Daniel Jonah Goldhagen - ignacio gil
entrevista

«Harry Truman, ex presidente de los EE.UU., fue un asesino en masa»

En «Peor que la guerra» (Taurus), el escritor Daniel Jonah Goldhagen sostiene que, desde principios del siglo XX, los regímenes comunistas son los más genocidas: «Han asesinado a más gente si incluimos al comunismo chino, que tiene cifras ingentes»

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Tras casi diez años de restauración, los poderosos colores de Giotto —y lo que se ha apreciado debajo de ellos— no han dejado lugar a duda. A Giotto di Bondone (1267-1337) hay que atribuirle el gran crucifijo de la iglesia de Todos los Santos de la ciudad de Florencia, una cruz de cinco metros de altura que fue ennegreciendo con el tiempo y acabó olvidada en la sacristía del templo. Considerada como uno de los mayores tesoros culturales perdidos de Italia, se trata de una obra maestra del gran artista del Trecento, que se suma a sus trabajos en la capilla de los Scrovegni de Padua y los frescos en la basílica de San Francisco de Asís supervivientes al terremoto de 1997.

Rayos X

La pieza, una majestuosa témpera sobre panel de madera que probablemente fue pintada por Giotto y su taller en torno a 1310 y 1320, será presentada oficialmente el próximo 6 de noviembre, instalada ya de nuevo en un lugar preferente de la parroquia de Todos los Santos. La noticia ha sido adelantada por «The Guardian», que pudo visitar el taller de Florencia donde el crucifijo ha sido restaurado y conversar con la inglesa Anna-Marie Hilling, una de las personas que han trabajado los últimos años en reparar la madera y devolverle todo el color que tuvo originalmente.

La sospecha de que podía tratarse de un giotto, y no la pintura de un discípulo del maestro, apareció ya en el momento de limpiar la obra, pero fue la aplicación de diversas tecnologías, como la de rayos X, lo que acabó por confirmar la autoría. Bajo la pintura se apreciaron bocetos preparatorios en los que los especialistas vieron la mano de Giotto. Se cree que este crucifijo fue pintado unos veinte años después de que terminara el de la iglesia de Santa María Novella de Florencia.

También salieron a la superficie otros rasgos propios de Giotto. Como el brillante color del lapizlázuli, un caro pigmento que domina el fondo de la obra y que fue muy usado por el artista. Igualmente con la restauración quedaron más claros los contornos de unas figuras que apelan directamente al creyente, en contraste con el estilo más estilizado del arte bizantino. «La gran cosa de este trabajo es que acabas conociendo una obra de arte a la perfección. Ves realmente cómo el artista la hizo», explica Hilling, de 33 años.

IGNACIO GIL

Daniel Jonah Goldhagen (Boston, 1959) entrevistó a «Los verdugos voluntarios de Hitler», ya ancianos decrépitos, que vomitaban bilis: «No eran humanos». El joven investigador conmocionaba al mundo demostrando la abnegada participación de la gente de a pie en la cadena de montaje de la aniquilación y el expolio nazi: «El Holocausto no se habría producido de no haber existido una considerable inclinación entre los alemanes corrientes a tolerar, apoyar e incluso, en muchos casos, contribuir a la persecución absolutamente radical de los judíos». Ahora, Goldhagen desciende a los infiernos del genocidio en un estremecedor libro, «Peor que la guerra», en el que entrevista a perpetradores de masacres.

—¿Qué escupen los genocidas?

—Estuve cara a cara con José Efraín Ríos Montt, la mente perversa que perpetró el genocidio, en Guatemala, de más de doscientos mil mayas. Congresista en su país, hace poco se presentó a las elecciones. Está buscado por la Justicia española. Cuando estuve cara a cara con él, pensé: «Es como estar en el Bundestag alemán entrevistando a Hitler, y ver cómo se ríe de la gente». Para los mayas, Ríos Montt es el Hitler de Guatemala. Y ahí está, impune. Le pregunté: «¿Es usted responsable, como ha concluido una Comisión, del genocidio contra doscientos mil mayas?» Y me contestó: «Si lo fuera, estaría en la cárcel». Le insistí: «¿Irá a España a enfrentarse a sus acusadores?» Y zanjó: «Mis abogados me han dicho que no viaje. Ya he estado en España, no tengo que ir». A Efraín no se le puede tocar porque toda la estructura de poder le apoya. No juzgarlo es malo para el mundo.

—¿Son cómplices de ese criminal?

—Absolutamente. Incluso se rodea de gente que comparte ese odio.

—¿Cómo ven a las víctimas esos verdugos indiscriminados?

—A las víctimas, esos criminales las veían como «perros, cerdos, infrahumanos, cucarachas, serpientes». Y lo que es más increíble: ¡se lo creían! Creían que las víctimas eran menos que humanos. Los genocidas pensaban que estaban haciendo «un bien histórico» al asesinar. En Ruanda, entrevisté a varios genocidas, que admitían la carnicería que habían perpetrado y veían a sus víctimas como los nazis a los judíos: «Demonios».

—Usted acusa al 33 presidente de su país, EE.UU., de genocida: Harry Truman. Su libro hará tambalear los cimientos de la Casa Blanca.

—Harry Truman fue un asesino en masa. Ordenó dos veces el lanzamiento de bombas nucleares contra ciudades japonesas. EE.UU. cometió un genocidio sobre los japoneses con las bombas atómicas de Hiroshima, el 6 de agosto de 1945, y Nagasaki, el 9 de agosto. Truman fue un asesino de masas por dos razones: 1: si la gente de mi país no reconoce ese genocidio como tal, demostraría lo poco que sabe esa lacra. Y 2: casi todos los países que han cometido genocidio han intentado encubrirlo, incluido Estados Unidos, donde sigue existiendo el mito de que esas bombas eran militarmente necesarias para salvar las vidas americanas. Y eso es algo sin sentido. Los japoneses se iban a rendir, y Truman lo sabía. Como también sabía Truman que cada una de esas bombas mataría a decenas de miles de civiles japoneses, que no tenían relación directa con operaciones militares de ningún tipo y que no suponían una amenaza inminente contra EE.UU. Truman decidió extinguir a 300.000 hombres, mujeres y niños.

—También ha podido hablar con las víctimas de los genocidas. Y la enterza de ellas le ha sobrecogido.

—He conocido a mujeres que fueron salvajemente violadas en Ruanda, en la antigua Yugoslavia... Sus vidas están destruidas. Es inimaginable lo que han sufrido. Fueron violadas múltiples veces, incluso mutiladas físicamente. Y eran, a menudo, sus propios vecinos y gente de sus pueblos ls que las violaban. Son mujeres destrozadas. A cada minuto se derrumban, no porque lloren, sino porque sus vidas han quedado hechas añicos.

—¿Y los perpetradores y asesinos?

—Muchos, que están afortunadamente en la cárcel, me contaban cómo habían macheteado a sus conciudadanos. En Alemania, con los execrables nazis, y en Ruanda (donde han condenado a 900.000 personas) los asesinos han sido llevados ante los tribunales, pero casi todos los perpetradores serbios se han ido «de rositas».

El terrorismo de ETA «A quienes asesinan a civiles hay que verlos como perpetradores del eliminacionismo, o sea, como genocidas»

—¿Considera el terrorismo de la banda criminal ETA como genocidio?

—A quienes de manera indiscriminada asesinan a civiles, a esos hay que verlos como perpetradores del «eliminacionismo», o sea del genocidio.

—¿Cuántos seres humanos han sido asesinados en genocidios?

—Más de 125 millones de personas desde principios del siglo XX. Pero quizás hayan muerto muchos más. Decenas de millones de seres han sido aniquilads por genocidios cometidos por regímenes comunistas y por regímenes de derechas (incluimos los nazis). Hubo también muchísimas víctimas de los poderes coloniales, en África, etc... Pero los regímenes comunistas han asesinado a más gente si incluimos al chino, que tiene cifras ingentes. Las no-democracias, todas sin exclusión, son genocidas.

—¿Por qué no se para el genocidio?

—Porque los líderes políticos son cínicos. Hablan con palabras piadosas —«¡el genocidio es terrible, no queremos que pase!»—. Si no hacen nada, estos crímenes caerán sobre su conciencia moral, si aún la tienen.