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Pío Baroja, antítesis de los populismos actuales

El escritor Iñaki Ezquerra reivindica la vigencia de su vida y su obra en «La voz de la intemperie»

Madrid Actualizado: Guardar
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Iñaki Ezkerra (Bilbao, 1957) descubrió a Pío Baroja (1872-1956) al poco de haber entrado en la adolescencia. En aquella España tardofranquista, de grises algo menos espesos, pero igual de mojigata, observaba, con cierta fascinación, los libros que su madre, contagiada de la precaución aún reinante, guardaba bajo llave en un armario. Ezkerra tendría entonces doce o trece años y, claro, ya era capaz de burlar la prohibición materna sin que ésta se enterara. Aquellos ratos de lectura clandestina, fumando algún que otro cigarrillo sustraído de los cartones de L&M que también aguardaban en el armario, fueron, sin saberlo, los primeros pasos de Ezkerra en su formación como escritor.

De ahí que «La voz de la intemperie» (Ipso Ediciones) sea una especie de deuda saldada, tantos años después. El libro pertenece a la colección «Baroja (& Yo)», concebida por el editor Joaquín Ciáurriz y por la que han pasado, para plasmar su relación personal con don Pío, Eduardo Mendoza, Soledad Puértolas, Jon Juaristi o Amparo Hurtado, entre otros.

«Para mí, Baroja es el escritor con mayúsculas», confiesa Ezquerra. La «intemperie» a la que alude el título responde a tres aspectos esenciales de su figura: la social (reflejada «en sus obras de carácter urbano»),la del paisaje vasco («si Velázquez pintó el aire, Baroja lo escribió») y la intelectual, siendo esta última la que le dota de una vigencia incuestionable. En opinión de Ezkerra, «Baroja se distingue de otros escritores, y de muchos personajes del presente, en que nunca habla en nombre de unas siglas».

El autor vasco expresa «sus opiniones siempre representándose a sí mismo, por eso es la antítesis de los populismos que hoy vivimos, que buscan la inmunidad y la impunidad en las grandes siglas». Baroja «opina y se hace responsable de sus palabras». Es la esencia del «tono barojiano», lo que le hace ser «un escritor independiente».

Su visión de la mujer, por la que «siente un gran respeto», y el modo en que describe la «barbarie» de la Guerra Civil, «sin hacer falsos partidismos», le convierten en un intelectual «absolutamente reivindicable hoy». «Es el escritor más antisectario con el que uno se pueda encontrar. Esa hipocresía que tienen algunos izquierdistas de manual, él no la tenía. Daba poca importancia a los convencionalismos, al prestigio social. Él quería que le dejaran en paz, y escribir. Eso me parece muy moderno», remata Ezkerra.