El selfie que Sergio C. Fanjul dedica a ABC Cultural
El selfie que Sergio C. Fanjul dedica a ABC Cultural - S. F.
Darán Que Hablar

Sergio C. Fanjul: «He hecho algunos libros como negro que me divirtieron bastante»

Este joven asturiano, licenciado en Astrofísica, ha logrado el Premio de Poesía Joven Pablo García Baena con «Inventario de invertebrados», una obra lúcida y valiente con la que, sin duda, dará que hablar

MADRIDActualizado:

- ¿Cuáles son sus intereses como escritor?

- Lo más fascinante de la escritura, aparte de que con el iPad se puede ejercer tumbado, es que tiene algo de holograma o de código de programación de la mente. ¿Cómo puede ser que unas letras impresas en negro sobre blanco puedan levantar tales imperios dentro de nuestras cabezas? ¿Cómo pueden narrar, emocionar o cambiar la faz del mundo en carne y hueso (si hablamos de escribir periódicos, tratados filosóficos o el «Manifiesto Comunista»)? Cuando yo era adolescente se hablaba mucho de la cultura de la imagen (como catástrofe), por aquello de la tele y la MTV, pero desde la irrupción de internet, donde todos nos comunicamos a través del teclado, el lenguaje escrito ha recobrado su todopoderoso poder. Mi interés como escritor es usar esta herramienta para levantar estos castillos detrás de la frente de los que me leen, ya sea en poemas, en estados de Facebook, en artículos periodísticos o en notas escritas en fragmentos de papel higiénico. Las letras, las ideas, son siempre las mismas.

- ¿Y como lector?

- Últimamente, además de poesía, solo leo no-ficción. Creo que estos son tiempos propicios para este género, dada la hiperconexión que todos tenemos con la actualidad y el tráfico de información y opinión sobre la realidad que se da en las redes sociales. Para la ficción ahora prefiero ver series. Me cuesta mucho concentrarme en las novelas, también porque vivimos infoxicados (intoxicados de información, término que acuñó el físico Alfons Cornellá) y necesitamos estímulos cada dos minutos: si no se nos va la olla. Yo siempre les cuento todas estas teorías a mis amigos novelistas, para chincharles. En el fondo es también porque no tengo la disciplina, el tesón y la mueblería mental para escribir una novela. Ahora hay muchas opciones intermedias, como la tan pujante autoficción u obras a caballo como las de Carrère; «Limonov», por ejemplo.

- ¿Sobre qué temas suele escribir?

- Comencé, como muchos, con temas muy de angst juvenil: la ansiedad, el desamor, la muerte y todo eso. Los temas que en el fondo importan de verdad, aunque la madurez nos haga más cínicos. Luego, con el bofetón de la crisis y una buena dosis de oportunismo, estuve escribiendo sobre los demás, sobre lo que pasaba alrededor: lo llamé econopoemas, y versaban (o versificaban) sobre economía, deshaucios, becarios, brokers y gente que se prende fuego en la cola del INEM. Ahora me he pasado de la realidad a unos poemas un poco más fantásticos, donde se mezcla la vida cotidiana con dragones japoneses, insectos asquerosos, videojuegos pixelados o gorriones, que también son animales imaginarios.

- ¿Dónde ha publicado hasta el momento?

- «Otros Demonios» fue Premio Asturias Joven de Poesía en 2008 y lo publicó KRK Ediciones. «La Crisis», econopoemas, salió en Ya lo dijo Casimiro Parker. Por ahí hubo un libro de pequeños relatos llamado «Genio de Extrarradio», en la pequeña editorial La Hoja del Monte. «Inventario de invertebrados» acaba de ganar el Premio de Poesía Joven Pablo García Baena, que publica La Bella Varsovia. Entretanto me gano la vida publicando como periodista y columnista freelance para varios medios, y también he hecho algunos libros como negro que, por supuesto, mejor no explicitar, pero que me divirtieron bastante.

- ¿Con cuáles de sus «criaturas» se queda?

- Con la última, claro, «Inventario de invertebrados». Supongo que es natural que lo último te parezca lo más sólido y lo más lejano más sonrojante. Si no es así, mala cosa.

- Supo que se dedicaría a esto desde el momento en que…

- Yo me licencié en Astrofísica, por la Complutense, con mucho sudor y alguna lágrima, así que iba por otros derroteros. Pero entre ecuación y ecuación, me di cuenta de que me gustaba escribir y, bueno, aquí estamos. La cosmología, el estudio del origen y fin de todo lo que existe, me producía aún más incertidumbre y ansiedad que la precariedad laboral. Y ya es decir. El universo, como el cobro a fin de mes, es un misterio.

- ¿Cómo se mueve en redes sociales?

- Con gracia y soltura. Lo que más uso es el Facebook, donde figuro como Ché Peligro: me llena de orgullo y satisfacción escribir chistes y chorradas, y leer las que escriben los demás. Antes de las redes sociales pensaba que, en general, mis conciudadanos eran gente gris y sin ocurrencias, y que solo yo las tenía dentro de mi cabeza. Rollo solipsista. Ahora las redes me hacen tener más fe en el ser humano, ver que hay tanto ingenio y reflexión circulando por doquier me resulta muy grato. Me gusta destacar esto, cuando normalmente se habla de la estupidez rampante que se ve en las redes, que haberla hayla, claro, como las meigas. Pero que la gente es estúpida es algo que ya sabíamos: el descubrimiento es el otro.

- ¿Cuenta con un blog personal?

- Mi blog personal PlanetaImaginario está un poco abandonado y este tipo de blogs, en general, están de capa caída. Ahora lo útil es el blog con una temática especializada que informe bien de algo. Jardinería, motor, literatura. De todas formas reconozco que escribir casi diariamente en el blog durante muchos años (empecé en 2004), y recibir feedback de los lectores, fue una gran práctica para tener ideas, ejercitar los dedos y blindar el ego, o moldearlo, ante las opiniones ajenas.

- ¿Forma parte de algún colectivo/asociación/club?

- No. Ahora me he apuntado a un gimnasio low cost que acaban de abrir en mi barrio y en el que pretendo convertirme en el primer poeta, además de cultureta, culturista. Se piensa que en el gimnasio hay mucho músculo y poco cerebro pero el otro día, sudando entre máquinas y pesas, se me acercó un tío y me preguntó si yo era el tipo que había ganado el Premio Pablo García Baena. Entre el tríceps y el abdominal, ya ven, también hay espacio para las metáforas.

- ¿En qué está trabajando justamente ahora?

- Estoy escribiendo poemas de nuevo, después de mucho tiempo y animado por el premio, y tengo un proyecto a largo plazo que trata sobre el fin de la minería en Asturias, un tema, el de la mina, apasionante, sobre todo para un asturiano: épica, drama, política, revolución, economía, fabada y dinamita. Un proyecto simpático son mis Encuentros con la Cultura en el Carrefour de Lavapiés, que son minientrevistas con retrato hecho con el móvil que cuelgo en el Facebook sobre la multitud de agentes del mundo de la cultura que me encuentro en ese supermercado, que ya abre 24 horas, y es un poco el Café Gijón de esta década. La primera temporada tuvo 30 protagonistas de la cultura madrileña (escritores, dramaturgos, actores, músicos, dj’s y hasta una coreógrafa, mi madre). Pronto lanzaré la segunda, a ver si puedo superar el nivelón de la primera.

- ¿Cuáles son sus referentes?

- Si hablamos de versos me gustan autores que utilicen mucho la ironía, no se tomen la poesía demasiado en serio y sean juguetones, que tampoco la cosa es para tanto: Ángel González (que además era paisano mío), Nicanor Parra u Oliverio Girondo, por citar algunos. Me flipa el aliento poético de Claudio Rodríguez o Luis Rosales. De por ahí fuera: Charles Simic, Billy Collins, Mark Strand, Sharon Olds o, incluso, John Ashbery, para crujirte bien el cráneo. Otros referentes extraliterarios serían la ciencia, la política extraparlamentaria o el punk y las vanguardias artísticas que lo precedieron, del situacionismo al dadaísmo. Y todo lo demás.

- ¿Y a qué otros colegas de generación (o no) destacaría?

- Recomendaré a algunos amigos cercanos de mi quinta que, además, están de actualidad porque publican por estas fechas: Guillermo Aguirre, con su novela «El cielo que nos tienes prometido» (Demipage), Fruela Fernández, con el poemario «Una paz europea», premio Villa de Cox, que publica Pre-Textos, y Manuel Astur con el ensayo emocional «Seré un anciano hermoso en un gran país» (Sílex). Pero es que, además, los libros están muy bien.

- ¿Qué es lo que aporta de nuevo a un ámbito tan saturado como el literario?

- Menuda pregunta, porque lo mismo me pregunto yo. Lo cierto es que cuando voy a una librería y empiezo a mirar tantos libros maravillosos me entra la ansiedad por dos razones: primero porque me los quiero leer todos y sé que, por culpa de la siesta y el Facebook, no podré hacerlo. Segundo, porque no encuentro el sentido a que sigamos escribiendo con todo lo que hay escrito. Salvemos los bosques. Pero bueno, supongo que escribo más para aportarme algo nuevo a mí mismo. Creo, de todas formas, que no se debe escribir pensando en eso. Tú escribe e, igual de coña, aportas algo nuevo. Porque como decía Karl Popper, lo importante no es innovar, sino hacer lo que haces lo mejor posible. Como los Ramones, vaya.

- ¿Qué es lo más raro que ha tenido que hacer como escritor para sobrevivir?

- Pues una vez me encargaron escribir un reportaje extenso sobre cremas solares, que es una cosa muy digna, pero creo que es la vez que más lejos estaba el tema de mis intereses personales. Luego, como es natural, me dijeron que no me había quedado demasiado fino. Yo es que tengo la piel aceitunada, me pongo como un tizón en cuanto me ve el sol y nunca me quemo.