María de la Luz, la hija negra de la Duquesa de Alba

Carmen Posadas novela la historia de la niña cubana, de padres esclavos, que la aristócrata adoptó

MadridActualizado:

Como escritora, Carmen Posadas (Montevideo, Uruguay, 1953) siempre sigue los consejos de James Boswell (1740-1795), autor de la biografía de Samuel Johnson, considerada la mejor que se ha publicado nunca. El escocés decía que, si vas a escribir una novela histórica, tan importante es prestar atención a la Historia, con mayúsculas, como a lo que los franceses llaman la «petite histoire». Y eso es, precisamente, lo que Posadas ha hecho en «La hija de Cayetana» (Espasa), su último libro. En él, la escritora uruguaya, ganadora del premio Planeta, novela uno de los episodios menos conocidos de la vida de Cayetana, musa inovidable de Francisco de Goya: la Duquesa de Alba adoptó a una niña negra, María de la Luz, que venía de Cuba y era hija de esclavos.

Posadas estaba escribiendo una biografía sobre María Bonaparte, sobrina nieta de Napoleón, que fue discípula de Freud. Pero la autora de «El testigo invisible» notaba que aquello no funcionaba, había algo que chirriaba. El problema es que estaba escribiendo la novela desde el punto de vista de María, que adoraba al padre del psicoanálisis, y a Posadas le parece «un charlatán». La escritora decidió cortar por lo sano. Tiró el proyecto «a la basura» y se quedó «un poco en estado de shock», sin saber qué escribir, hasta que, un día, una amiga le dijo: «¿Tú sabes que la Duquesa de Alba, la de Goya, tuvo una hija negra». Y, entonces, empezó a investigar

Realidad y ficción

Mezclando realidad y ficción, Posadas dibuja un fresco apasionante de la corte de Carlos IV, repleta de personajes como Manuel Godoy, Alejandro Malaspina o María Luisa de Parma, al tiempo que arroja luz sobre la esclavitud en la España del siglo XVIII. «Yo soy uruguaya y siempre pensé que sólo había esclavos en las colonias, pero resulta que también los había en España. No puedes poner la literatura al servicio de ninguna causa, por muy buena que sea, pero si, de alguna manera, he podido poner sobre el tapete el mayor genocidio de la historia, que fue la esclavitud, me alegro. Ríete tú de las purgas de Mao y de Stalin, porque esto es un crimen que se empieza a cometer en el siglo XVI y llega hasta el XIX, casi», asegura Posadas, durante una entrevista con ABC.

Lo cierto es que, más allá de las dos obras en las que Goya la retrató («La Duquesa de Alba teniendo en sus brazos a María de la Luz», reproducida en estas páginas, y «La Beata con Luis de Berganza y María de la Luz»), históricamente se sabe muy poco de la niña. «Se sabe que venía de Cuba, que era hija de esclavos y que se la regalaron a la Duquesa. En el siglo XVIII había costumbre de regalar esclavos como quien te regala una muñeca. Pero la Duquesa la adora, la convierte en una hija, y cuando muere la deja una herencia y la convierte en una mujer muy rica».

Ahí acaba todo el rastro de la pequeña, que quedó huérfana en un país extraño, en el que, además, no era bienvenida. «Estuve hablando con especialistas en el mundo de la esclavitud y lo más probable es que volviera a las colonias, porque una mujer rica negra en España hubiera tenido muchos problemas en aquella época, no hubiera sido aceptada. No había caso de que pudiera heredar el título, porque tenía que pasar al pariente de mayor derecho, que era un primo segundo, de apellido Fitz-James Stuart».

En su labor de investigación y documentación, Posadas tuvo acceso al archivo de la Casa de Alba y llegó a contemplar el testamento de Cayetana. «Era una mujer libre. Las mujeres del siglo XVIII eran mucho más libres que las mujeres hasta mediados del siglo XX». Esa libertad se reflejaba, también, en el ámbito sexual. «Los matrimonios eran arreglados, pero luego cada uno hacía su vida y todo era muy civilizado», comenta la escritora, que destaca la diferencia de trato del problema racial en las colonias españolas y en las anglosajonas, francesas u holandesas: «Yo, que soy sudaca, le puedo decir que España es el país menos racista que conozco, porque inmediatamente existió el mestizaje. Mientras aquí eran muy comunes los matrimonios interraciales, en otras colonias no sólo estaba prohibido, sino que te mandaban a la cárcel y eso explica, de alguna manera, que exista el apartheid», remata.