Roberto Carlos, el cantante más gafe (y supersticioso) de la historia

La vida del artista brasileño, que recibe este lunes un homenaje en Madrid, ha estado marcada por terribles golpes de mala suerte

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El cantante Roberto Carlos recibirá este lunes un homenaje en Madrid con motivo de su regreso a España para el único concierto de su gira «Amor sin límite», y para celebrar que ha alcanzado la cifra de 140 millones de discos vendidos en todo el mundo. El acto, que contará con la participación de su tocayo más ilustre, el ex futbolista del Real Madrid Roberto Carlos, y del actual lateral del equipo blanco, el también brasileño Marcelo, será una bonita fiesta con sabor a culminación. Pero no todo ha sido un camino de rosas para el autor de «El progreso». Más bien todo lo contrario.

La mala suerte de Roberto Carlos comenzó muy pronto, siendo aún un niño. Cuando tenía solo seis años, fue atropellado por una locomotora mientras jugaba en la estación de tren de su pueblo, Cachoeiro de Itapemirim, en el estado de Espíritu Santo. Tuvieron que amputarle su pierna derecha, y desde entonces lleva una prótesis permanente de la que, evidentemente, no le gusta hablar.

Varias décadas después, siendo ya una estrella, el cáncer se interpuso entre él y el amor de su vida, o mejor dicho amores. En 1990 el cáncer se llevó a su primera mujer, Cleonice Rossi, con la que tuvo un hijo que sufrió graves problemas de visión. Un año después tuvo que reconocer como su hijo a Rafael Braga, fruto del romance que mantuvo en los años sesenta con María Lucila Torres, quien, desgraciadamente, murió de cáncer dos días después del reconocimiento de paternidad. Ocho años más tarde, en diciembre de 1999, también fallecía de cáncer su tercera esposa, la pedagoga María Rita Simões Braga, después de cuatro años de casados. Aquello estuvo a punto de acabar con el cantante, que se sumió en una profunda depresiónque le llevó a plantearse abandonar el mundo de la música. Tanta desgracia incluso le hizo dudar de las fuertes creencias religiosas que lo habían llevado a componer canciones como «Jesucristo» y «Fe».

Finalmente siguió adelante, pero en 2010 se llevó otro palo importante, en el que la mala suerte volvió a jugar su papel. Siempre sintió un gran amor por su madre, Laura Moreira Braga (a quien dedicó la canción «Lady Laura»), pero no pudo estar con ella cuando murió en el hospital Copa D'Or de Río de Janeiro, a causa de una infección respiratoria. Él, que siempre había permanecido a su lado, estaba actuando en Nueva York justo esa noche.

Trastorno obsesivo compulsivo

La vida le ha dado éxito y reconocimiento a Roberto Carlos, pero le ha dejado una buena ristra de traumas. Con el tiempo, el cantante desarrolló un intenso trastorno obsesivo compulsivo que lo obliga a vestir exclusivamente de blanco y azul (detesta el marrón, el rojo y el morado), a entrar y salir por la misma puerta cuando va a cualquier lugar, a viajar con su propio mobiliario para sus giras, y a tener otras muchas supersticiones sin explicación, como evitar dar conciertos o grabar discos en el mes de agosto, o firmar contratos en luna menguante, o prohibir palabras como «mentira», «maldad», «azar», «infierno» o «sexual» tanto en las letras de sus canciones como en cualquier otra cosa que tenga que ver con su carrera.

También siente una aversión irresistible por el número 13. Tanto es así, que en una ocasión consiguió convencer a un tribunal para cambiar la fecha de un juicio contra un periodista (detalles más abajo), del 13 de abril al 27. Unos meses después, cuando tuvo que actuar en Uruguay la noche de un viernes 13, retrasó su comparecencia hasta pasada la medianoche, cuando ya era día 14.

«En 2000 supe que sufría de esto», dijo en su momento el artista. «Al principio pensé que podía curarme solo, pero luego me di cuenta de que este problema era algo serio, que también estaba influyendo mi labor como artista».

Siempre receloso de la prensa y fiel guardián de los entresijos de su vida privada, Roberto Carlos sufrió otro golpe en 2006, cuando un periodista publicó una biografía no autorizada que revelaba algunos de estos secretos (y otros, como sus peleas con su amigo y socio, el cantante y compositor Erasmo Carlos). El cantante, encolerizado, emprendió una lucha judicial para vetar la publicación y durante un tiempo el libro se dejó de imprimir, pero finalmente su circulación fue aprobada. Desde entonces, Roberto Carlos nunca ha hablado de nada que no tenga que ver con sus canciones.

Lo que sí hizo fue manifestar públicamente su apoyo al político ultraderechista Jair Bolsonaro, tras su victoria en las elecciones en noviembre del año pasado. «Estoy muy esperanzado con el nuevo presidente Bolsonaro. Estoy muy consciente porque él puede hacer muchas cosas buenas para Brasil después de un periodo tan difícil. Creo que este cambio es importante. Todos los que miran Brasil con esperanza, la depositan en el presidente Bolsonaro».