Sellars reinventa a Purcell
Escena de «The Indian Queen», en la versión de Peter Sellars, en el Teatro Real - javier del real
crítica de ópera

Sellars reinventa a Purcell

Peters Sellars trasforma el libreto original en una reflexión sobre la conquista de América

ANDRÉS IBÁÑEZ
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No cabe duda de que se trata de un gran espectáculo. No es realmente «The Indian Queen» de Henry Purcell, primero porque Purcell no vivió para terminar su obra (fue su hermano el que se encargó de hacerlo con una masque final de poca calidad que no ha sido incluída en esta versión), de la que sólo quedan unos cincuenta minutos de música.

Es, en realidad, una recreación de Peter Sellars, que ha transformado el libreto original, que describía una absurda y rabiosamente ahistórica lucha entre aztecas e incas, en una reflexión sobre la conquista de América y sobre el papel que las mujeres tuvieron en la misma.

Cabe preguntarse si es este un tema de rabiosa actualidad, sobre todo cuando hay tantos problemas acuciantes y mucho más presentes en el mundo que tienen que ver con la violencia, la conquista, la guerra, el racismo, etc., y también cuando en la ópera de Purcell-Sellars (o «semiópera», ya que así es como suelen ser descritas las obras de Purcell en Inglaterra) los mexicanos son dulces criaturas vestidas con ropas de colores y los españoles un puñado de señores de la guerra con ropa de camuflaje que empuñan kalashnikovs y se dedican a fusilar y a masacrar sin piedad.

Decorados de Gronk

Pero dejemos eso a un lado, porque el montaje es realmente espectacular, sobre todo por los decorados del pintor Gronk, una exhibición de brillantes lienzos expresionistas, por la bella iluminación de James F. Ingalls, con un uso épico de las sombras, y por el excelente trabajo de la orquesta MusicAeterna de la Ópera de Perm, brillantemente dirigida por un Teodor Currentzis siempre dispuesto al éxtasis al que esta música barroca parece siempre aspirar.

Qué delicia, el rumor arcaico de los archilaúdes, las tiorbas, el salterio, del continuo, dirigido por Andrew Lawrence King, y qué sorprendente esta Ópera de Perm cuyo ballet (y coro y orquesta) disfrutamos hace unas semanas en este mismo Teatro Real haciendo a Stravinsky, y cuyos intrépidos intérpretes parecen capaces de cualquier cosa, desde la interpretación «auténtica» (como la de esta noche) hasta la percusión y los cuatro pianos de Les Noces de Stravinsky. Añadamos a la lista de alabanzas las voces de esta noche, entre ellas el lírico Luthando Qave (bajo); la intensa y dramática Julia Bullock (soprano) y la radiante y dulcísima voz del contratenor coreano Vince Yi, cuyas intervenciones eran todas una delicia.

Los monólogos extraídos de la novela de Rosario Aguilar se centran en la vida de varias mujeresEl concepto, como decíamos, es de Peter Sellars, que ha mezclado los números de la «semiópera», en su texto original, con una serie de monólogos extraídos de la novela de Rosario Aguilar que mencionábamos más arriba. Estos monólogos se centran en la vida de varias mujeres, especialmente doña Luisa, una nativa mexicana que se convierte en la mujer del conquistador Pedro de Alvarado.

El problema es que los textos originales de las arias tienen poco que ver (a veces nada que ver) con la historia de doña Isabel, doña Luisa y la hija de ésta, de modo que el efecto global se diluye un tanto. Sellars ha querido trabajar en esta ópera un poco al estilo del teatro barroco, haciendo cantar todas las arias a todos los cantantes y asignando a cada cantante la música por la que sentía más afinidad, en ocasiones teniendo que transportarla a su tesitura correspondiente.

El espectáculo, como decimos, es muy bello, aunque alcanza casi las cuatro horas de duración y consiste, casi exclusivamente en una sucesión de arias y coros lentísimos y tristísimos. Más variedad hubiera sido bienvenida.