La escritora Fernanda Trías
La escritora Fernanda Trías - FERNANDA MONTORO
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Fernanda Trías: «Cada libro es una experiencia única y tal vez última»

La recién creada editorial Tránsito se estrena con «La azotea», la excepcional primera novela de esta escritora uruguaya

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¿Cuáles son sus intereses como escritora?

Escribir de la manera más honesta posible, sin pensar en lo que se espera de mí, ni siquiera en lo que yo espero de mí misma. Defender, con uñas y dientes, mi espacio de libertad.

¿Y como lectora?

Hallar ese punto de encuentro con el otro, dar con una sensibilidad (esto incluye el pensamiento y el lenguaje) que me saque de mí misma y me comunique la densidad de su experiencia. Algo que me incomode, que me confronte, que me haga difícil las cosas; también una experiencia estética.

¿Sobre qué temas suele escribir?

Sobre todos los temas universales, los de siempre: la vida y la muerte, la pérdida, el fracaso, el miedo, el deseo, la violencia, el padre, la locura, la identidad. El tema no es lo importante, sino la manera específica en que cada autor lo trata.

¿Dónde ha publicado hasta el momento?

En España, con Demipage, en 2014, «La ciudad invencible». También en Bolivia, Colombia, Chile, Uruguay, Venezuela y, próximamente, Francia. Los cuentos han salido en revistas y antologías en Alemania, Ecuador, Estados Unidos, Italia, Francia, México, Perú.

¿Con cuáles de sus «criaturas» se queda?

Con «La azotea», porque fue la primera que publiqué, y porque fue la que me sacó por primera vez fuera de Uruguay, en las épocas en que soñaba con ver el mundo. Gracias a «La azotea» gané una beca de la UNESCO que me llevó a vivir a Francia por varios años, antes de comenzar mi período itinerante, que hoy me tiene viviendo en Colombia.

Supo que se dedicaría a esto desde el momento en que…

Incluso hoy no siento que «me dedique» a esto. Cada libro es una experiencia única, y tal vez, última.

¿Cómo se mueve en redes sociales?

Con desconfianza.

¿Qué perfiles tiene?

Tengo Facebook (fernandatriaslibros) a regañadientes, porque me comunico con mucha gente por el sistema de mensajería, pero casi no miro lo que se publica. La red que más uso es Instagram (TriasFernanda), porque su liviandad me descansa. Entiendo que es un mundo de ficción, y también me alivia el silencio de las imágenes, pasar un rato sin palabras.

¿Cuenta con un blog personal?

No.

¿Qué otras actividades relacionadas con la literatura practica?

La enseñanza de la escritura creativa. Doy clase en la Maestría en Escrituras Creativas de la Universidad Nacional de Colombia, y muchos talleres por otras partes, tanto en Bogotá como en otras ciudades de Colombia. En octubre dictaré un taller de cuento en el Campus de Ávila/Universidad de Salamanca. Es gratuito, pueden anotarse.

¿Forma parte de algún colectivo/asociación/club?

Un club de kickboxing.

¿En qué está trabajando justamente ahora?

Estoy escribiendo una novela que se llama «Mugre rosa» y que estuve trabajando la primera mitad del año en Madrid, gracias al Premio Residencia Segib-Eñe-Casa de Velázquez.

¿Cuáles son sus referentes?

No sé, porque van cambiando constantemente. Depende del proyecto y depende del momento de vida, porque yo tampoco soy la misma lectora que hace diez años o cinco. Además, siempre estoy descubriendo autores nuevos que se suman a mi lista de referentes, como hace poco descubrí a Vivian Gornick. Recuerdo que cuando escribí «La azotea» esos referentes eran Thomas Bernhard, Gombrowicz, Camus. Luego vinieron Carson McCullers, Flannery O’Connor, Herta Müller, Ana Blandiana. Siempre vuelvo a Onetti, a Felisberto Hernández, a Levrero, que hablan de mi tradición, del lugar de donde vengo.

¿Y a qué otros colegas de generación (o no) destacaría?

Los últimos que leí este año y que me fascinaron: Yuri Herrera («La transmigración de los cuerpos»), Samanta Schweblin («Distancia de rescate»), Sergio Chejfec («Modo linterna») y María Fernanda Ampuero («Pelea de gallos»).

¿Qué es lo que aporta de nuevo a un ámbito tan saturado como el literario?

Lo mismo que todos tenemos para aportar, la mirada única que nos constituye a cada uno, la manera personal de existir en el mundo.

¿Qué es lo más raro que ha tenido que hacer como escritor para sobrevivir?

Vivir en un cuarto de un metro y medio de largo por dos de ancho, con un perro aullador y una anciana de noventa años que le gritaba al perro durante toda la tarde. Para sobrevivir, he tenido muchas veces que vivir en lugares funestos. También trabajé en un programa de televisión infantil, acomodando niños en una tribuna. No era tan raro, excepto que mis compañeros de trabajo eran muñecos de peluche con plumas en la cabeza.