El campo, más pendiente que nunca de mirar al cielo

Entre 1990 y 2012, las emisiones de la agricultura europea se redujeron un 24% por la reducción de la cabaña ganadera

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Todos estamos preocupados por el cambio climático pero, en general, nuestras vidas no dependen de la climatología, cosa que sí sucede en el caso de los agricultores. Esta misma semana los expertos reunidos en el Consejo de Colegio de Ingenieros Técnicos Agrícolas han organizado una jornada llamada «Desafíos del seguro agrario: cambio climático y gestión de riesgos» en la que los expertos han constatado que el avance del cambio climático y los fenómenos meteorológicos adversos (lluvias torrenciales, inundaciones, granizadas o sequías, cada vez más imprevisibles) pondrán a prueba la gestión de riesgos en la agricultura.

El debate se centró en un reciente estudio de la Agencia Europea de Medio Ambiente en el que se pone de manifiesto que la agricultura, además de padecer los efectos del cambio climático, contribuye también a él ya que antes de llegar a nuestra mesa, los alimentos que consumimos han sido producidos, almacenados, elaborados, envasados, transportados, preparados y servidos y, en cada una de estas fases, se liberan gases de efecto invernadero a la atmósfera. La agricultura en particular libera importantes cantidades de metano y óxido nitroso, dos potentes gases de efecto invernadero, entre otra serie de impactos.

El cambio climátivo ha alterado el crecimiento de la producción

Los expertos europeos concluyen en el mencionado estudio que «la agricultura ha sido la responsable del 10% de las emisiones totales de gases de efecto invernadero de la UE en 2012. Entre 1990 y 2012, las emisiones de la agricultura de la Unión se redujeron un 24% gracias a una disminución significativa de la cabaña ganadera, a una aplicación más eficiente de los fertilizantes y a una mejor gestión del estiércol».

Sin embargo, continúa el informe, «la agricultura en el resto del mundo va en la dirección contraria. Entre 2001 y 2011, las emisiones globales de la producción agrícola y ganadera crecieron un 14 %. Este incremento se registró sobre todo en los países en desarrollo debido al crecimiento de la producción agraria total, impulsado a su vez por el aumento de la demanda global de alimentos y por cambios en las pautas de consumo originados por la elevación del nivel de renta en algunos países en desarrollo. Las emisiones generadas por la fermentación aumentaron un 11% durante este período y representan el 39% de la producción total de gases de efecto invernadero del sector en 2011.

Al margen de contribuir al efecto invernadero, la realidad es que el calentamiento atmosférico ya ha alterado la duración de la estación de crecimiento en grandes partes de Europa. Las épocas de floración y cosecha de los cereales se adelantan ya varios días. Es previsible que estos cambios sigan produciéndose en muchas regiones. En general, la productividad agraria del norte de Europa podría aumentar al prolongarse la estación de crecimiento y el período sin heladas. El aumento de las temperaturas y la prolongación de las temporadas de crecimiento también podrían facilitar la producción de nuevos cultivos. En el sur de Europa, sin embargo, cabe prever que las olas de calor extremo y la reducción de las precipitaciones y del agua disponible limiten la productividad agraria a medio y largo plazo.