Román relata el drama de la cornada: «No sabía si me estaba durmiendo o si me iba a morir»

Herido de mucha gravedad en Las Ventas, el torero valenciano relata el momento de la cornada, de la que se recupera favorablemente

MadridActualizado:

Puntual como la hora del paseíllo, Román apareció a las once en la sala del hospital San Francisco de Asís. Con su camisa gris pizarra y una calzona blanca de enfermería, abandonó la silla de ruedas para ocupar el asiento central. A su lado, sus ángeles de la guarda: Máximo García Padrós, cirujano jefe de Las Ventas, y Claudio Gandarias Zúñiga, director de la unidad de cirugía vascular. Para ambos fueron las primeras palabras, con un «gracias» eterno: «Al doctor Padrós por haberme salvado la vida y por darme confianza desde que entré en la enfermería; al doctor Gandarias por el trato maravilloso en el hospital y porque la operación ha sido muy exitosa». También quiso «agradecer el cariño recibido de todo el mundo; yo no sabía que era tan querido, y eso me da mucha fuerza».

Cinco días después de sufrir la gravísima cornada, un navajazo de 30 centímetros con sección de la safena, el valenciano ya pensaba en la muleta y la espada: «Me gustaría volver en julio; si no es para San Fermín, para Santander...», dijo ante la sorpresa de todos. «¿Ven? Son increíbles, gente distinta a cualquier otra», comentó García-Padrós. Cinco lunas atrás quedaban aquellos dramáticos momentos en los que el pitón de «Santanero I» se hundió en el muslo derecho de Román. «Tengo el recuerdo absolutamente de todo. En el momento en que me cogió al entrar a matar, sentí cómo tenía el cuerno dentro. Veía que me hacía mucho daño y que no me soltaba. Al tirarme al suelo, lo primero que hice fue ponerme la mano porque sangraba una barbaridad, sabía que no era ninguna tontería». El joven matador, de 26 años, continuó así el relato, intercalando el presente con el pasado reciente: «El primero que se acerca es mi banderillero César Fernández, que se queda en shock. “Llévame, llévame”, le digo. “Está el toro”. Sinceramente, aunque me sentía tranquilo por estar en Madrid, yo pensaba que me moría, y en la enfermería le decía al doctor: “¿Pero me salváis la vida?”. Y él me pedía que no me durmiera. Recuerdo que tenía mucho sueño, pero yo no sabía si me estaba durmiendo o si me estaba yendo y me iba a morir. Me asusté mucho».

En aquel «duermevela» en el que las campanas parecían doblar, Román recordó a Fandiño: el toro que disparaba balas de cloroformo era del mismo hierro que el del último héroe caído. «Tengo el recuerdo todos los días de Víctor Barrio e Iván Fandiño. Y sabía que un toro de esa ganadería (Baltasar Ibán) mató desgraciadamente a Fandiño. Ahí se me juntó todo. Pensé: “Yo, el siguiente”. Es desagradable, pero forma parte de la profesión y se aprende a vivir así».

Impactaba la crudeza de su verbo, tan desnudo como su toreo, tan de verdad. Porque así ha sido su San Isidro. ¿Qué le impulsó a coger la sustitución? «No tenía por qué hacerlo, pero quería salir por la Puerta Grande y creí que la corrida de Baltasar Ibán era la ocasión perfecta. No pude salir a hombros, pero creo que se ha visto una evolución importante. Y cuando regrese espero estar mejor».

Volver, volver y volver. A modo de canción. Solo en esa melodía piensa el diestro que admira a los bomberos y que ha incendiado Madrid con faenas a sangre y fuego. Los enfermeros y la gente de la calle, el público y su propio círculo se sorprendían de su entereza. ¿De dónde saca la fuerza un torero para regresar a la cara del animal que estuvo a punto de matarlo? «Por nuestra forma de ser y por el amor a la profesión. Estamos preparados para sufrir cornadas y para ponernos en pie. Son tantas las ganas de torear que se hacen milagros», contó con cero rencor al bravo que viste de negro.

Antes, los médicos hablaron de los milagros en Alcalá 237 y en Joaquín Costa 28. El cirujano de Las Ventas se refirió a la intervención en la enfermería: «Se cortó la hemorragia, se reparó la arteria y se vio que había una lesión al no tener pulso en el pie. Previo aviso al doctor Gandarias, se decidió el traslado al hospital para salvar la pierna». El cirujano del San Francisco de Asís aseguró que «la actuación fue perfecta, en la plaza cortaron la hemorragia y al ver las sospechas de lesiones vasculares propias de destrozos tan brutales nos avisaron rápidamente. Aquí, el equipo de guardia, tras las pruebas, comprobó la rotura de las láminas internas de la arteria. Se hizo un «bypass» con la vena safena izquierda, se pasó a la UCI y, como su evolución ha sido muy buena, a las 48 horas pasó a planta. En unos días recibirá el alta. La coordinación fue perfecta», recalcó. Al quite, Román: «Doy fe, todo estaba bajo control», remató la faena mientras soñaba por los pasillos del hospital con otras obras de arte y valor.