«Historia del veneno», la muerte sorbo a sorbo
El caso del envenenamiento del espía Litvinenko ha sido uno de los más sonados de los últimos años - ABC

«Historia del veneno», la muerte sorbo a sorbo

Un libro rastrea las huellas de tósigos y ponzoñas desde la cicuta socrática hasta el letal polonio

madrid Actualizado:

Veneno, tóxico, bebedizo, ponzoña, tósigo, pócima. Dame veneno, que quiero morir cantaban rumberos Los Chunguitos. Porque sí, tal vez el regreso de las vacaciones pasadas por agua le tenga hoy a usted totalmente envenenado, con el alma emponzoñada y el corazón intoxicado y esté pidiendo a gritos un traguito de arsénico por compasión.

Pero no se crea que es usted el primero. El veneno es tan antiguo como el ser humano. Veneno para poner fin a los días de uno mismo, veneno para finiquitar a otros. El veneno ha acabado con matrimonios, con amigos (hasta que dejaron de serlo) y enemigos (hasta que empezaron a serlo). Ha acabado con militares, con esposas, con viudas, con niños de pecho y, por supuesto, polonio va polonio viene, ha acabado con cientos de espías.

El veneno ha formado siempre parte de la historia del hombre

Es más, venenos, tóxicos, bebedizos, ponzoñas, tósigos y pócimas han escrito algunas de las páginas más notorias y atosigadas de la historia de la política, desde los egipcios hasta nuestros días, y quién sabe si en las ramas de los árboles nuestros simiescos ancestros no se la jugaban a sus colegas con unas castañas pilongas, que matar no matan, pero te dejan el estómago como si por él hubiera pasado Atila.

El veneno ha acabado con imperios y sus respectivos emperadores, ha trocado dinastías, ha depuesto sátrapas y ministros, y de todo ello da cumplida cuenta un libro que a pesar de su ponzoñoso contenido se antoja la mar de apetitoso: «Historia del veneno. De la cicuta al polonio» (Debate), de Adela Muñoz Páez, catedrática de Química Inorgánica de la Universidad de Sevilla ( Hypatia.es). El libro, además de su contenido histórico y humano informa también cumplidamente de los aspectos fisiológicos y químicos de este sutil método de eliminación del enemigo.

Sócrates, con un sorbito de cicuta

Un recorrido exhaustivo por la historia del emponzoñamiento es lo que nos propone la catedrática. Desde «la copa de estado», la cicuta que tuvo que echarse al coleto Sócrates en el 399 a. C. (condenado por impío y corruptor de menores), hasta el polonio (descubierto por madame Curie, por cierto) que acabó con el espía ruso Litvinenko.

Jacques-louis david
Jacques-louis david

Y pasando, claro está, por el suicidio de Cleopatra, el uso de venenos en la corte del Rey Sol, la búsqueda del antídoto universal por parte de Mitrídates, rey del Ponto, Agripina envenenando a yo Claudio para que su hijo Nerón fuese emperador, los Borgia, los Estuardo, y la entrada en escena de la gran estrella de la ponzoña mundial, el cianuro, base del Zyklon B con el que se gaseó a millones de judíos y con el que curiosa y venenosamente pusieron fin a su vida muchos jerarcas nazis cuando dieron la guerra por perdida.

Y no olviden que la figura del catador (ese valiente que vivía de probar las viandas y bebedizos antes que sus jefes) fue una figura clave durante siglos en cortes y cancillerías.

Muertes dulces, amargas, agridulces, rápidas, cruelmente lentas, celos, política, ambición, luchas fratricidas, luchas intestinas, el veneno está por todas partes. Así que mucho cuidadito con lo que se bebe y se come. Porque podría morirse de asco.