El «dictador económico» tras el «Führer»

Pierpaolo Barbieri publica «La sombra de Hitler», un análisis de cómo el presidente del Reichsbank utilizó la Guerra Civil española para enriquecer al Reich

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«No es modo de comenzar una guerra». Estas fueron las palabras de Adolf Hitler poco antes de enviar al Marruecos español los 20 aviones JU-52 que, durante el verano de 1936, transportaron a cientos de soldados de Francisco Franco hasta la Península. Desde entonces, son muchos los libros de Historia que afirman que la ayuda que el «Führer» prestó al general fue desinteresada, ya que únicamente buscaba probar el armamento y las tácticas que utilizaría posteriormente en la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, ese es el tópico contra el que lucha el historiador y economista Pierpaolo Barbieri en su nuevo libro, «La sombra de Hitler» (Taurus, 2015). Una investigación en la que afirma que Hjalmar Schacht, el presidente del Reichsbank, quiso usar la Guerra Civil para enriquecer a la Alemania nazi.

En el texto, Barbieri señala que Hitler aprovechó la contienda para usar a España como una colonia que permitiese al Reich crecer económicamente mientras la maquinaría de guerra nazi se mantenía en segundo plano. El proyecto vino de la mano de Hjalmar Schacht, el posteriormente denominado «dictador económico», un «mago de las finanzas» según la prensa de la época que, además de ser el presidente del banco central germano, había sido recompensado con la dirección del Ministerio de Economía del país en los años 30. Este era partidario, entre otras cosas, de abrirse al mercado exterior. Así lo determinó, al menos, en uno de sus artículos: «Es de lo más ventajoso el comercio con los países en los que uno tiene influencia política o que posee como colonias totalmente independientes».

La estrategia de Schacht era conocida como la del «imperio informal». Esta consistía, según Barbieri, en «desviar el comercio alemán hacia países menos poderosos que pudieran servir de mercados para la producción industrial y de fuente permanente de materias primas». A su vez, la idea de Schacht era que Alemania -totalmente deprimida y cuya industria estaba dedicada a llenar los arsenales- pudiese pagar los bienes que tanto necesitaba para crecer económicamente vendiendo a estas regiones su excedente de armamento. En el plan encajaba perfectamente España —que andaba sobrada de materias primas— y, más concretamente, Franco, pues sus tropas necesitaban desde fusiles hasta carros de combate.

Grave error nazi

Estas teorías se terminaron materializando con la creación, en julio de 1936, de la empresa española «HISMA» (Compañía Hispano-Marroquí de Transportes), que recibió la orden de adquirir el material militar de su homóloga germana, «ROWAK» (la cual, por su parte, compraba el armamento a distribuidores que tenían sus fábricas en Alemania). La rápida creación de esta empresa demuestra, en palabras de Barbieri, que poco después de mandar los JU-52 a África, Hitler ya había ideado un plan para sacar rentabilidad a la contienda. Sin embargo, al final esta política fue abandonada en favor de la fomentada por otros grandes jerarcas nazis como Hermann Göring o Alfred Rosenberg, quienes eran partidarios de que su país debía extenderse en base a la idea de «Lebensraum» o «Espacio vital». Una visión de la expansión que se apoyaba en la ideología y dejaba a un lado los intereses económicos.