el reproche de la ONU.

A nivel mundial se ha visto como las compañías cotizadas con intereses en este negocio vivieron un «boom» bursátil. Distintos fondos forman parte de empresas de este ramo como Canopy, Aurora, Aphria, Insys y Scotts Miracle-Go. Grandes gestoras de fondos y bancos como Vanguard, Morgan Stanley, BlackRock, Goldman Sachs, JP Morgan, FMR, Wells Fargo, UBS o Macquire están presentes en el capital de estas compañías, según recoge la agencia Bloomberg. Algunas de las citadas empresas ya han aterrizado en suelo español, como la canadiense Aurora Cannabis, con sucursal en Barcelona, y la gigante de la marihuana legal Canopy Growth, también canadiense, en el Parque Científico de Alicante. Canopy adquirió la pasada primavera la firma alicantina Cafina.

Existe también un megaproyecto para convertir Almería en la capital mundial del cannabis medicinal. La empresa promotora, GSG & Associates, pretende cultivar cáñamo (Cannabis sativa) en cinco invernaderos, levantar un hospital y centro de investigación, un hotel de lujo y una planta de extracción de aceite, entre otras infraestructuras, cuya inversión total podría alcanzar los 400 millones de euros. Sin embargo, por el momento, no tiene la licencia de la AEMS.

Sin componenete psicoactivos

Cañamera Española es la primera marca española de cannabis legal sin THC (el componente psicoactivo de esta planta). El proyecto surgió hace dos años y medio y hace algo más de un año que se empezó a vender. Cuentan con el certificado de libre venta y exportación. «Tenemos ya tres tiendas en Madrid capital, Alcorcón y Leganés y hemos cerrado la apertura de las dos primeras franquicias. Nuestra idea es tener una tienda en cada capital de provincia», explica a ABC César Mínguez, CEO de Cañamera Española. Asegura que se trata de un sector «todavía en pañales que se va a estandarizar en los próximos cinco años». En el caso de esta marca, «optamos por producto de calidad y variedad, casi al mejor precio del mercado», puntualiza César. Aclara que la venta de la flor del cannabis sin THC «lo vendemos para uso aromático pero no podemos saber lo que hace cada persona». Cañamera Española tiene acuerdos con productores autorizados e importan semillasde siete países.

Tal y como confirma el abogado Bernardo Soriano, hay una excepción que establece la ley de estupefacientes del año 67 para el cannabis con fines industriales. «Se remite al cultivo de variedades de cáñamo industrial producidas las semillas por proveedores autorizados y que certifica la UE que no tiene THC», subraya, tal y como es el caso de Cañamera Epsañola. Sin embargo, alerta de las cada vez más tiendas que venden productos que contienen cannabidiol (CBD), «productos que no están registrados, sin control sanitario para un fin real. No está regulado y no se puede considerar legal», puntualiza. No existe un riesgo penal para estos comercios «y las multas son de 3.000 euros».