Ceremonia de entrega de los premios Nobel en 2017, año en el que Kazuo Ishiguro ganó el de Literatura
Ceremonia de entrega de los premios Nobel en 2017, año en el que Kazuo Ishiguro ganó el de Literatura - REUTERS

Dos premios Nobel de Literatura al precio de uno

Escritores como Fernando Aramburu, Enrique Vila-Matas o Agustín Fernández Mallo valoran la decisión de la Academia Sueca, que este año entregará dos galardones literarios tras el escándalo de abusos y filtraciones de 2018

MadridActualizado:

Aunque ya se sabía o, por lo menos, se intuía, la Academia Sueca confirmó ayer que este año habrá dos premios Nobel de Literatura: el correspondiente a 2018, cuando la institución decidió cancelar la concesión para hacer frente al escándalo de abusos y filtraciones que asolaba su seno, y el de 2019, que esperemos esté exento de sorpresas. El encargado de comunicar la noticia fue Anders Olsson, actual secretario permanente de la Academia. «Habrá dos premios Nobel como esperábamos, también se fallará el del año pasado», declaró al periódico «Dagens Nyheter» tras la reunión de la junta directiva de la Fundación Nobel. En mayo del año pasado, la Academia anunció el aplazamiento del Nobel de Literatura –algo que no se producía desde hace siete décadas– por la pérdida de «confianza» en la institución debido a la crisis que ha provocado la renuncia de varios miembros, la última de ellas Sara Danius, secretaria permanente cuando estalló el escándalo.

El caso es que la duplicidad que vivirá el Nobel este año no ha dejado indiferente al mundillo literario. Tampoco al español, que, sin entrar a valorar si la suerte, como el Gordo, caerá por estos lares, lo vive con cierta incredulidad y hasta tristeza. «Intuyo, barrunto, sospecho que la Academia Sueca, movida por un propósito de enmienda y a fin de limpiar su imagen negativa, concederá al menos uno de los dos premios a una escritora. Atwood, Oates u otra por el estilo, quienes, por cierto, a mi juicio lo merecen», aseguraba a este periódico Fernando Aramburu. En la misma línea se manifestaba Enrique Vila-Matas: «Como si lo estuviera viendo: una Nobel horrorizada al ver que ha de compartir el premio con alguien literariamente inferior. Y al otro lado algo por el estilo: la incredulidad de un Nobel ante su supuesta hermana gemela».

Agustín Fernández Mallo, por su parte, se mostraba convencido de que, «aunque de muy diferente naturaleza, el delito es triple. En primer lugar los imperdonables abusos de poder traducidos en sexuales, así como las ocasionales filtraciones de información reservada. En segundo lugar cancelar en Nobel del año pasado, cosa que nunca debe hacerse. Y en tercer lugar, casi desdiciéndose de lo ya hecho, este año dar dos. Todo ello demuestra lo que ya sin pruebas sabíamos por Ingmar Bergman: por muy solemne y noble que se nos presente, no hay institución calvinista infalible».

Tirando de ironía, el mexicano Álvaro Enrigue establecía esta curiosa comparación: «Es como una final empatada en la que todos los jugadores fallaran todos los penaltis en todos sus turnos. Cómo una serie mundial cuyo séptimo juego tuviera un número de entradas infinito». Y remataba: «Pero igual hay soluciones: se lo pueden dar a Bob Dylan otras dos veces». Fernando Iwasaki, por su parte, confesaba que «tenía un respeto muy grande por los Nobel de Literatura, pues imponía cierta aprensión que Kafka, Proust, Borges y Joyce no lo hubieran obtenido, ya que esas inexplicables omisiones connotaban rigores, dificultades o exigencias insalvables». Sin embargo, el anuncio de la concesión de dos Nobel «a tocateja» se le antoja al peruano «una frivolidad, una devaluación innecesaria y una ocasión pintiparada para coquetear con la corrección política y lavar así la imagen hetero-patriarcal de la Academia Sueca, que ha demostrado ser pura dinamita».

Y, como colofón, la reflexión de Mercedes Monmany: «Es una gran crisis de fiabilidad que afecta a toda la sociedad y a instituciones de prestigio. Todo ello deja a los ciudadanos desconcertados y sumamente escépticos en lo venidero, en cualquier tema que se cruce en su camino. Un mundo “fake”, sin principios, en el que todo es falso. La confianza es muy difícil de restablecer».