Detalle de la portada de «Latín lovers»
Detalle de la portada de «Latín lovers» - ABC

Un libro para despertar a los amantes del latín, esa lengua inmortal

Emilio del Río recoge en «Latín lovers» un sinfín de anécdotas para divulgar lo clásico

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En 2012, cuando el latín ya era una rara avis, el filólogo y diputado nacional por el PP de La Rioja Emilio del Río comenzó a desgranar la influencia de esa lengua en nuestro día a día en Radio Nacional de España. Lo hacía (lo hace) semanalmente en el programa «No es un día cualquiera», en una sección que lleva por nombre «Verva volant», literalmente, «las palabras vuelan». Y tanto. Aquello congregó a una audiencia considerable y curiosa, y muchos profesores de instituto comenzaron a usar su voz para atraer a los alumnos al estudio del latín.

Ahora, varios años después del inicio de aquella aventura, Emilio del Río recupera ese afán divulgador en «Latín Lovers. La lengua que hablamos (aunque no nos demos cuenta)» (Espasa), un libro que parte del humor y del anecdotario histórico y lingüístico para acercar el latín a todo el mundo. «Es un libro provocador. Lo que pretendo es hacer ver hasta qué punto tenemos presente la cultura clásica y el latín en nuestras vidas. Y de forma amena, claro», explica el autor.

El objetivo es luchar un poco contra esa corriente generalizada que trata de enterrar a esta lengua que ni mucho menos está muerta. «Es una lengua inmortal», sentencia Del Río. «No hay nada más moderno que la cultura clásica. Tenemos que copiar lo que hace mejor a los grandes países», asevera. En Alemania, por ejemplo, todos los alumnos salen de la educación obligatoria con, al menos, dos años de latín. «Y en Francia el ministro de Macron ha puesto en marcha una reforma para que haya más latín en el sistema educativo... Si Europa es Europa, es gracias a nuestro pasado clásico», subraya.

El libro contiene 53 capítulos, que sacan sus títulos de películas, música pop y rock o alguna expresión cotidiana. En realidad, son excusas para atrapar al lector y responden a preguntas tan rocambolescas como interesantes. ¿Sabías que cerdo y seda son la misma palabra? Ambas vienen de saeta, que en latín significaba «pelo áspero, pelo fuerte, grueso». «Un derivado nos lo metemos en el cuerpo (el cerdo) y otro nos lo ponemos por fuera (la seda)», escribe Del Río. Y otra curiosidad: nuestros mapas vienen de los pañuelos, que en latín se llamaban mappas.

«Es que el latín es divertido. Muy divertido –reconoce–. Y lo necesitamos para conocernos mejor, para interpretar mejor el mundo, para relacionarnos mejor... Nos forma como mejores ciudadanos». Y para ilustrar esta idea, claro, recurre al cine. «Hay una escena memorable en esa obra maestra de los Monty Python que es “La vida de Brian”, en la que se preguntaban: “¿Qué han hecho los romanos por nosotros?” Pues todo. La lengua, el derecho, la noción de ciudadano...», remata Del Río.