Philipp Blom, autor de «Años de vértigo» - ABC
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Philipp Blom regresa al pasado en «Años de vértigo»

El historiador Philipp Blom ha recorrido la Historia de Europa entre 1900 y 1914. Unos «años de vértigo» –el comienzo del siglo XX– cargados de incertidumbre. También de dinamismo

JUAN MALPARTIDA
MADRID Actualizado:

Fue un tiempo de dinamismo e incertidumbre. El periodo europeo que va desde 1900 hasta 1914 es el tema del historiador Philipp Blom en Años de vértigo. Desde finales de la Ilustración, el mundo había conocido una fuerte renovación del pensamiento, con Kant y el idealismo alemán. Se habían alejado las competencias de la metafísica y puesto los cimientos del pensamiento crítico, se había exaltado el progreso, comprendiendo al hombre y a todas las especies como productos de la evolución y del cambio. Frente a la filosófica muerte de Dios, se entronizó la razón y la Historia. Pero lo que Blom nos muestra, analizando la vida cotidiana, la política, la ciencia, las artes, y, en definitiva, el conjunto de procesos que articulan la sociedad, es que los comienzos del siglo XX fueron el espacio de lo indeterminado.

No trata de hacer de este periodo, tan rico en acontecimientos, el rehén necesario de la Primera Guerra Mundial y sus secuelas. No hay hegelianismo alguno en su perspectiva. El terrible drama de la guerra no fue necesario porque ocurrió: podría no haber sucedido, aunque parece inevitable concluir que no faltaron motivos para tal descalabro.

Euforia, histeria y agotamiento nervioso

El comienzo del siglo XX retoma los elementos de modernidad que se inauguran con la Ilustración y que, de otra manera, constituyen al Romanticismo, pero tiene aspectos realmente nuevos:la libertad de la mujer, que hizo perder la cabeza y los pies a los hombres, cuyos ritos y mitos de masculinidad fueron puestos en evidencia al tiempo que se potenciaban; el descubrimiento de lo arcaico (en las artes, sobre todo) como renovación y modernidad; el desenmascaramiento de la sexualidad reprimida, pero también la revelación de la sexualidad infantil, además de la articulación de una gramática de los sueños como mundo de realidades reprimidas; la relatividad y el principio de indeterminación en física, de consecuencias hondas en los años inmediatos; la crisis del capitalismo y la presencia de una clase obrera revolucionaria; en fin: la percepción generalizada de una aceleración histórica que provoca tanto euforia e histeria como agotamiento nervioso, en las mujeres y, he aquí la novedad, en los hombres.

La física, la técnica y el capitalismo transformaron entonces el mundo

Evidentemente, Blom analiza algunas de las causas del fin del Imperio habsbúrgico –entregado a la pujanza nacionalista y a la presión de los Estados rivales–, la expansión del colonialismo europeo, especialmente su insostenible crueldad, como es el caso de Leopoldo II de Bélgica y el genocidio perpetrado en el Congo, tras haber comprado una parte del mismo del tamaño de Europa. Bajo su dominio murieron asesinados, mutilados, o por hambre, diez millones de congoleños. Cuando el negocio fue mal, lo vendió al Estado belga. Es un tema que ha tratado Mario Varga Llosa en su novela El sueño del celta. Algunos otros aspectos estudiados por Blom son el esteticismo decadentista, el desmoronamiento de la alta burguesía, expresado con genio por Thomas Mann; el ascenso del antisemitismo, y la pasión, denunciada por Stefan Zweig, de encubrir y ocultar las cosas.

¿Similitudes con el siglo XXI?

El afán de ocultar y el desenmascaramiento se dieron la mano. De nuevo, el otro lado: fue el tiempo de la iluminación, como quedó patente para asombro de todos en el Palacio de la Electricidad en la Exposición Universal de 1900. La física, la técnica y el capitalismo moderno transformaron las calles de las ciudades, los oficios y el interior de las casas.

Uno de los aspectos estudiados por Blom es el ascenso del antisemitismo

En alguna medida, Blom ha querido señalar un cierto parecido del comienzo del siglo XX con el del XXI, en cuanto que supone el fin de ciertos paradigmas, pero también el hecho de estar marcados ambos tiempos por lo abierto. No es casualidad, aunque sin duda es erróneo, que se haya hablado del fin de la Historia, especialmente tras la caída del comunismo. Nos define el carácter abierto y la incertidumbre, el fin de las ideologías, pero también el surgimiento de nuevos aspectos, como las especificidades inéditas del poder financiero. Al igual que en el albor del siglo XX, nuestra modernidad es el teatro de rebeliones de lo irracional y lo arcaico. La necesidad de afirmación de nuestro tiempo es proporcional a la inseguridad en que nos movemos.

El lenguaje, tanto de las artes como de la literatura, entró en crisis a comienzos del XX y fue motivo de reflexiones memorables (Wittgenstein), pero no veo, por mi parte, que esto suceda hoy: aunque quizá vivimos un fin del arte, en la pintura y en la música, que ya se inició en aquellos años de vértigo.