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Walt Disney, el americano (im)perfecto

Día 10/12/2012 - 10.41h
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Se publica en español la biografía novelada y desmitificadora de Walt Disney, un icono del siglo XX, en el que se inspira la nueva ópera de Philip Glass que se estrena en el Real en enero de 2013

Walt Disney (1901 -1966) representó como nadie el americano hecho así mismo. Perteneciente a una familia de granjeros, con un padre que lo maltrataba como al resto de sus hermanos, su destreza como dibujante siendo niño pero sobre todo su posterior visión comercial le convirtió en uno de los grandes iconos del siglo XX no solo en Estados Unidos, sino a nivel global.

Con una treintena de Oscar en su haber y más de sescientos premios reconociendo su filmografía (su favorita siempre fue «Blancanieves»), era consciente de que ocupaba un lugar de privilegio en la historia. «Soy un líder, soy un pionero, soy uno de los grandes hombres de mi epoca. Soy un mito. Mi nombre está en boca de más personas que el de Jesucristo», llegó a decir. Sus personajes, que acompañaron a varias generaciones de niños (aún lo hacen) y sus parques de atracciones le convirtieron en inmortal, pero sin embargo Disney siempre sintió un miedo enfermizo a la muerte: «Sin mí todo mi reino se vendrá abajo».

Admirado por legiones de fans, fue considerado un genio y un visionario, y sobre él se han tejido numerosas leyendas urbanas, como su deseo de ser crionizado (congelado) tras su muerte, que hoy todavía tiene que desmentir su hija Diane. Criticado por presentar una realidad demasiado edulcorada a través de sus películas infantiles, también se le acusó de utilizarlas como vehículo propagandístico durante la Segunda Guerra Mundial.

La miserias de Walt Disney

Sobre el «Tío Walt», como popularmente se le conocía, se ha escrito mucho y casi siempre desde una vertiente amable, pero como todos aquellos que trascienden el tiempo y el espacio sus miserias también han sido aireadas. El escritor Peter Stephan Jungk ha sido el encargado de abrir la puerta trasera de la vida del dibujante, mostrándonos, a través de una biografía novelada, los aspectos menos conocidos y más humanos (o inhumanos) del personaje.

«El americano perfecto» (2004), traducida ahora al español por la editorial Turner Noema, que ha servido de base para la ópera homónima, con música de Philip Glass que se estrenará en enero en el Teatro Real, muestra el lado más oscuro de un hombre hábil en los negocios pero mezquino en las relaciones personales.

Jungk, cuyo padre Heinz Haber trabajó a las órdenes de Disney, sitúa la acción en los últimos tres meses de vida del dibujante, diseccionando su vida a través de la vendetta de un antiguo empleado suyo, el ilustrador autriaco Whilhelm Dantine, despedido en la década de los años 50 (creó los dibujos de «Chip y Chop» y «La bella durmiente»).

Antisemitismo y racismo

Obsesiondo con su antiguo jefe, y dividido entre admiración y el desprecio , escarbará en su pasado para destruirle. Así dejará en evidencia su vida familiar (Disney solo pareció sentir verdadero afecto por su hija adoptiva Sharon), su presunta infelidad marital con su masajista Hazel George, la falta de reconocimiento de la labor que desempeñaban la legión de dibujantes que trabajaban a sus órdenes (y que nunca firmaron las ilustraciones que pertenecen a la factoría de Disney); se refiere a su antisemitismo y a su racismo hacia los afroamericanos, reflejado a través de una conversación ficticia con Abraham Lincoln. («No permito que trabajen para mí, bajo ningún concepto. Dejo que haya uno o dos como jardineros, y la mayoría de las mujeres de la limpieza del estudio son negras, por su puesto. A ese boxeador, Cassius Clay, tuve que poner una prohibición en Disneylandia para que no entrara»). Al resto de las mujeres que colaboran en su empresa solo se les permitía colorear y nunca crear ilustraciones.

Anticomunista acérrimo (resultado de la huelga sindicalista que sufrió en 1941), Dantine le recrimina Disney su amistad con Hoover y su colaboración con el FBIy el «macarthysmo», lo que le llevó a denunciar a algunos de sus compañeros, como Charles Chaplin.

Poco antes de morir, el dibujante le enviaría una carta a Suiza pidiéndole perdón: «Querido Chaplin: le debo una disculpa desde hace catorce años, desde que usted abandonó América. Lo que hice y dije no se puede reparar. No va a poder usted perdonarme, lo sé. Tan solo quería hacerle saber lo mucho que usted ha significado para mí. Sin su ejemplo nunca habría existido el ratón Mickey. Sin su inspiración, no habrían existido “Blancanieves” ni “Pinocho”, ni casi ninguna de mis películas. Usted fue mi maestro y mi modelo. Sin usted, nunca habría existido Walt Disney».

De Nueva York a Madrid

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NATIVIDAD PULIDO Es uno de los artistas más singulares del Renacimiento español. Se dedicó exclusivamente a la pintura religiosa, pero fue tremendamente original

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