Serafín Marín: «¡No es la última corrida de toros en Barcelona!»
Serafín Marín se vestía ayer de luces en un hotel de Barcelona - INÉS BAUCELLS

Serafín Marín: «¡No es la última corrida de toros en Barcelona!»

El diestro catalán matará hoy el último toro que se lidie en La Monumental

BARCELONA Actualizado:

En julio de 2010 este torero catalán acudió al lugar de los hechos. Sentado en una andanada del tendido del Parlamento de Cataluña presenció en directo como la política asestaba la puntilla a su oficio y arte. Le condenaba al exilio. Serafín Marín (Montcada i Reixac, Barcelona, 1983) no pudo reprimir las lágrimas. «Me voy de Cataluña», soltó en caliente.

En vano se había paseado por las plazas luciendo una barretina o envolviéndose en una señera. Para demostrar lo evidente: el arraigo de los toros en Cataluña. Y denunciar lo que se intenta ocultar: que en el ánimo de la mayoría de los partidarios de prohibir los toros no había un amor hacia los animales, sino un odio a todo lo español. Hoy, la prohibición entra en vigor y, junto a José Tomás y Juan Mora, Serafín Marín protagonizará la última tarde de toros en La Monumental de Barcelona. Encima, su condición de menos veterano le regala el triste honor de torear el último toro de la tarde. «¡No es el último!», tercia nuestro torero; porque cree que la política, la justicia, la iniciativa popular o todos en uno saldrán al quite y lograrán revocar el veto.

—A pocas horas de matar el último toro que se lidie en Cataluña, ¿qué sentimiento le domina: rabia, tristeza, una gran responsabilidad?

—Un poco de todo. Es una responsabilidad, pero también tristeza por matar tu último toro en Cataluña, rabia por lo que ves que te han quitado...

—Con tanta expectación usted tiene que vérselas con un animal de 500 kilos. ¿Tendrá que hacer un esfuerzo extra para centrarse en la faena?

—Cuando estás delante del animal, sólo piensas en cuajarlo y torearlo bien, pero sí es cierto que es una responsabilidad mayor.

—¿Tendrá algún gesto o lucirá algo especial el próximo domingo en la plaza para dejar constancia de este día histórico?

—Tengo una sorpresa pero como es eso, una sorpresa, lo dejamos ahí...

—Si se han prohibido los toros en Cataluña es por una motivación política; porque molesta todo lo que huele a España, ¿no?

—Sí, está más claro que el agua. Es un tema político, porque es un símbolo español. En el Parlament tenemos un sector independentista que por desgracia está gobernando y que no quieren símbolos españoles. ¿Y qué es lo más español que hay? Los toros.

—Están las razones animalistas...

—Si hubiera sido un tema de animalistas hubieran quitado otras cosas: de pesca, de caza, los «correbous». La pesca o la caza no la quitan porque habrá diputados que les guste. Y prohibir los «correbous» les quitaría votos.

—Cuando se aprobó la prohibición llegó a decir que se iría de Cataluña. ¿Cómo encara ahora su vida?

—Estamos dándole la muerte anunciada a esto, y yo no lo veo. Estamos hablando ya del último toro en Barcelona, de que no habrá más corridas en Cataluña y todavía tenemos tres cartas que jugar: el recurso del PP ante el Tribunal Constitucional contra la prohibición, la Iniciativa Legislativa Popular que se está promoviendo para pedir que la fiesta nacional se declare Bien de Interés Cultural, y las elecciones generales en las que puede haber un cambio de gobierno, gracias a Dios.

—¿Confía en que por una u otra vía se vuelva a torear en Cataluña?

—Claro. ¡No podemos tirar la toalla! ¡No es la última corrida de la historia en Cataluña, no señor! Es la última corrida de la temporada, pero, con un poco de suerte y trabajo, el año que viene veremos toros en Barcelona.

—¿Se ha hecho suficiente para combatir la prohibición?

—En un primer momento la gente del sector se quedó un poco dormida, porque no se creían que esto fuera a prosperar, pero ahora, cuando le han visto las orejas al lobo, todos los toreros, todo el mundo se ha unido. Se ha actuado un poco tarde para lo de Cataluña, pero a nivel nacional no.

—Algunas voces acusan a la familia Balañá, dueña de La Monumental, de no haber hecho nada o muy poco para evitar el cierre, porque ya les iba bien cerrar la plaza, cobrar las indemnizaciones y venderla o explotarla para otros negocios.

—Sé que Balañá ha trabajado mucho a la sombra para aportar cosas importantes, aunque sin aspavientos y sin quere sacarlo a la luz, cosa que respeto.

—Otro argumento que sostienen los antitaurinos es que ya no iba apenas nadie a la plaza...

—Mire si iban pocos que el otro día leí que los toros en Barcelona generan más dinero que el baloncesto. Por no hablar del éxito en la venta de entradas cuando vienen grandes toreros, como José Tomás y otros.

—Si es irreversible el cierre, ¿qué le gustaría que hicieran con la plaza?

—Pediría que al menos conservaran el edificio y el museo taurino.

—Volvamos al día D y hora H. ¿A quién brindará el último toro?

—No lo sé, sobre la marcha... Creo que quien lo merece es la afición. Va por ustedes.