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«Que se joda el Nobel»: Lobo Antunes desata la polémica

«Saramago es una mierda», agrega el escritor portugués, que retorna en Portugal con la novela «A última porta antes da noite»

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«Que se joda el Nobel, no me vengan a hablar de ese premio». La frase de António Lobo Antunes resuena con impacto en Portugal. Esas palabras han desatado la polémica al otro lado de la frontera, sobre todo en el año en que el galardón supremo de la literatura no se concede debido al escándalo sexual que estalló en el seno de la Academia Sueca.

El autor luso, eterno candidato al Nobel, está de regreso a las librerías, pues el próximo 15 de octubre se publica su nueva novela, «A última porta antes da noite» («La última puerta antes de la noche») y alza su voz con la garantía de ser un creador genial, en absoluto autocomplaciente, más bien al contrario.

Ahora ha ido incluso más allá que cuando recibió a ABC meses atrás en su domicilio del barrio lisboeta de Campolide, una ocasión en que también puso sobre la mesa su aversión a la corona que se concede en Estocolmo.

Tampoco se muerde la lengua en el momento en que arremete contra José Saramago, de quien se cumplen ahora 20 años de su Nobel. «Es una mierda», proclama con su habitual rotundidad, sin pelos en la lengua para decir lo que piensa.

Ha sido al «Diário de Notícias» que le ha soltado semejantes perlas este admirador de Unamuno y Marsé, quien prefiere reivindicar las dos únicas novelas que escribió José de Almada Negreiros, el revolucionario esteta del modernismo portugués.

Para poner en pie «A última porta antes de noite», se ha basado Lobo Antunes en unos hechos reales acontecidos en Portugal: un empresario de Oporto fue asesinado de una manera terrible porque su cuerpo acabó disuelto en 500 litros de ácido sulfúrico.

Por eso, precisamente, dice que no le preocupan los avatares de la Academa Sueca, porque está «muy ocupado escribiendo y es probable que ya solo publique dos o tres libros más».

Y todo cuando han transcurrido siete meses desde que confesó en público que había sufrido abusos sexuales de pequeño, cuando tenía nueve años. Ante un auditorio compuesto por 20 niños pertenecientes al Colegio de Salesianos, el escritor dijo en Lisboa: «El profesor de Moral del Instituto Camoes me tocó las rodillas y subió hacia arriba, por los calzoncillos».

«Sus manos me palpaban por debajo de la mesa del pupitre, pero no era agradable porque estaban sudadas y mojadas», prosiguió antes de dudar un instante porque se dio cuenta de que los asistentes eran muy jóvenes y se mostraban atónitos al escuchar esas palabras. Pero decidió continuar. De hecho, sacó a la luz algunos detalles aún más morbosos, tal vez para concienciar a los chavales sobre unas prácticas que hoy tienen una amplia cobertura mediática.

«Un día me quedé estupefacto con una pregunta que me hizo el profesor en voz baja. ‘¿Tienes leche en la pistolita?’, me dijo». Y los menores que allí se encontraban comenzaron a reírse a carcajadas.

El autor de «Memoria de elefante», «Fado alejandrino», «Ayer no te vi en Babilonia», «Buenas tardes a las cosas de aquí abajo», «La muerte de Carlos Gardel», «Sobre los ríos que van» o «Conocimiento del infierno» desconocía en aquel contexto a qué se refería el docente y por eso le contó el episodio a su padre, quien «se levantó y salió corriendo». La consecuencia fue que el maestro resultó suspendido en sus funciones y estuvo dos meses sin aparecer por el instituto.

«Cuando volvió, no le dejaron enseñar en el aula donde yo estaba. Así se solucionó el problema de la leche en la ‘pistolita’ de una vez por todas», manifestó en tono jocoso mientras se disponía a añadir: «Es extraordinaria la cantidad de cosas inesperadas que nos aguarda en cada esquina, a cada momento, a cada hora».